UNA PINTURA DESCONOCIDA DE LA VIRGEN DEL AMPARO EN BORMUJOS (SEVILLA)

Pedro Manuel Fernández Muñoz (14/11/2021)


 

 
 
Virgen del Amparo. Monasterio de Santa María la Real (Bormujos, Sevilla)

 

Desde el pasado mes de Junio de este año 2021, el Monasterio de Santa María la Real en Bormujos (Sevilla), posee entre su rica colección de objetos artísticos una curiosa pintura que representa a la Virgen del Amparo de la Real Parroquia de Santa María Magdalena de Sevilla, y en este artículo la damos a conocer.

Se trata de una obra anónima, pintada en un lienzo de 70 cm (alto) x 55 cm (ancho), reentelado y en muy buen estado de conservación, que actualmente se encuentra en la clausura del citado monasterio de Bormujos.

Consideramos que puede ser una obra fechable a finales del siglo XVIII, no solo porque la manera de representar la citada imagen sevillana de la Virgen del Amparo, atribuida al escultor de origen flamenco Roque Balduque (siglo XVI), remita a los grabados que existen de ella de esa época, sino por el estilo compositivo de los ángeles que rodean a la Virgen, el cromatismo, la pincelada suelta... características que recuerdan mucho el estilo de Juan de Espinal (Sevilla, 1714-1783), pudiéndose ser obra suya o de algún discípulo aventajado de este maestro pintor hispalense. Recordemos que Juan de Espinal dejó una amplia escuela de seguidores, pues se dedicó a la enseñanza pictórica, siendo impulsor de la Real Escuela de las Tres Nobles Artes de Sevilla, y dirigiendo la sección de pintura de esta institución desde 1775.

Como rasgo curioso la imagen del cuadro presenta una ráfaga de rayos bastante singular, que claramente es una licencia del artista, pues no está documentado que la Virgen del Amparo de la Magdalena tuviese nunca una presea de características similares.

La obra presenta características formales comunes con la pintura del llamado "Simpecado de Gala" de la Hermandad del Amparo, realizada en 1805 por Salvador Gutiérrez, una obra que está basada a su vez para su ejecución en un grabado (cobre, buril y aguafuerte) de finales del siglo XVIII, obra de Fernando Selma siguiendo el dibujo realizado por el sacerdote y pintor José Suarez.

La imagen aparece en dicho grabado al igual que en la pintura de Santa María la Real, enmarcada en un celaje de nubes con ángeles. Este rasgo, como recoge Juan Carlos Martínez Amores en su artículo, supone una novedad en cuanto a representaciones anteriores de la Virgen del Amparo en estampas, pues en las anteriores xilografías y grabados existentes de esta imagen, la misma aparecía bien enmarcada en su retablo, como se puede apreciar en las obras anónimas realizadas en 1750 o la atribuida al grabador Juan Fernández de la misma fecha, o bien insertada en una orla en forma de tarja, como ocurre con el grabado de Gabriel José de Jesús Díaz (1754) o el de Diego de San Román y Codina (segunda mitad del siglo XVIII).

 

 
 
Virgen del Amparo (detalle). Monasterio de Santa María la Real (Bormujos, Sevilla)

 

Tanto los angelotes a los pies de la Virgen sosteniendo la media luna, como los querubines que se hallan flotando entre las nubes, presentan grandes similitudes con el dibujo realizado por el presbítero José Suarez, existiendo una clara relación entre la estructura formal que presentan ambas obras, con una composición simétrica marcada por un eje central que lo constituye la misma imagen de la Virgen del Amparo y grupos angélicos a derecha e izquierda de la misma, con correspondencia de movimientos entre ellos, quedando compensados los volúmenes de manera equilibrada.

Otra característica que comparten ambas representaciones de la Virgen del Amparo es el hecho de aparecer la imagen con sus ropajes tallados sin sobrevestir. En el caso de la pintura que estamos estudiando, el Niño aparece desnudo como lo hacía en los grabados realizados en torno a mediados del siglo XVIII. Curiosamente, en el grabado de Selma que es de finales de ese siglo, ya aparece el Niño vestido, como también aparece en la pintura del Simpecado de Gala que hemos citado, fechada en 1805.

En lo que se refiere al enjoyamiento de la Virgen, en esta pintura se la muestra con el cuello despejado, sin el aderezo en forma de lazo con la función de collar que ornaba la imagen en los grabados de mediados del dieciocho, compartiendo este rasgo también con el grabado de Selma de finales de esa centuria.

Ya nos hemos referido a la bizarra ráfaga que envuelve a la figura de la Virgen en la pintura de la que nos ocupamos, a lo que debemos añadir también la original factura que presenta la corona de imperiales sin resplandor que porta sobre sus sienes, otra licencia más del pintor.

En cuanto al elemento iconográfico definitorio de la advocación mariana del Amparo, el corazón alado, en esta pintura aparece sobre la salvilla como remate del cetro de la Virgen, de manera similar a como aparece en el grabado de Selma que reproduce el dibujo del cura José Suarez; es decir, sin el resplandor que lo orla actualmente, y siendo este un rasgo común que comparten todas las representaciones anteriores de la Virgen del Amparo en las estampas realizadas hasta 1790, año en el que comenzará a representarse el corazón alado con ráfaga de rayos, como podemos ver en el grabado de Agustín Sellent fechado ese mismo año.

Gracias a Sor Montserrat, monja dominica en Santa María la Real y ahijada de la última propietaria del cuadro, conocemos algunos detalles de la procedencia de esta obra que en su día les fueron narrados por su madrina Doña Cecilia Otero, y a petición nuestra para la realización de este artículo, por los sobrinos de la desaparecida bienhechora con los que se ha puesto en contacto. Por todo ello, estoy muy agradecido a Sor Montserrat.

La pintura perteneció a Doña Francisca Pomés Pascual Oier Artigas, natural de Igualada (Barcelona), que padeció la triste circunstancia de perder a su madre y a su hermano gemelo en el parto. La situación generó tal estado de abatimiento en el padre de Francisca que decidió enviar a su hija a Sevilla para que viviera junto a una tía suya (hermana de su difunta madre) y el marido de ésta, ambos propietarios de una tienda de antigüedades en la calle Otumba de Sevilla, lugar próximo a la Real Parroquia de Santa María Magdalena. La única condición que puso el padre es que los veranos los pasara Francisca junto a él en Barcelona.

Es muy posible que la procedencia de la obra se halle en este negocio familiar de las antigüedades. La cuestión es que Francisca acabó casándose con un sevillano, Don José Otero, vecino del Convento de Santa María la Real cuando el mismo se encontraba en su antigua sede de la calle San Vicente, teniendo Don José Otero bastante relación con la comunidad de monjas dominicas desde niño. El padre de Don José, llamado "el maestro Otero" tenía una administración de lotería en la sevillana calle Méndez Núñez, muy cerca del negocio de antigüedades del tío de Francisca en la calle Otumba, motivo por el que se conoció la pareja.

 

 
 
Pintura de la Virgen del Amparo por Salvador Gutiérrez

 

El matrimonio de Francisca y José Otero, (llamado siempre cariñosamente "Pepito" por las monjas) se trasladó a Madrid por motivos laborales, pues él era un alto directivo de una empresa a nivel nacional, llevando consigo Francisca a su casa de la calle Luchana en la capital de España, una serie de obras de arte, entre las que se encontraba la pintura de la Virgen del Amparo.

Este matrimonio tuvo cuatro hijos: Jose Luis, Francisco, Alfonso y Cecilia. Fue esta última, Cecilia Otero Pomés, la que heredó el cuadro objeto de nuestro estudio de su madre Francisca. Cecilia nació en 1934 y estudió Farmacia aunque nunca ejerció. En la Facultad de Farmacia de Madrid conoció a quien sería su esposo, el murciano Don José Luís Torres Gosálbez, instalándose tras su matrimonio en Murcia, donde la pareja tenía dos farmacias. Este matrimonio no tuvo hijos.

Allá por los años 80 ocurrió un hecho que será crucial para que la pintura de la Virgen del Amparo acabe en Sevilla, y fue que Sor Montserrat, que es natural de Torredonjimeno (Jaén), estuvo realizando su noviciado en el Monasterio de Santa Ana de Murcia, entrando en relación con Doña Cecilia Otero, quien continuaba la tradición paterna de la cercanía a la Orden Dominica. Cecilia fue madrina de Sor Montserrat, no en el plano económico por la cuestión de la dote, pues ya eran otros los tiempos, pero sí en el del acompañamiento afectivo durante el tiempo del noviciado, relación que continuó hasta el final de los días de Cecilia.

Ya en 2019, Cecilia pidió a las Hermanas de Santa María la Real, donde se encontraba su ahijada, que fueran a recoger varios objetos que habían pertenecido a su madre (entre los que se encontraba la pintura de la Virgen del Amparo), pues quería que fuesen para las Hijas de Santo Domingo. La situación generada por la pandemia retraso la realización de este deseo, que no se cumplió hasta el mes de Junio de este año 2021.

En abril de 2021 falleció el marido de Doña Cecilia, José Luis, muriendo meses después Doña Cecilia Otero Pomés, el 4 de agosto de este mismo año 2021, a la edad de 87 años.

Mi agradecimiento por la ayuda prestada para poder hacer este artículo a Sor Inmaculada, Madre Abadesa del Monasterio de Santa María la Real, así como a Sor Montserrat y a Sor Encarnita.

 


 

 
 
Grabado de Fernando Selma a partir de un dibujo de José Suárez

 

FUENTES

FERNÁDEZ MUÑOZ, Pedro Manuel. "Simpecado de Gala de Nuestra Señora del Amparo", en Real Parroquia de Santa María Magdalena: Guía breve de su patrimonio artístico, Sevilla, 2017, pp. 56-57; "Nuestra Señora del Amparo", en Real Parroquia..., op. cit., Sevilla, 2017, pp. 26-29.

GONZÁLEZ CANTERO, Antonio. Noticias sevillanas del siglo XVIII: la Virgen del Amparo y el terremoto de Lisboa de 1755, Edición a cargo de José Roda Peña, Ayuntamiento de Sevilla-Fiestas Mayores, Sevilla, 2005.

MARTÍNEZ AMORES, Juan Carlos. "La Virgen del Amparo en la estampa", en Boletín de las Cofradías de Sevilla, nº 561, noviembre de 2005, pp. 783-792.

YUSTE ÁLVAREZ, José Manuel. "El Simpecado de Gala de la Hermandad de Nuestra Señora del Amparo", en Amparo, nº 37, Sevilla, Hermandad de Nuestra Señora del Amparo, Noviembre de 2008.

 

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Foto antigua de la escultura original de la Virgen del Amparo (siglo XVI) vestida con telas naturales

 

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