LA VIRGEN DEL RAYO DE CÓRDOBA

José Gabriel Rabasco Aguilar y Jesús Abades (19/09/2026)


 

 

Descripción y contexto iconográfico

La imagen de Nuestra Señora de los Dolores y del Rayo responde al modelo de Dolorosa de candelero destinada a vestir, con rostro y manos talladas y cuerpo articulado sobre armazón para recibir el ajuar textil. En sus salidas procesionales bajo palio, la efigie se enmarcaba en una ráfaga de resplandores dorados, recurso compositivo habitual en la imaginería mariana barroca andaluza para dotar de mayor solemnidad a la figura.

El título del Rayo no responde a un atributo iconográfico incorporado a la talla, sino a un relato de tradición oral recogido por primera vez por Teodomiro Ramírez de Arellano al describir la parroquia cordobesa de la Visitación o del Espíritu Santo: junto al altar mayor, presidido por una pequeña Dolorosa, el cronista sitúa en el lado del evangelio "otra Virgen denominada del Rayo, por decirse tradicionalmente que en él cayó uno sin tocar á la imagen". Ramírez de Arellano, con el cuidado propio del cronista decimonónico, marca distancia del relato, consignando la tradición oral sin darla por hecho probado. El dato que sí aporta como verificable es distinto: el altar donde se veneraba la imagen "fué reedificado ó hecho en 1720", según una inscripción legible entonces en su frontal; fecha que no hay que confundir con la de la propia talla, más antigua, sino que data la capilla o el retablo que la albergaba en aquel momento.

La Virgen del Rayo cordobesa no es un caso aislado dentro de la piedad popular. El relato de un rayo que impacta junto a, o incluso sobre, una imagen mariana sin causarle daño, o causándole un daño que luego se repara de forma prodigiosa, es un motivo devocional recurrente, con variantes de distinta complejidad narrativa. El paralelo más famoso se encuentra en Guadalajara (México), origen de la actual Nuestra Señora del Rosario del Rayo: en la madrugada del 13 de agosto de 1807, un rayo golpeó y quemó una imagen de la Virgen del Rosario en el convento dominico de Jesús María, sin dañar al Niño que portaba en brazos; cinco días después, un segundo rayo habría "reparado" milagrosamente el daño causado por el primero, dejando la imagen más hermosa que antes de la tormenta. El relato se completa con curaciones posteriores documentadas notarialmente, siguiendo la praxis habitual en los siglos XVII y XVIII para dar fe pública de lo prodigioso, y culmina en 1940 con la coronación pontificia otorgada por Pío XII.

Situado en este mapa comparativo, el caso cordobés pertenece claramente a la variante más sencilla y extendida del tropo, sin la elaboración narrativa del ejemplo mexicano.

Lo que distingue a la Virgen del Rayo del Campo de la Verdad no es, por tanto, la originalidad de su leyenda fundacional, casi de manual dentro de la piedad popular hispana, sino su azaroso itinerario institucional: una cofradía de disciplinantes que nace en la pobreza, desaparece en el XIX, resucita fugazmente a principios del XX, encuentra un "hogar estable" a mediados del pasado siglo, es relegada al culto interno durante casi treinta años, protagoniza un efímero intento de hermandad de gloria autónoma, y regresa finalmente a su casa original en 2019, sin dejar nunca de ser venerada en el mismo rincón de Córdoba.  

 

 

Contexto devocional y trayectoria histórica

El Campo de la Verdad era, y en cierto modo sigue siendo en la memoria histórica de la ciudad, un mundo aparte dentro de Córdoba. Separado del casco urbano por el Guadalquivir, con un único puente de acceso, sus vecinos vivían casi exclusivamente del campo, expuestos a las crecidas del río que periódicamente inundaban sus calles y a las epidemias que, por la falta de médicos y boticas en el barrio, se cebaban con especial dureza en la zona.

Fue en ese contexto donde surgió, ya en los primeros años del siglo XVII, una hermandad de disciplinantes bajo la advocación de Nuestra Señora del Rayo. La primera noticia documentada data de 1605, año en que se identifica a su Hermano Mayor, un tal Andrés Martín. Hay constancia de que en 1609 la imagen realizó estación de penitencia en la noche del Viernes Santo, salida que más adelante se trasladaría al Jueves Santo, acompañada de un pequeño Cristo conocido como el Cristo de las Ánimas. La comitiva, como correspondía a una hermandad de disciplinantes, incluía a penitentes que se azotaban con disciplinas de estopa cosida y torcida, vestidos con hábito negro ceñido con correa y calzados con sandalias. El paso, a hombros de los propios disciplinantes, iba cobijado bajo un palio cuyos varales portaban los hermanos. Era, en palabras que se repiten en las fuentes documentales, "una hermandad pobre y con pocos hermanos", reflejo directo de la escasa densidad de población de la barriada. Así aparece registrada, ya al borde de la desaparición, en una relación de corporaciones religiosas cordobesas de 1773, donde figuran "Ntra. Sra. del Rayo y la Santa Cruz" entre las hermandades que sobrevivían con recursos cada vez más exiguos.

La crisis general que golpeó a las cofradías cordobesas -y españolas- durante el siglo XIX no perdonó a la del Rayo: como la inmensa mayoría de las corporaciones de penitencia de la ciudad, desapareció, y el Campo de la Verdad se quedó sin su Semana Santa propia durante décadas.

La devoción no murió con la hermandad. En la primera década del siglo XX, en torno a la ermita del Santo Cristo de Ánimas del propio barrio, se erigió una nueva corporación de penitencia que recogía el testigo: la Hermandad de Nazarenos del Santo Cristo de Ánimas, Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor y María Santísima del Rayo. Bajo este nuevo título, la imagen volvió a salir a las calles de Córdoba, incorporándose en 1911 al desfile oficial del Viernes Santo. Esta segunda etapa procesional fue, sin embargo, breve: se apagó en torno a 1917, aunque alguna fuente secundaria retrasa la fecha de la última salida hasta 1919.

En 1937 nació la actual Hermandad del Descendimiento, heredera directa de aquella corporación, y la Virgen del Rayo pasó a formar parte de su cortejo. Entre 1938 y 1960 acompañó al misterio del Descendimiento de Cristo tanto en el paso procesional como en el altar de cultos, hasta que fue sustituida por una nueva Dolorosa, obra de Amadeo Ruiz Olmos. Desde entonces, la imagen quedó custodiada en la sede de la hermandad -no relegada a un trastero, subrayan las crónicas de la propia corporación, sino guardada "con esmero"- con la intención, avalada por sucesivos párrocos y consiliarios, de que algún día pudiera procesionar en su propio paso de palio. Ese proyecto no llegó a cumplirse entonces.

A comienzos de la década de 1980, el nuevo párroco, José Luque Requerey, decidió que la imagen debía recibir culto en el propio templo parroquial, y bajo su impulso se erigió en 1987 una hermandad de gloria bajo el título de Primitiva y Muy Antigua Hermandad y Cofradía Servita de Nuestra Señora de los Dolores y del Rayo, Sagrada Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y Patriarca Bendito San José. Tuvo una vida activa en sus primeros años, pero fue languideciendo con el tiempo hasta disolverse en 2019 por falta de una Junta de Gobierno que la sostuviera.

El 24 de noviembre de ese mismo año, la Hermandad del Descendimiento convocó una Junta General Extraordinaria y aprobó la incorporación de la Virgen del Rayo como Titular de Gloria de la corporación, cerrando así un círculo de cuatro décadas: la imagen regresaba a la hermandad de la que había salido en los 80.

En 1988, la talla fue objeto de una restauración a cargo del escultor e imaginero sevillano Juan Ventura, sustituyendo sus antiguas manos del tipo tenedor, que han sido restauradas y devueltas a la imagen; por lo que, tras una restauración de la que hablaremos a continuación, se vuelve a contemplar la Dolorosa en su estado primigenio.

 

 

La restauración de 2026

En marzo de 2026, la Hermandad del Descendimiento anunció en su Asamblea General la aprobación de la restauración de la imagen. La intervención ha corrido a cargo de la restauradora Ana Infante de la Torre, con un presupuesto total de 11615,77 euros, del que el 80 % (9.292,62 euros) ha sido sufragado mediante subvención de la Diputación de Córdoba, dentro de su convocatoria de ayudas para la conservación y rehabilitación del patrimonio histórico-artístico provincial.

El 15 de septiembre de 2026, con motivo de su festividad, Nuestra Señora de los Dolores y del Rayo regresó a la Parroquia de San José y Espíritu Santo después de casi seis meses retirada del culto con motivo de su proceso de restauración. Según Ana Infante de la Torre, la imagen  ha vuelto a su concepción cromática original. Asimismo, gracias al análisis practicado, se han podido revelar datos de su ejecución como los componentes de los pigmentos de la policromía, caso del blanco de plomo, pudiéndola situar temporalmente a través de una datación estimada entre finales del XVI y principios del siglo XVII. 

Más allá del valor devocional que la propia hermandad reivindica al justificar dicha actuación -"no solo como elementos patrimoniales, sino como referentes devocionales y espirituales para generaciones de hermanos y fieles"-, la restauración ofrece una oportunidad poco frecuente para la investigación histórico-artística de una talla de la que apenas existen estudios académicos previos, documentada hasta ahora solo a través de crónicas cofrades y de la breve referencia decimonónica de Ramírez de Arellano.

La imagen podría situarse en la primera década del siglo XVII, teoría que podría respaldarse gracias a los mencionados documentos que se conservan en la Parroquia de San José y Espíritu Santo, los cuales hacen referencia a la misma y su cofradía ya en torno a los años 1604-1606.

Esta talla anónima, a falta de un estudio documental riguroso, pudiera haber sido modificada en siglos posteriores -por ejemplo, para colocarle postizos como los ojos de cristal-, ya que encontramos similares puntos formales en sus facciones con otra Dolorosa: la Virgen de la Piedad de Écija (Sevilla), de la que se sabe fuera donada por un fraile de Córdoba en 1751. Unos grafismos cercanos al célebre escultor e imaginero cordobés Alonso Gómez de Sandoval (1713-1801), cuyo estilo se caracteriza por la gracilidad y la finura del modelado propias del Rococó, si bien algunas de sus obras participan también de la estética serena y mesurada del Neoclásico.

 


 

 
 
Estado anterior a la restauración

 

FUENTES

RAMÍREZ DE ARELLANO, Teodomiro. Paseos por Córdoba, ó sean apuntes para su historia (1873-1877), Paseo XII: Barrio del Espíritu Santo. Edición digital de la Red Municipal de Bibliotecas de Córdoba (2017).

http://hermandadvirgendelrayo.blogspot.com

https://www.descendimientocordoba.org

https://www.instagram.com/cordobaolvidada

https://www.lahornacina.com/dossiergloriascordoba.htm

 

Fotos: Hermandad del Descendimiento de Córdoba

 

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