NUESTRA SEÑORA DE REGLA.
LA VIRGEN NEGRA DE LOS LLANOS

Texto y Fotografías de José Guillermo Rodríguez Escudero


 

 

 

Desde su incorporación a la Corona de Castilla en 1493, la Isla de San Miguel de La Palma tiene autorización regia para comerciar con las posesiones americanas. El primer permiso comercial data de 1506, el más antiguo que se conoce del intercambio canario-americano. El puerto de Santa Cruz de La Palma llega a convertirse en el tercer puerto más importante del Imperio de Carlos V, tras Amberes y Sevilla, y en 1558 se instaló en esta ciudad el primer juzgado de Indias de Canarias, bajo los auspicios de Felipe II. Unos suculentos intercambios que proporcionan a La Palma -entonces la isla más comercial del Archipiélago- un interminable y valioso catálogo de piezas de orfebrería, pinturas, tejidos, imaginería religiosa, etcétera. Unas obras que llegaron a las Islas de dos maneras diferentes: por un lado, las traídas por emigrantes retornados, como piezas mejicanas hasta principios del siglo XVIII y las cubanas a partir de la segunda mitad del mismo; por otro, las que responden a los encargos efectuados por medio de familiares y amigos y que se hacen desde Canarias.

Ejemplos importantes son el frontal de algodón y una cruz de palo recibidos en 1545 y 1584 respectivamente en la primitiva ermita de La Encarnación, extramuros de la capital palmera; un valioso Calvario engastado en oro y perlas inventariado en 1574 donados por el regidor Guillén de Lugo Casaus (que da comienzo al impresionante joyero de la Virgen de Las Nieves); el venerado Señor de la Piedra Fría (talla anónima y más antigua en Canarias de la iconografía del Cristo de la Humildad y Paciencia, inventariada en 1603 en el antiguo Hospital de Dolores, hoy Teatro Chico); el Cristo de la Salud (del mismo oratorio y actualmente en la iglesia de los Remedios de Los Llanos); el milagroso Cristo del Planto (modelado como el anterior en pasta de paja de maíz); el San José con el Niño (del extinguido monasterio de Santa Águeda, hoy iglesia del Hospital de Dolores y colocado en su altar propio en 1777); la bella Virgen de los Dolores (una Piedad venerada en la ermita homónima de Villa de Mazo llegada en 1770); otro San José (del antiguo convento franciscano de la capital y actualmente en San Andrés); y así varios crucifijos, ornamentos, etcétera.

Tras toda esta producción mejicana, empiezan a llegar a La Palma desde la segunda mitad del siglo XVIII, otras piezas procedentes de Cuba. Las esculturas de principios de ese siglo confeccionadas en talleres cubanos no habían tenido excesiva importancia y el comitente, a la hora de encargar una talla, etcétera, lo haría en escuelas de mayor prestigio, como la mejicana. En esta isla caribeña se prefiere cambiar la imagen de talla por la de candelero (de vestir). Ejemplos son: Santa Catalina de Siena (para el monasterio dominico homónimo, hoy en la iglesia de Santo Domingo de Santa Cruz de La Palma); la Virgen del Rosario (para la parroquial de Villa de Mazo, llegada de La Habana entre 1789 y 1793); y Nuestra Señora de Regla (anónima de unos 61 cms. de altura, bendecida en la ciudad cubana de Regla y traída por el indiano don Celedonio Camacho Pino para la parroquia de Los Remedios de Los Llanos). 

Fue precisamente este llanense afincado en la mencionada ciudad caribeña el que, el 4 de julio de 1860 y, según cuenta el historiador palmero Pérez Morera "obtuvo licencia para construir un altar en la nave del Evangelio" del templo palmero, para colocar en él "una escultura de la Virgen de Regla y que trajo consigo después de 22 años en América". La bendición se produjo delante de la imagen del mismo título y objeto de gran veneración para el pueblo de Cuba, junto con su patrona, la Virgen del Cobre. Estos datos fueron recogidos en el excepcional Archivo de El Salvador de Santa Cruz de La Palma. 

Sin embargo, la versión se contradice con otra que fue publicada en 1864 en el periódico palmero El Time. En esta noticia se informa de que don Celedonio Camacho y Pino, muy devoto de esta advocación mariana, había hecho venir la delicada imagen desde Barcelona. Cierto es que en Cataluña en el siglo XIX había proliferado la producción en serie de imágenes de candelero o de vestir (llamadas cap i potas -cabeza y patas- en referencia a las partes visibles que eran talladas y que eran las que sólo se mostraban entre los ropajes).

 

 

 

En una pequeña inscripción enmarcada y acristalada que se halla a los pies de la única hornacina que tiene el retablo y que es donde se entroniza la Virgen, se lee que "este altar y retablo y la Imagen de Nuestra Señora de Regla que en él se venera, fue costeado por D. Celedonio Camacho y Pino ... quien por la especial devoción que siempre ha tenido a la Santísima Virgen María Madre de Dios y de los hombres y por los singulares favores que le ha dispensado dándole la salud en varias enfermedades que ha padecido con otros muchos consuelos a las penalidades de la vida, le dedica como testimonio de su cristiana gratitud y veneración este pequeño y sencillo monumento a fin de que los devotos de tan Poderosa Reyna, recurriendo á su patrocinio a todas las aflicciones que nos rodean en esta región de lágrimas conozcan que amando á los que la aman con una sola fe y de corazón, no desoye las súplicas y ruegos de sus hijos en quienes cifra sus delicias, desde que, concebida antes de que las fuentes brotaran sus aguas, disponía con su Dios de todas las cosas...". Concluye con una plegaria a la Virgen: "Yo te ruego Madre exelsa de Dios y madre mía, que así como hasta aquí he sido hijo de tu predilección no me niegues jamás vuestro amparo y consuelo aun que por mi debilidad quiera apagarme la voz: Y cuidando y dirigiendo todos mis pasos á vuestra honra y gloria y la de vuestro santísimo hijo y Redentor Nuestro Señor Jesucristo me proteja vuestra mano y me defienda hasta en la hora de mi vida".

La patrona de los pescadores de la bahía de La Habana, la Virgen de Regla, se representa aquí conforme a su iconografía habitual en Cuba: la imagen mariana es negra y sostiene entre sus manos al Niño Jesús blanco. Un extraño contraste del que no existe parangón en La Palma. Se trata de una escultura en madera policromada que está colocada sobre una peana de nubes blancas y está nimbada completamente por una mandorla ovalada de plata. A sus pies está colocada una media luna de plata en su color y rodea su cabeza un sol de doce estrellas del mismo material. La preciosa imagen queda arropada completamente -a excepción de las dos delicadas manos y su pequeño rostro oscuro y cabellera negra con raya en medio- con traje ancho de seda labrada y bordada con detalles florales y toca blanca de encajes en sus bordes; otras características son: sus grandes ojos entornados de cristal y expresión ensimismada y dulce; fina nariz y pequeña boca carnosa, mentón prominente y amplia frente; humildes sandalias atadas a los pies, no apreciables por estar cubiertas por el manto y que, según el profesor Pérez Morera, "acentúan su identificación con el pueblo sencillo y con la raza negra, una de las tres que poblaron el Nuevo Mundo".

Las Vírgenes negras eran particularmente veneradas, especialmente en Francia, donde son más numerosas que en otro país. Están estrechamente ligadas con las estatuas relicarios de las Vírgenes de Majestad. Las primitivas eran estatuillas de pequeñas dimensiones, toscamente talladas en madera de cedro u olivo. España, que es el segundo país más rico en imágenes marianas de este género, nos ofrece en Madrid a la Virgen de Atocha, en Cataluña a la de Montserrat, en Extremadura a la de Guadalupe y en Canarias a Las Nieves de La Palma. Si bien algunos arqueólogos se han preguntado si este ennegrecimiento era fortuito, otros piensan que estas vírgenes se volvieron negras por efecto del tiempo: alteración de la madera por vejez, oxidación de las placas de plata con las cuales eran revestidas, exposición al humo de los cirios o el incienso… otros también sostenían que fueron ennegrecidas voluntariamente desde el principio, o bien ejecutadas en madera de ébano para traducir las palabras de la Desposada del Cantar de los Cantares: "Negra sum, sed Formosa". 

Como imagen de candelero más reciente es la imagen de Candelaria en Tenerife (de Estévez del Sacramento) y la de Regla también en La Palma. En ambos casos, el color oscuro del rostro -ejecutado ex profeso- les confiere apariencia de antigüedad. En este último caso, se presenta a una Virgen negra más humana que las del tipo de Majestad (sentadas en su trono mostrando al Niño para la adoración de los fieles). También lo adelanta y lo muestra al espectador, pero de una manera delicada quedando relegada a un segundo lugar. Pero aquí no se contenta con servir de trono al Niño, sino que su expresión de ternura maternal, mirada dulce y ligero ladeado de cabeza hacia la criatura divina, la muestran como una verdadera madre relacionada con su hijo. La Virgen es negra y el niño blanco puesto que estamos ante una iconografía clasista de América: allí no se podía concebir que Jesús fuera oscuro, sino que su representación debía de ser de niño marfileño y rubio.

 

 

 

Otra imagen de la Virgen de Regla había recibido veneración en el Convento de la Inmaculada Concepción -actual templo de San Francisco de la capital palmera-, en un altar ubicado entre la capilla de la Vera Cruz y la portada principal. Este oratorio había sido fundado por el capitán Miguel de Araujo, piloto de la carrera de Indias, y su esposa, Leonor González, en 1638. La imagen mariana fue colocada entre 1665 y 1675 mientras era patrono del altar el guatemalteco Francisco de Araujo, llegado a La Palma en 1662. El patronato de Regla había recaído en los herederos del capitán Antonio Guillén de Burgos, también piloto de la carrera de Indias.

El bello retablo colorista -cuya factura es de marcado sello popular y donde se ubica la Virgen de Regla- se encuentra a los pies de la nave del Evangelio de la parroquia matriz de Los Llanos. En él se mantienen las tarjas tradicionales y ganan espacio los simétricos motivos pintados. El artista polifacético Bernardo Manuel de Silva -según Pérez Morera- empleó los mismos tipos ornamentales que tienen siempre por motivo básico unos tallos envolventes en roleo revestidos de hojas, dispuestos en formaciones geométricas y ritmos repetitivos. En frisos y banquillos se despliegan cintas de follajes y zarcillos, de factura delicada y menuda y cuya gama cromática dominante combina el rojo con el verde y amarillo. Un caprichoso conjunto con rocalla tallada en los paneles laterales de la curiosa predela y en el remate. Según el profesor Trujillo, son "interesantes en verdad las columnillas, pareadas, que utiliza de tercio inferior decorado con puntas de diamante, y capital de rara solución jónica".Las orlas repiten el tema de las aves y de las frutas - doradas y policromadas- que llenan una gran bandeja en la primera franja del ático o remate del retablo. El premiado investigador concluye su estudio sobre esta pieza diciendo que "es uno de los últimos testimonios del repertorio decorativo de las Islas: racimos, la calabaza de agua, la papaya, la granada, posibles guayabas y una bien definida piña de América".

En este retablo -antiguo de la Virgen del Rosario y modificado- Bernardo Manuel repite el tema del santo-estatua, modelo iconográfico que se inspira en el grabado. Nos informa Pérez Morera de que en este caso ocupan las calles laterales del segundo cuerpo. En él, en dos pinturas sobre tabla (1705-1711), los santos van emparejados y escorzados de manera contrapuesta: San Pedro y San Pablo, los dos pilares simbólicos de la Iglesia. Pedro aparece alzando las llaves en su mano derecha mientras que con la derecha sostiene un libro cerrado. Pablo se muestra también de pie con un libro abierto y portando una gigantesca espada (atributo personal ya que fue decapitado). En el primitivo retablo ocupaban ambos lados de las calles del segundo cuerpo (hoy inexistente) y en el actual ocultan las dos hornacinas laterales del primer cuerpo. La pintura de la Inmaculada Concepción entre ángeles adorantes siguió en el remate, como en el altar original. Los ángeles se muestran arrodillados y, según Pérez Morera, "groseramente desvirtuados tras capas de barnices oxidados, que no han podido ocultar la belleza de sus carnaciones y los suaves tonos en verde y rosa de los vestidos".

La preciosa talla desapareció de su retablo el pasado 5 de enero de 2008, víspera de los Reyes Magos, entre las cinco y seis de la tarde, según explicó Don Fernando Matías, el párroco, a la prensa local. El pueblo de Los Llanos y la Isla entera están consternados por este suceso. No se conoce su paradero hasta el momento, pero son muchas las investigaciones que se realizan para que la iglesia de Los Remedios recupere y tenga nuevamente a una de sus más bonitas imágenes, a su Virgen Negra de Regla, en el bello retablo del que jamás debió salir.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Archivo Parroquial de El Salvador, legajo Los Llanos, II, 1860.

CALERO RUIZ, Clementina; QUESADA ACOSTA, Ana María. La Escultura hasta 1900, Centro de la Cultura Popular Canaria, 1990.

D. M. Roban la imagen de la Virgen de Regla, del siglo XIX, de la iglesia de Los Remedios, El Día, (8 de enero de 2008).

PÉREZ MORERA, Jesús. Esculturas americanas en La Palma, IX Coloquio de Historia Canario-Americana (1990), tomo II, Excmo, Cabildo de Gran Canaria, Las Palmas, 1993.

- Virgen de Regla, en Arte en Canarias [siglos XV-XIX] Un mirada retrospectiva, Gobierno de Canarias, 2001.

- Silva. Bernardo Manuel de Silva, Biblioteca de Artistas Canarios, Gobierno de Canarias, 1994.

RÉAU, Louis. Iconographie de l'Art Chrétien, P.U.F., Paris, 1957

TRUJILLO RODRÍGUEZ, Alfonso. El retablo barroco en Canarias, Excelentísimo Cabildo de Gran Canaria, Las Palmas, 1977.

 

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