SEÑOR DE LA HUMILDAD EN SU EXPOLIO. NUEVA OBRA DE MANUEL MARTÍN NIETO

Fotografías de Jorge Cabrera (07/03/2026)


 

 

Nuestro Padre Jesús de la Humildad en su Expolio

Nueva hechura cristífera realizada por el escultor e imaginero de Morón de la Frontera para la Agrupación Parroquial de la Humildad, del barrio jerezano de Barbadillo. Sustituye a una obra del mismo autor, bendecida el año 2010, que fue retirada del culto a finales del pasado mes de febrero.

Se representa un sobrecogedor pasaje pasionista: el instante en que Jesús es despojado de sus vestiduras en el monte Calvario. Martín Nieto afronta esta iconografía intentando aportar una visión distinta, con mayor naturalidad y humanidad. Para ello se aleja de la imagen habitual de Cristo con los brazos abiertos, buscando una postura más dinámica y cercana a la narración evangélica, de ahí que el Señor adopte una pose natural y, al mismo tiempo, valiente, adelantando el pie izquierdo mientras el derecho queda retrasado, rotando el torso hacia la izquierda y adelantando el hombro derecho. Sus brazos caen descolgados, postura que encontrará su plena explicación cuando se complete el grupo escultórico. El busto se inclina hacia la derecha mientras la mirada se dirige hacia el lado contrario; gesto instintivo de quien, al haber sido bruscamente empujado, gira primero la mirada antes que la cabeza. El cuerpo, ligeramente semiflexionado, aporta un movimiento que transmite humildad, dignidad y una profunda humanidad en medio del sufrimiento. Lleva un pequeño sudario tallado a la moda judía, un sencillo paño de pureza que acompaña discretamente la anatomía de la imagen.

Toda la obra, incluyendo la peana y la corona de espinas, está tallada íntegramente en madera de cedro real, posteriormente estucada y policromada al óleo. La corona de espinas, también tallada en madera, forma parte de la propia obra. La policromía presenta una gran riqueza de matices en los que se reflejan signos de la Pasión como las marcas de los flagelos, las heridas en las rodillas o la llaga del hombro causada por el peso de la cruz, señales todas que han sido trabajadas combinando distintos planos de talla y relieves, conjugando la escultura con la pintura para lograr profundidad y realismo. Las veladuras permiten apreciar por todo el cuerpo los azotes sufridos durante la flagelación.

Tal y como aparece representada, la imagen mide 180 cm, aunque completamente erguida alcanzaría unos 185 cm. A pesar de su presencia poderosa, Martín Nieto ha buscado una anatomía estilizada y armónica que refuerce la elegancia natural del conjunto. El rostro refleja dolor, pero también una profunda dulzura, percibiéndose el sufrimiento de Cristo, pero también la serenidad que nace de su humildad y su entrega por la salvación del mundo.

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

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