SAN PEDRO SOLER. NUEVA OBRA DE RAMÓN CUENCA SANTO PARA LORCA (MURCIA)
Fotografías de Joaquín Zamora (22/10/2026)
San Pedro Soler El 28 de abril de 1827 nació Pedro Nolasco Soler Menéndez, siendo bautizado en la Parroquia San Cristóbal de Lorca. En el antiguo convento de San Diego recibió sus primeras enseñanzas junto a los franciscanos. Además de colaborar como monaguillo y ayudante en su parroquia, también sirvió en la Colegiata de San Patricio. Más adelante, su vocación le llevó a entrar en la vida franciscana y el anhelo misionero le trasladó a predicar en Tierra Santa. Tras un tiempo en Jerusalén, se trasladó a Damasco donde, junto a otros hermanos franciscanos, se dedicó a la enseñanza de los niños más pobres. En este lugar, durante el conflicto civil sirio de 1860, encontró la muerte mientras buscaba cómo huir de los atacantes para poder salvar la vida de los menores. Esta representacion del escultor e imaginero Ramón Cuenca Santo va destinada al templo lorquino de San Cristóbal donde fue bautizado. Escultura de carácter monumental que mide 198 cm de altura, tallada en madera de cedro y policromada al óleo en colores planos, con la estola en plata corlada en oro. Sobresalen tanto la composición en ascenso o arrebato -con el santo inclinado hacia delante sobre nube de volutas, formando un eje fuertemente diagonal- como el movimiento de los paños, que se retuercen y vuelan en grandes pliegues quebrados y aristas de gusto muy barroco. La tonsura y el hábito pardo -provisto de cuerda anudada y los característicos remiendos con los que solían arreglar sus desgastes- corresponden al santo franciscano, la estola subraya su condición de misionero -en este caso roja, para conmemorar la fiesta de los santos que han dado su vida por dios, y recreando un brocado del siglo XVIII- y la palma simboliza su martirio. Las cimitarras clavadas en su cuerpo ilustran la violencia de su muerte -el relato de su martirio habla de muerte a golpe de cimitarra y posterior decapitación-, mientras que el vuelo sobre la nube representa la glorificación inmediata del mártir, que asciende a los cielos elevando la mirada y tocado ya con el nimbo de santidad. |
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