SANTAS JUSTA Y RUFINA. OBRAS DE RAMÓN CUENCA SANTO PARA SEVILLA
Fotografías de Joaquín Zamora (28/06/2026)
Santas Justa y Rufina Las imágenes de las santas sevillanas para la Capilla de los Marineros, sede de la popular Hermandad de la Esperanza de Triana, vienen a ocupar los paños laterales del altar que alberga la de San Juan Evangelista, una obra de Luis Álvarez Duarte (1967) que conserva el candelero y los pies de la anterior, obra de autor y fecha desconocidos. Por tanto, este retablo cuenta ahora con tres esculturas contemporáneas, dentro de un contexto barroco y marcado por un dorado en el que se aprecia ya el paso de los años. Las santas realizadas por el escultor e imaginero alicantino miden 105 cm con la peana. En su ejecución ha colaborado Lázaro Ramírez Parra, de Murcia. Han sido talladas en madera de cedro, doradas en oro fino por Álvaro Frías y estofadas al temple. Las policromías de las encarnaduras son al óleo y han corrido a cargo del artista y restaurador murciano Santiago Rodríguez López. La composición de las santas funciona tanto para estar en los paños laterales de dicho retablo, como para ser dispuestas de forma conjunta en otro contexto. Santa Justa sostiene en su mano derecha una jarra de barro, atributo que simboliza el oficio de alfareras que ambas hermanas ejercían en Triana. Con la otra mano alza la palma, símbolo de su martirio. Fue la primera de ellas en morir. Su muerte tuvo lugar en prisión, como consecuencia de las heridas producidas por los tormentos sufridos. Por su parte, Santa Rufina se halla representada contemplando a su hermana. Sostiene también con su mano izquierda la palma del martirio, mientras con la derecha se recoge el manto. Esta santa murió decapitada, de ahí que muestre en su cuello un tajo sangrante que alude a su ejecución. Un lebrillo a sus pies nos viene a decir también el noble oficio de la alfarería que realizaba. Las vestiduras están estofadas imitando al brocatel, con dibujos muy sutiles en los tejidos. La elección de estos motivos decorativos impide que la decoración distraiga y enmascare la fuerza del plegado y los movimientos de los paños. Para evitar también lo anterior se ha optado por los colores planos en los mantos, dorando y estofando únicamente la cenefa. Los tonos elegidos están basados en los colores de la cerámica mural que, desde siglos, se viene realizando en los talleres del barrio de Triana. El dorado ha sido patinado y desgastado en zonas, para integrarlo así con del retablo y que esta decoración áurea se integre en el conjunto y pase más desapercibida. Se han utilizado también postizos: ojos de cristal y pestañas de pelo de pincel. Las preseas doradas y los pendientes complementas las figuras. La inspiración bebe de varias fuentes y fusiona diversos estilos estéticos, teniendo como base la escultura italianizante mediterránea levantina, pero con gestos en las fisonomías propios de la belleza costumbrista del sur. Rostros y peinados nos llevan a los prototipos de belleza de finales del siglo XIX y principios del XX, época del regionalismo andaluz. |
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