RAFAEL LUSCHINSKY

Pedro Castellanos Bote (07/07/2017)


 

 
 

Nuestra Señora de la Paz o del Buen Parto

Rafael Lucenqui
1864
Museo Provincial de Cáceres

 

Nace en Badajoz el 9 de mayo de 1807, no en 1809 como citan varios autores (1). Se bautiza al día siguiente en la catedral con los nombres de Rafael Antonio Gregorio María. Su padre, Antonio Luschinsky (lo hispanizó por Lucenqui, como también hizo Rafael después de casarse), había nacido en 1767 en una ciudad polaca entonces, hoy ucraniana, llamada Kolomyia, que perteneció a una antigua región llamada Galitzia y que más tarde fue dividida entre Polonia y Ucrania. Era nieto por parte paterna de los polacos Matías Luschinscky y Bárbara Sehemizin. Antonio Lucenqui sirvió en el Ejército durante seis años en el tercer batallón del Regimiento de las Reales Guardias Walonas, llegando a España en 1795. En la capital pacense contrae matrimonio en abril de 1803, probablemente en la parroquia castrense de Santa María la Real (San Agustín) con Juana Francisca del Carmen Martínez Rodríguez, vecina de Badajoz desde muy corta edad, pero que había nacido en Zafra el 29 de agosto de 1773. Era hija de los segedanos Juan Martínez y de Manuela Rodríguez.

Mala relación personal debió tener Juan Lucenqui con su hermano Rafael. El 4 de abril de 1844 se escrituraba una fianza comentariense o carcelera. Actualmente se denomina libertad provisional bajo fianza. El carpintero Juan Martínez citaba que a Juan se le seguía causa, junto a otros, "por heridas causadas a su hermano don Rafael, en la cual se ha proveído un auto mandando que se proceda a la prisión del dicho Juan Lucenqui o que preste fianza de cárcel segura". Juan Martínez sería carcelero comentariense de Juan y se obligaba a "ponerlo en la cárcel siempre que se le mande por el señor juez de primera instancia u otro competente, bajo las penas que como tal depositario se le imponga, con condenación de costas". Si el condenado se fugase, el fiador se haría responsable ante el juez, por ello solía ser una persona cercana al condenado.

Formado junto a su padre, Rafael fue probablemente el último de la familia que se dedicó a la pintura, aunque con mejores cualidades artísticas, además de tener una obra más extensa, sobre todo en la provincia de Cáceres. De su profesión de pintor ya se ha escrito bastante, por eso voy a hablar de la militar, muy desconocida. Se alistó voluntariamente el primero de octubre de 1833 en los Batallones de Milicia Veterana de Badajoz, en el que formó parte de la cuarta brigada. El 9 de diciembre de 1835 fue nombrado subteniente del depósito de quintos para la instrucción. El 15 de noviembre de 1837 fue nombrado teniente. El 11 de enero de 1838 fue nombrado teniente de la compañía de cazadores del Batallón Franco de Badajoz, cargo en el que estuvo dos años, cinco meses y veintisiete días, hasta el 21 de enero de 1841. En Badajoz permaneció dando la guardia y en otros puestos en la provincia y por servicios especiales le había sido concedido el despacho de grado de teniente de milicias provinciales el 20 de junio de 1840. Tras disolverse estos batallones, fue destinado a la segunda compañía del Batallón Provincial de Badajoz primero y segundo de la reserva, hasta fin de diciembre de 1843, quedando en situación de reemplazo hasta 1846. Durante este tiempo estuvo en Olivenza, Badajoz, Castilla la Mancha y Madrid. El 24 de junio de 1843 había obtenido el grado de capitán concedido por el regente del reino, Baldomero Espartero. El 10 de octubre de 1846 era capitán de infantería. En estos tres últimos cargos estuvo durante siete años, nueve meses y veintitrés días. Hasta septiembre de 1847 estaba en situación de reemplazo. Hasta abril de 1848, con 40 años de edad, había servido durante diez años, tres meses y veinte días. Por real orden del 26 de junio de 1843 fue nombrado caballero de la Real Orden de Isabel la Católica por méritos de guerra contraídos en 1836, siendo teniente de la Guardia Nacional movilizada en Badajoz.

Estando en Badajoz como teniente de la compañía del Batallón Provincial de Badajoz nº 2 de la reserva, recibe orden de su coronel para incorporarse a su compañía. Salió de Badajoz y por el camino supo por un paisano la revolución que había estallado por el levantamiento contra Baldomero Espartero en julio de 1843. Rafael partió de Badajoz con las fuerzas que no quisieron seguir esta revolución, con dirección a Mérida. No vaciló un momento en seguir las huellas de su general Mariano Ricafor Palacín (1776-1846), teniente general de los ejércitos nacionales y coronel incorporado en Mérida. Reunidas las compañías que cubrían la línea de La Mancha, fue agregado a la segunda compañía del mismo batallón que mandaba Alonso Andrada, teniente coronel y segundo comandante de infantería. Quedó la citada compañía en Mérida y el general con las restantes a Trujillo. El 10 de julio recibió orden el capitán de incorporarse a Trujillo, lo que se realizó a marchas dobles. El día 12 de julio se practicó un reconocimiento sobre la localidad de La Cumbre, a unos 10 kilómetros de Trujillo, que lo ocupaba la columna de sublevación antiesparterista que salió de Badajoz al mando del coronel Vasalo. En las inmediaciones de este pueblo, a tiro de pistola, sobre las doce, fueron recibidos con descargas de fusilería. Comenzó el fuego y después de un duro combate de cuatro horas, a las tres de la tarde, las tropas de Mariano Ricafort derrotaron a la columna formada por 600 soldados y 100 caballos. Hicieron 400 prisioneros, entre ellos a 25 oficiales. Rafael fue el encargado de desarmar a los prisioneros. Tras esta "gloriosa jornada" hubo que lamentar mucha sangre derramada en el campo de batalla. Al deponerse las armas se sometieron a las disposiciones de la Junta de Badajoz y se mandó a Rafael a la localidad de Santiago del Campo (Cáceres), a esperar las órdenes del Gobierno. Al ponerse el sol, se marcharon a Sierra de Fuentes, a diez kilómetros de Cáceres. Sabiendo de su permanencia allí, fue sorprendido por una partida de caballería dirigida por un cabo o sargento que mandaba la Junta de Salvación de Cáceres, sufriendo insultos y golpes. Al día siguiente, a las cuatro de la tarde del 2 de agosto de 1843, entraron en la ciudad de Cáceres, dándose orden del general para que la tropa se pusiera la cinta de Isabel II, en recompensa de la acción. Los oficiales fueron propuestos para la cruz de San Fernando y a Rafael su ascenso a capitán por su buen comportamiento y, parece ser, se le entregaría también la cruz de San Fernando, una condecoración que solo se obtenía en el campo de batalla. Rafael entró escoltado en Cáceres en medio de una compañía de infantería que le esperaba en el sitio llamado la Charca de los Mártires, como si fuese un bandido, atravesando la ciudad sin poder mover la pierna derecha a consecuencia de la marcha y de la herida contusa que recibió el día doce de julio pasado en la acción de La Cumbre. Rafael iba delante de los caballos, con el sofocante calor y sin dejarle descansar con la inflamación que tenía en la pierna. Esto hizo que se agravase más su estado hasta que fue entregado a la guardia que ya le esperaba en el Ayuntamiento de Cáceres. Al llegar a sus inmediaciones, la muchedumbre que le esperaba, empezó a gritarle pidiendo su cabeza: "muera, muera, muera el ayacucho" (2). Gracias a la ayuda del entonces alcalde de Cáceres, Antonio Fariñas, que salió al camino llamado del Casar, por donde sabía que llegaría, se pudo detener a la muchedumbre. De no haberlo hecho, le hubiera costado la vida. Cuando las autoridades se enteraron del atropello, le dejaron en libertad para que fuese a su destino, como así se hizo.

En Cáceres permaneció hasta el 10 de septiembre de 1843, fecha en la que recibe orden para trasladarse a Badajoz, con la obligación de presentarse diariamente al comandante general de la provincia y "vigilado por uno de sus esbirros". Por orden del general, después volvió a Cáceres, quedando para el reemplazo y lo estuvo hasta el 16 de octubre de 1847, fecha en la que fue destinado a la compañía de granaderos del Batallón Provincial de Cáceres. Durante este tiempo, según él, fue continuamente vejado y vigilado, además de sufrir amenazas como la de mandarle a Filipinas, atribuyéndolo a sus conocidas ideas liberales y su adhesión al duque de la Victoria, que era el capitán Baldomero Espartero. Por todo ello, Rafael solicitaba desde Cáceres en una carta a las Cortes Constituyentes una remuneración económica el primero de enero de 1869. Entonces era capitán graduado de infantería y estaba separado del servicio tras ser despedido desde 1848, según él, por "causas puramente políticas". Su petición le fue denegada y vuelve a enviar otra carta el 18 de noviembre. El 15 de agosto de 1848 la reina Isabel II le había concedido licencia absoluta para retirarse del servicio, siendo capitán graduado y teniente de la compañía de granaderos del Batallón de Cáceres nº 11 de la reserva. Se le concedió esta licencia absoluta, pero no la remuneración económica, por llevar solo diez años de servicio, porque no contaba con el tiempo que marcaba el reglamento. El motivo de pedir la baja era que estaba imposibilitado para continuar a consecuencia de su lesión en su rodilla derecha por la contusión que tuvo el citado 12 de julio de 1843, a la que no había hecho caso. Con las continuas marchas de la columna militar se fue agravando cada vez más, lo que le ocasionaba una inflamación estacional, de la que no se había podido curar ni con la ayuda de los médicos. Tras un descanso, si se recuperaba, volvería al servicio, "pues no contaba con otro patrimonio que la espada". Los médicos y cirujanos del hospital Civil Militar de Cáceres, Juan Caldera y Ramón Cerrudo, certificaban que Rafael tenía una artritis traumática de su rodilla derecha. Citaban que el abandono de los medios terapéuticos apropiados y las marchas forzadas, hicieron que su lesión se hiciese crónica, sin poder moverla libremente, sufriendo frecuentes agudizaciones por los cambios meteorológicos que le impedían hacer una vida normal. De acuerdo al reglamento, lo consideraron inútil para el servicio militar el 20 de marzo de 1848. Finalmente, la junta de gobierno de la provincia de Cáceres se la concedía el 30 de julio de 1854, teniendo en cuenta sus "cualidades, patriotismo y decisión por la causa de la libertad". Se le reconociesen los empleos, grados, honores y condecoraciones militares que acreditase haber obtenido en 1843 y 1844. También los que hubiera obtenido hasta que le fue expedida la licencia absoluta.

Tras abandonar definitivamente su carrera militar por su lesión de rodilla, y supongo que harto del trato que sufrió en el Ejército, Rafael se establece definitivamente en la ciudad de Cáceres. Allí tenía su domicilio en la entonces calle Rabo de Gato nº 4, hoy calle Clavellinas. En esta ciudad estaba ejerciendo ya de catedrático de Dibujo en el Instituto de Segunda Enseñanza desde el 15 de noviembre de 1844 y allí trabajó hasta 1869. Esta cátedra de Dibujo desaparecería temporalmente. La Diputación de Cáceres, en su sesión del 31 de octubre de 1868, citaba una instancia de varios artesanos de la ciudad pidiendo restablecer esta cátedra a cargo de Rafael, por el que se le pagaría un sueldo anual de 6.000 reales. Se estudiaría restablecerla de forma diaria y gratuita al que lo solicitase. El periódico cacereño El Noticiero del 2 de octubre de 1908 citaba que se le recordaba con cariño, por el entusiasmo con que atendía su clase. A ella contribuyó con 2.500 reales, la mitad de su sueldo, a la adquisición de materiales. Por ello, la Diputación de Cáceres le hizo una gratificación de 1.500 reales.

Rafael fallece en Cáceres a los 64 años de edad el 23 de marzo de 1872, al parecer sin haber testado. A pesar de lo que diga algún autor no fallece soltero. Había contraído matrimonio en la Catedral de Badajoz el 26 de enero de 1826 con la badajocense María Concepción Romero Rodríguez. Era hija del difunto Marcelino Romero, natural de Plenas (Zaragoza) y de la badajocense María del Rosario Rodríguez. Tampoco murió sin descendencia, otra cosa es que no le sobreviviese ningún hijo. De este matrimonio me consta una hija: Rafaela Anselma Lucenqui Romero. Nacida en Badajoz, fue bautizada el 22 de abril de 1828 en la Catedral de Badajoz. En su partida figura que era hija de padres no conocidos y había sido entregada en la Real Casa Hospicio de Badajoz. Sin embargo, el 22 de mayo de 1841, se anotó en la partida que era hija de Rafael Lucenqui y Concepción Romero tras reconocerla como hija legítima.  

 

 
 

Rótulo de la calle Rafael Lucenqui en Badajoz. Debería figurar 1807-1872.

 

NOTAS

(1) Este error probablemente proviene de la, a veces, fantasiosa obra titulada «Diccionario histórico, biográfico, crítico y bibliográfico de autores, artistas y extremeños ilustres» del cronista badajocense Nicolás Díaz Pérez y que todos han ido arrastrando hasta hoy. Cfr.: "Pintura extremeña del siglo XIX: los Lucenqui". Francisco Javier Pizarro Gómez. Revista Norba Arte nº 9. 1989. Págs. 175-190.

(2) Los ayacuchos eran un grupo de militares que había luchado en la Guerra de la Independencia de América, cuya última batalla importante perdida por España había sido la de Ayacucho (Perú), el 9 de diciembre de 1824. Supuso el final definitivo del dominio administrativo español en América del Sur. El más destacado de los ayacuchos fue Espartero, que pudo llegar a ser rey de España. Liberal populista, fue acusado de golpista y dictador. Se rodeó de militares con los que había compartido campaña en América y España, que le ofrecían pleitesía como a un caudillo, pero incapaz de liderar un partido y se le acusó más tarde de traidor a la patria. Fuentes: www.historiadeespananivelmedio.com y www.clublibertaddigital.com.

 

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