ALFONSO GORTÁZAR


 

Nacido en Bilbao, en el año 1955, vive y trabaja en su ciudad natal, donde alterna el trabajo en el taller con la enseñanza de la pintura en la Facultad de Bellas Artes de la UPV. Alfonso Gortázar pertenece a una de las primeras promociones de artistas licenciados en dicha facultad, desde donde participó del espíritu de cambio que a finales de los años 70 y primeros años 80 ha revolucionado y marcado el arte español hasta nuestros días.

Frente a las opciones más conceptuales y analíticas de aquel periodo, la pintura de Gortázar forma parte de una corriente que desde la figuración, basa su fuerza en la expresión, el color y una manera desinhibida de enfrentarse al lienzo. Sus fuentes de entonces son una amalgama del pop americano de Rauschenberg y Rivers, las corrientes expresionistas europeas y una no desdeñable presencia de las vanguardias vascas, especialmente de la mano de Arteta o los hermanos Zubiaurre. Con todo ello y su conocimiento del medio crea un lenguaje pictórico propio que se mantiene inconfundible hasta hoy, y con el que ha conseguido convertirse en una de las referencias más sólidas de la pintura figurativa vasca actual.

A través de este tiempo su pintura se ha caracterizado por la utilización de la figura humana en escenas de una irónica transcendencia. A menudo cruza la mirada de sus personajes con el  espectador, a quien invita a afrontar los mismos cuestionamientos vitales que en su obra. La búsqueda de sentido dentro y fuera del cuadro, -más o menos optimista, mordaz o descreída- es el trasfondo en el que habitan sus personajes, plagados de alusiones autobiográficas y citas a su contexto cultural y artístico.

En los años 90 comienza a sufrir la falta de la motivación que le había llevado a pintar hasta entonces. Su pasión por la pintura se mantenía intacta, pero la crisis que estaba atravesando hizo que no expusiera en 5 años. Este período va a marcar la temática de su obra hasta nuestros días. In albis hace referencia a ese miedo a quedarse en blanco. Sus trabajos se cargan de autoironía y se retrata en espacios angostos, precarias chabolas levantadas con todo tipo de materiales donde aparece enfrentado al, desde entonces, omnipresente lienzo en blanco. El arte y la propia pintura se convierten en el tema de su trabajo, y los explota tanto temáticamente -con alusiones al artista, a su trabajo en el taller y a su contexto social-, como técnicamente -investiga el color, las texturas y diversas referencias pictóricas en cielos, fondos y los numerosos detalles que salpican el cuadro-.

A diferencia de sus cuadros anteriores, en la obra más reciente la figura humana llega a desaparecer, y cuando aparece lo hace en pareja, el pintor y la modelo, subrayando con ello su interés por el propio contexto de la pintura. Los espacios, saturados de objetos, se expanden y el color muestra su cara más amable. Eso sí, el lienzo en blanco permanece en todas sus obras, cual espada de Damocles.

Exposición de su obra hasta el 10 de junio en el Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo (Vitoria-Gasteiz)

 

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