ARTEMISIA GENTILESCHI

Antonio García Herrera


 

 

 

Italia es la cuna del estilo barroco. Allí, en uno de los focos de su expansión, Roma, nace una excepcional figura pictórica. Olvidada por muchos durante siglos y recuperada por pocos en estos últimos años, Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 - Nápoles, 1652) cumple en todo el arquetipo de mujer brillante sometida al férreo mandato machista.

La hija del también pintor Orazio Lomi "Gentileschi" (Pisa, 1563 - Londres, 1639), de carácter genial por sus ideas inquietas y decisiones, fue encomendada al pintor Agostino Tassi para profundizar en el aprendizaje de la perspectiva. Sin duda, Tassi la introdujo en el conocimiento de esta técnica, pero cegado por el deseo de una joven bella, la violó cuando apenas contaba 19 años de edad. Para evitar represalias del padre y salvar el honor de la joven, Tassi le prometió un futuro matrimonio, pero no cumplió su promesa, por lo que fue llevado a los tribunales por violación, extendiendo el pintor desagradables rumores sobre la conducta sexual de Artemisia.

Tras un largo juicio, pudo demostrarse la inocencia de la artista, pero ya nada podía ser igual. La carrera de Artemisia quedó lógicamente marcada, no sólo por lo escandaloso del proceso judicial que siguió a tan tremenda afrenta a su dignidad, sino porque en la ejecución de ciertos temas bíblicos existe siempre ese juicio crítico, o visión personal, a determinadas actitudes machistas, como el acoso sexual, e incluso, en la aplicación de la luz y del color, se observa su situación emocional, al convertirse en heredera directa de Caravaggio, tenebrista, al que siguió no sólo por ser su maestro, sino por convicción artística.

 

 

Tras su experiencia, Artemisia se convierte en una pintora profesional de renombre, que viaja por sus encargos a ciudades como Florencia, Roma, Nápoles o Londres. De estilo academicista y tenebrista, se distinguió por el realismo de su pintura en el tratamiento de hechos históricos y en los retratos. Entre sus obras, varias de ellas de grandes dimensiones, nada que ver con los lienzos que solían utilizar las mujeres en sus pinturas, se encuentran El Nacimiento de San Juan Bautista, Judith con la Cabeza de Holofernes o David con la Cabeza de Goliat.

Especialmente destacable es el lienzo Susana y los Viejos (1610, 170 x 121 cm), en el que usa un tema bíblico muy recurrente en la historia del arte para mostrar, más que la escena, el conocimiento de la anatomía femenina por el artista y su visión sobre la opresión sexual sufrida por las mujeres.

El tema de Susana es el siguiente: la joven es deseada por dos ancianos jueces que visitaban con cierta frecuencia a Joaquín, marido de la joven, cuya belleza los tenía cautivados. Un día de verano, Susana decide tomar un baño en su jardín. Aprovechando la ausencia de su esposo y de las doncellas, los ancianos la acechan y amenazan para cumplir sus deseos. Al negarse la joven, los jueces la acusan de adulterio. En el juicio celebrado por este motivo, Susana es condenada a muerte. Antes de morir, invoca a Dios, que envía Daniel para demostrar el perjurio de los dos viejos, que fueron por ello ejecutados. Desde este momento, la joven absuelta fue llamada la casta Susana.

 

FUENTES: MAYAYO, Patricia: Historias de mujeres, historias del arte, Ensayos Arte-Cátedra, Madrid, 2007, p. 26; CALVO SERRALLER, Francisco: "Extravíos. Artemisia", en Babelia (suplemento cultural de El País), 10-01-09, p. 17; La Mujer Artista en la Historia, Catálogo de la Exposición, Tocina (Sevilla), 2009, pp. 15-16.

 

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