LA OBRA DE PEDRO DE VILLEGAS (V)
RETABLOS EN LA CATEDRAL DE SEVILLA


 

     
     
 

 

Retablo de la Visitación

En 1566 el capellán de la catedral Diego de Bolaños contrató con Villegas las pinturas de un retablo para su capilla en el templo mayor hispalense. El conjunto, uno de los mejores del pintor, no ha sufrido cambios en su ordenación, presentándose según el esquema original. Se terminó y colocó antes de 1570.

Según Serrera, con esta obra Villegas inició su etapa de madurez artística. En ella las soluciones manieristas se hacen evidentes, en especial en el agrupamiento de las figuras, el tratamiento espacial, la desmaterialización de los colores y la resolución de unos retratos con influencias flamencas.

La tabla central representa la Visitación, tema que también presidía el anterior retablo que hasta la llegada de la obra de Villegas había figurado en la capilla. La firma del pintor aparece en el borde inferior derecho. Al lado de las figuras centrales de la Virgen María y su prima Isabel, dos jóvenes sirvientes hacen menos brusca la unión de los grupos. Frente a la indiferencia de los demás personajes del cuadro, Zacarías y el anciano que lo acompaña, rompen la separación espacial entre el cuadro y el espectador, al que dirigen su mirada para hacerle partícipe de lo que ocurre en la escena, siguiendo un recurso manierista que alcanzará su plenitud en el barroco. La escena transcurre en casa de Zacarías, siguiendo el evangelio de Lucas, si bien la joven que acompaña a María está inspirada en el texto apócrifo del protoevangelio de Santiago.

El banco del retablo está formado por el retrato de Bolaños, el retrato de dos de sus familiares masculinos, un San Jerónimo penitente del escultor Jerónimo Hernández -cuyo dorado y estofado correría a cargo de Villegas según el referido contrato-, el retrato de tres familiares femeninos de Bolaños y el escudo de armas del capellán. En el cuerpo principal, además de la Visitación, se integran las tablas de Santiago, San Blas, Bautismo de Cristo y San Sebastián. Remata el conjunto un medio punto con una Glorificación del Niño Jesús.

Serrera destaca dos tablas del conjunto: el Bautismo de Cristo, a la que considera la más compleja de Villegas por reunir tres pasajes -el anuncio a los pastores del nacimiento de Cristo, el nacimiento del Bautista y el propio acto del bautismo en el Jordán- en una tabla con influencias de Miguel Ángel y Rafael, y el remate inspirado en un grabado de Hieronymus Wierix realizado sobre un dibujo de Crispin van den Broeck, amigo y colaborador de Arias Montano, con unas figuras que recuerdan grabados alemanes y esculturas clásicas infantiles, una de las cuales tenía en su taller Villegas; además, es una de las primeras versiones en la pintura sevillana del tema del Niño Jesús exento y desposeído de los atributos de la Pasión, tema que posteriormente pasará a la escultura por parte de primeros maestros como Jerónimo Hernández, artista que participa en este retablo de la catedral.

 

 
 

 

Retablo del Cristo de Maracaibo

En realidad a Villegas correspondería solamente la tabla central del Cristo de Maracaibo, fechada hacia 1560, una atribución discutible tanto por la inferior calidad que muestra respecto a otros trabajos del pintor sevillano, como por las diferencias existentes con las escasas obras suyas que se han conservado sobre la Crucifixión. La advocación hace referencia a una devoción venezolana de época colonial que se extendió a Sevilla.

Este Cristo crucificado se encontraba en origen en un retablo cercano a la puerta catedralicia de San Miguel, dotado en 1561 por María Vejarano. En 1794, debido al auge de su devoción, el Cabildo decidió buscarle un nuevo y mejor emplazamiento y hacerle un retablo de estuco. Aunque se indicó que podía ubicarse en la capilla de San Laureano, finalmente fue colocado en la capilla de Santa Ana, también llamada de San Bartolomé y hoy conocida con el nombre de Maracaibo. La obra se estrenó el 14 de febrero de 1796.

El referido retablo no se conserva, ya que a comienzos del siglo XX fue sustituido por el actual, una espléndida obra realizada en estilo neorrenacentista por el escultor Joaquín Bilbao, prolija en angelitos, de la que destacan los relieves de la Virgen Dolorosa y San Juan Evangelista que flanquean al crucificado, simulando un Calvario, o los cuatro ángeles pasionarios de mayor tamaño en el remate. Se inauguró el 4 de diciembre de 1913.

El crucificado se halla representado muerto en el madero. Al fondo, en la mitad inferior, vemos un paisaje bajo las grisáceas nubes en el que se describen los preparativos para la sepultura de Jesús. El estilo de Villegas está presente en la composición escultórica de la figura y en ciertos detalles anatómicos y lumínicos que, en este caso, resultan más planos y toscos, de ahí que también se haya considerado más acertadamente pieza de taller.

 

Fotografías de David Infante Ramos

 

FUENTES

SERRERA CONTRERAS, Juan Miguel. "Pedro de Villegas Marmolejo", colección Arte Hispalense, ediciones de la Excma. Diputación Provincial de Sevilla, 1975, pp. 72-73, 104, 108 y 132.

RECIO MIR, Álvaro. "José Gabriel González, "práctico en obras de estuco", y los retablos neoclásicos de la capilla de Maracaibo de la catedral de Sevilla", en Laboratorio de Arte, nº 12, Departamento de Historia del Arte de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla, 1999, pp. 316-317.

ROJAS-MARCOS GONZÁLEZ, Jesús. "La pintura sevillana del Renacimiento", en Temas de Estética y Arte, nº 29, Sevilla, Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, 2015, p. 144.

 

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