III CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE FRANCISCO SALZILLO (VIII)
VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS (ALICANTE)

Víctor Manuel López Arenas


 

Una obra injustamente olvidada durante mucho tiempo por la crítica relativa a Francisco Salzillo ha sido la Virgen de las Angustias del Convento de los Triunfos del Santísimo Sacramento de Madres Capuchinas de Alicante.

La primera de las Piedades o Vírgenes de las Angustias tallada por el maestro fue la que realiza para la Cofradía de Servitas de Murcia en el año 1741, una escultura que marcará un modelo iconográfico que repetirá con pequeñas variantes en los grupos que con el mismo tema realizó posteriormente para Lorca (1751, destruido en los disturbios de la Guerra Civil), la localidad alicantina de Dolores (entre 1748 y 1757), Alicante (1762) y Yecla (1763).

El grupo alicantino, calificado por Fuentes y Ponte como “obra notabilísima que algunos tienen como una de las mejores”, fue encargado por Juan Bautista Caturla Blasco, que a pesar de ser vecino de Alicante, era Teniente Alguacil Mayor del Santo Tribunal de la Inquisición de Murcia y Síndico Apostólico del Monasterio de Madres Capuchinas de Alicante. Movido por su devoción, construyó un retablo en el que se colocó el grupo, solicitando el derecho de patronato sobre su capilla. Su intención era “labrarse delante de ella, a su coste, sepultura para ser enterrado con su mujer y los suyos obligándose como a tal patrono a tener decente dicho altar”

Es de suponer el agrado de Salzillo a la hora de realizar el encargo, tanto por el comitente, miembro destacado del Tribunal de la Inquisición murciana, a la que Salzillo también perteneció como Inspector de pinturas y esculturas religiosas en el distrito de Murcia, como por el lugar al que estaba destinado, un convento capuchino, a la que se sentía muy vinculado ya que una de sus hermanas profesó como religiosa en el convento de esta Orden en Murcia (hay que recordar que el convento alicantino es una fundación realizada en 1672 con religiosas procedentes de dicho convento) y en él cual fue enterrado el propio Salzillo a su muerte en 1783 con el hábito franciscano.

Formalmente el grupo alicantino es el que mas se aproxima al modelo que realizó Salzillo para la cofradía murciana de Servitas en 1741, a pesar de lo cual introdujo unas pequeñas variantes iconográficas al conjunto. Está resuelto con un esquema piramidal en el que aparece en la parte superior la Virgen, mientras que Cristo se encuentra apoyando su cabeza en la rodilla de su Madre, estando extendido su cuerpo de manera que marca una diagonal hacia el lado derecho. La variante mas notable dentro del conjunto, si lo comparamos con el grupo murciano, se encuentra en el rostro de la Virgen que contrasta con el dramatismo y la dureza del ejemplar de Servitas. Este se encuentra dirigiendo su mirada hacia el lado izquierdo (algo que Salzillo recupera en este grupo ya que los ejemplares de Lorca y Dolores dirigen la mirada hacia la derecha) con un gesto mas concentrado, resignado y sereno. 

Elige la misma policromía (recuperada tras una reciente restauración) para el manto y la túnica de la Virgen, el azul y el rosa y verde para el velo que en el caso alicantino no se ajusta alrededor del rostro, sino que cae a través del pecho de la Virgen. Esta aparece con los brazos abiertos, acentuando de esta manera su actitud declamatoria y dramática, mientras que la Virgen de las Angustias de Servitas, aparece con el brazo izquierdo extendido, mientras que el derecho recoge el cuerpo inerte de su hijo.

El cuerpo muerto de Cristo destaca por la perfección y la morbidez de su anatomía. En el conjunto alicantino la cabeza del Salvador está colocada frontalmente, conectando de esta manera con el espectador y ofreciendo un rostro sereno, pareciendo que se encuentra dormido en el regazo de su madre. Contrasta así con el de Murcia, que no tiene esa frontalidad, sino que se encuentra mas recogido sobre la rodilla derecha de la Virgen.

Cierran la composición a derecha e izquierda, dos ángeles niños que se encuentran adorando las llagas de las manos de Cristo, en los que se puede apreciar la maestría de Salzillo a la hora de tratar las anatomías infantiles y con los que acentúa el dramatismo, al mismo tiempo que añade una nota de ternura al conjunto.

Durante la quema de conventos que tuvo lugar en Alicante el 11 de Mayo de 1931, a las once de la noche le tocó el turno al Monasterio de Capuchinas. Las religiosas por seguridad ya habían salido del convento, por lo que cuando llegaron los grupos incontrolados nadie había en su interior. Una vez irrumpieron dentro de la iglesia, destruyeron todos los ornamentos, imágenes y retablos a excepción de la Virgen de las Angustias, ya que tres jóvenes se colocaron delante de su altar impidiendo que la obra fuera destrozada. Creyendo que no había nada mas que destruir, los incontrolados se marcharon, dejando intacto el grupo.  Días mas tarde fue trasladado en un camión envuelto en paños a la finca “La Aliaga” propiedad de la familia Caturla, descendientes de aquel Juan Bautista que la encargó. Allí permaneció, oculta en el segundo tramo de la escalera, hasta que terminó la Guerra Civil. 

Desde el año 1940, la espléndida Virgen de las Angustias procesiona junto al Cristo de la Buena Muerte en la llamada “Procesión del Silencio”, cada Jueves Santo por la noche, en una de las procesiones mas queridas, a la vez que sobrias, de la Semana Santa de la capital alicantina.

 

 

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