III CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE FRANCISCO SALZILLO (I)
SAN BLAS (MURCIA)

Alejandro Romero Cabrera


 

 

La imagen de San Blas que se conserva en la Parroquia de Santa Eulalia de Murcia, obra de Francisco Salzillo, representa una de las devociones más populares, antiguas y arraigadas de Murcia. Así, en la Edad Media, en la casi recién conquistada ciudad para los cristianos, en una de sus puertas, la de Orihuela, y para defenderla, se levantó una ermita en honor del taumaturgo San Blas, abogado contra las afecciones de garganta.

A mediados del siglo XIV, una epidemia de difteria dejó en Murcia cientos de fallecimientos, tanto de niños como de adultos. La crisis era tal, que el Concejo en pleno decidió encomendar la ciudad bajo la protección de San Blas. Ese mismo año, al poco de pasar el 3 de febrero, festividad de San Blas, la epidemia empezó a remitir y ya no se registraron más muertes entre los ciudadanos. El Concejo, agradecido, hizo voto perpetuo de asistir todos los años a venerar a San Blas en los días de su festividad, mientras que el pueblo, también agradecido, fue formando cada año una multitudinaria feria que se concentraba en febrero en torno a la Ermita de San Blas. 

Ya en el siglo XVII, la ermita, bajo la jurisdicción del cercano Convento de los Padres Trinitarios, se encontraba bastante destartalada y no era capaz de acoger a la ingente cantidad de fieles que acudían cada mes de febrero, por lo que los frailes trinitarios decidieron, con el visto bueno del Concejo, trasladar la imagen de San Blas a su templo conventual, donde fue colocado en una capilla destacada y decorada expresamente para la llegada de San Blas. La Feria y Fiestas de San Blas se trasladaron entonces al entorno del Convento de la Trinidad.

En el mencionado cenobio, la devoción a San Blas fue adquiriendo cada vez mayor esplendor, hasta que en el siglo XVIII los trinitarios decidieron cambiar la imagen del santo por otra más acorde con los gustos de la época. Aquí es cuando aparece la majestuosa imagen vestidera que hoy veneramos. Una obra que no se encuentra documentada, pero que, tanto para los ojos de la secular tradición como para los ojos científicos de la historia del arte, es una clara y magistral talla de Francisco Salzillo. 

Ya en el siglo XIX, la Desamortización de Mendizábal afectó de lleno al Convento de la Trinidad, pasando todos sus bienes a las cercanas parroquias de San Juan Bautista y Santa Eulalia. Esta coyuntura no afectó para nada a San Blas y su devoción, y con su traslado a Santa Eulalia, también se trasladaron las multitudinarias Feria y Fiestas en su honor. En Santa Eulalia, bellísima iglesia de estilo rococó, el santo fue colocado en un colateral del transepto, cobijado por las soberbias arquitecturas fingidas de Paolo Sistori. 

Y así ha llegado hasta nuestros días: una gran imagen de vestir, plena de movimiento interior como tan magistralmente Francisco Salzillo sabía imprimir a sus imágenes vestideras. Poseedora de un rico e interesante ajuar de albas caladas, estolas bordadas, capas pluviales, mitras, pectoral, anillo, báculo, etcétera, y, sobre todo, depositaria de una grandísima y muy honda devoción popular, que se sigue exteriorizando cada año en sus Feria y Fiestas alrededor del 3 de Febrero, llenas de tradiciones autóctonas del barrio que las cobija y que son, sin duda alguna, las más antiguas de cuantas se siguen celebrando en Murcia.

 

Fotografía de Santiago Rodríguez López

 

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