RODIN. OBRA SACRA (I)
CRISTO Y LA MAGDALENA

Jesús Abades y Sergio Cabaco


 

Primero de los dos especiales que este año dedicaremos al maestro francés por el centenario de su fallecimiento. Este que nos ocupa se dedicará a su obra sacra, bastante escasa y casi siempre condicionada al cariz mitológico, mundano y sensual que le imprimió el escultor, y contemplará también la obra de discípulos y seguidores.

 

 
 
Cristo y la Magdalena (Musée Rodin)

 

Aunque Cristo y la Magdalena sea considerada la única obra conocida de Rodin que desarrolla una temática abiertamente religiosa, dos detalles sugieren que en realidad se trata de una representación del tema del genio ignorado, muy del gusto romántico: el primero, que el esbozo original en yeso date de mediados de la década de 1890, coincidiendo con el rechazo de su monumento a Balzac; el segundo, el hecho de que en alguna ocasión recibiese los títulos de Genio y Piedad, y Prometeo y una Oceánida, este último en referencia al mito griego en el que el titán Prometeo fue encadenado a una roca por Zeus para dar fuego al hombre.

En cualquier caso, para su realización en mármol Rodin recurrió al ensamblaje de dos esculturas previas. La figura de Cristo crucificado está inspirada en diversas representaciones medievales, alguna de ellas propiedad del mismo Rodin. Otros autores consideran la reutilización de un primer Cristo desaparecido, ejecutado bajo la influencia del escultor Augustin Préault (1809-1879) y que forma parte de la tradición romántica.

La Magdalena, por otra parte, retoma el prototipo de la Meditación, originalmente ideado por Rodin para la Puerta del Infierno. En contraposición, algunos expertos sostienen que procede de una figura de mujer del grupo de los condenados, diseñada en efecto para la Puerta del Infierno, pero convertida posteriormente en la Meditación, musa del monumento al escritor francés Victor Hugo.

A Cristo lo representa Rodin crucificado, flaco y doliente, como un moribundo clavado a una roca, con una cabeza demasiado pesada que parece volcar hacia un lado. A su cuerpo se aferra Santa María Magdalena como una amante llorosa, desnuda y semiarrodillada. Ambas figuras entrelazan sus cuerpos a la vez que se destacan sobre el bloque de mármol sin pulir, a la manera miguelangelesca. El impacto dramático de esta obra resulta en parte del contraste entre los cuerpos pulidos de las figuras desnudas y el mármol tosco. 

El original en yeso, madera y telas (84,5 x 74 x 44,2 cm), modelado en torno a 1894, lo custodia el Museo Rodin de París. Fue el barón Thyssen, hacia 1905, quien encargó al escultor llevarlo al mármol y a un tamaño mayor (102 x 77 x 70 cm). Una obra que subraya, como dijo Rilke, "el contraste entre ambos cuerpos, rotundamente forzado por el mármol, (que) da en primer lugar una impresión de tristeza sin límites, que se desprende de este sujeto". Dicha versión la encontramos en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Existe otra marmórea, fechada en 1908, mayor incluso que la anterior (109,2 x 85 x 78,7), en el Museo Getty de Los Ángeles.

 

 
 
Cristo y la Magdalena (Museo Thyssen-Bornemisza)

 

Nota de La Hornacina: con información del Musée Rodin de París y del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.

 

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