LA OBRA DE JUAN GONZÁLEZ MORENO (V)
SANTO ENTIERRO - MURCIA, CARTAGENA Y ALBACETE

José Francisco López


 

El tema del Entierro de Cristo fue trabajado en tres ocasiones por Juan González Moreno para las ciudades de Murcia, Albacete y Cartagena.

En la primera de ellas, en el grupo que realiza en el año 1941 para la Cofradía del Santo Sepulcro de Murcia, el escultor nos muestra una composición claramente inspirada en las obras renacentistas sobre el tema, caso de la de Juan de Juni, en la que predomina decididamente el punto de vista desde uno de los costados del grupo.

El modelado del grupo murciano es suave, recordando vagamente el arte del maestro barroco Francisco Salzillo y Alcaraz en el caso de la hechura del Cristo, y más próximo al renacimiento castellano en el resto. Sin embargo, lo ampuloso de los ropajes confiere al conjunto procesional una cierta pesadez que intenta aligerarse a través de una línea sinuosa en la composición, aún sin conseguir del todo una vinculación efectiva entre los distintos personajes. El resultado, dentro del esquema próximo a un retablo por el punto de vista claramente dominante, es una composición que se abre para mostrar a la Virgen y al público el cuerpo muerto de Cristo, sostenido por San José de Arimatea.

El grupo del Santo Entierro de la Cofradía de los Marrajos de Cartagena (1959) supuso la culminación de sus versiones sobre el tema y, según el propio autor, su mejor grupo procesional. Antes de realizarlo, llevó a cabo el grupo del Descendimiento de la Cruz para Burgos (1954), obra que sin duda pesaría en su concepción. En el simulacro de Burgos podemos apreciar la progresiva concepción unitaria de la composición, la cada vez más importante valoración de la materia y la incorporación de referentes renacentistas italianos -evidentes en la donatelliana cabeza de San Juan-, junto a la sequedad de la escuela castellana, muy apropiada en este caso. Esas referencias al arte de otros tiempos se aprecian no sólo en los aspectos formales, sino también en los iconográficos, al concebir el grupo de acuerdo con el tema de Cristo muerto sostenido por un ángel, derivación del tema gótico del Varón de Dolores, concepción muy adecuada para los fines devocionales y de meditación penitencial.

Volviendo al Santo Entierro de Cartagena, de nuevo, como en el caso de Murcia, el grupo está compuesto por seis figuras, pero en este caso la composición se centra en el cuerpo de Jesús y ofrece multitud de puntos de vista, desde cualquiera de los cuales es posible apreciar la perfecta unidad del conjunto; una unidad también muy lograda a nivel cromático, prevaleciendo el eje de claridad formado por el cuerpo de Cristo, el sudario y la losa del sepulcro. A pesar de lo trágico del tema, la serenidad, fruto del sentimiento clásico de la tragedia, preside la obra. El artista consigue transmitir el sufrimiento interior, rechazando aspavientos barrocos, a través de la talla de los cabellos y de la tensión de los planos aristados de los ropajes, remarcada por recursos como el patinar directamente sobre la madera, dejando asomar el material en las aristas. Esa talla enérgica de los ropajes contrasta con las encarnaduras, policromadas al modo tradicional, sobre aparejo, en tonos suaves y mates.

Junto a los referentes castellanos apreciables en el rostro de Cristo, la influencia del renacimiento italiano en el grupo cartagenero resulta evidente en el subgrupo de José de Arimatea y Cristo, reflejo de la Piedad de la Catedral de Florencia de Miguel Angel, o en la imagen de San Juan que nos evoca la pose decidida del San Jorge de Donatello. El personaje del Apóstol desempeña un papel fundamental, ya que asiste al desarrollo de la escena al tiempo que dirige su mirada angustiada al público, sirviendo de puente entre el nivel icónico y el nivel real terrenal de los espectadores de la Pasión. Así, el carácter de síntesis y culminación de experiencias anteriores que González Moreno logra en esta obra se manifiesta también en el hecho de concederle un papel relevante a cada uno de los personajes más destacados en sus anteriores versiones del tema: José de Arimatea y San Juan.

Entre la murciana y la cartagenera, Juan González Moreno realizó una segunda versión del Entierro de Cristo para la Cofradía de los Caballeros del Santo Sepulcro de Albacete. En este caso, el grupo, labrado en el año 1945, se reduce a cuatro figuras: Cristo, la Virgen, San Juan y Santa María Magdalena, estando presidido por la imagen del Apóstol sosteniendo el cuerpo de Cristo. El conjunto, frente al grupo de Murcia, ofrece una composición más fresca y menos pesada, en la que el autor se muestra seguidor de modelos castellanos de la escuela de Gregorio Fernández.

 

Fotografías en blanco y negro del portal Murcia Nazarena

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