CENTENARIO DE BOURGEOIS (I)
FEMME-MAISON


 

Especial dedicado a la artista francesa Louise Bourgeois (París, 1911 - Nueva York, 2010)
con motivo del centenario de su nacimiento. La obra de Bourgeois, de marcado carácter autobiográfico
y personal, no es fácilmente catalogable en ningún movimiento ni tendencia establecidos.

 

 

Louise Bourgeois pasa la mayor parte de su infancia y adolescencia en los alrededores de París, donde su familia regenta un taller de restauración de tapices. Es allí donde la artista aprende a dibujar para colaborar en las tareas familiares. Los primeros años de Bourgeois se ven marcados por la oposición entre una madre industriosa y serena, imagen de la estabilidad y la racionalidad, y un padre brillante pero infiel, hacia el que Louise alimenta un sentimiento ambivalente de amor y odio.

Hasta finales de los años 40 del siglo pasado, Bourgeois se consagra sobre todo a la pintura, al dibujo y al grabado. Entre los años 1946 y 1947 elabora varias pinturas y dibujos titulados Femme-Maison (Mujer-Casa), en los que se anticipa la importancia que cobrará el tema de la casa en la iconografía de Louise Bourgeois. Se trata de imágenes en las que el cuerpo o la cabeza de una mujer han sido sustituidos por la representación de una vivienda, de tal modo que es difícil saber si es el organismo el que está invadiendo el espacio arquitectónico o, por el contrario, la arquitectura es la que está aprisionando al cuerpo.

Las femme-Maison han sido interpretadas en ocasiones como un alegato feminista en contra del confinamiento tradicional de las mujeres en el espacio doméstico. Sin embargo, poseen una carga de ambigüedad que nos lleva a pensar que no es la única posible. En primer lugar, podemos pensar que se trata de una referencia al entorno familiar de la artista: la casa constituye, por una parte, un espacio materno, un refugio cálido y protector; por otra, el reino del Padre, el universo del autoritarismo y la mentira.

Así mismo, la casa es el escenario en el que se desarrolla el drama familiar: el triángulo padre-madre-amante; la crueldad reiterada de Louis Bourgeois que ridiculiza con escarnio a la pequeña Louise durante las comidas de familia; el conflicto de identidad de Louise que, destinada a cubrir el hueco del hijo varón tan deseado por su padre, lleva el nombre de su progenitor.

Por último, la casa, tal y como la representa Bourgeois, pone de manifiesto también la naturaleza ambivalente que ha tenido siempre el espacio doméstico en la historia de las mujeres: se trata, por un lado, del lugar por excelencia de la sociabilidad femenina, punto de partida de una red de saberes de mujeres, escenario de los placeres de la maternidad; por otro lado, es un espacio de reclusión, emblema de la expulsión de las mujeres de los asuntos públicos, imagen de su identificación secular con un papel exclusivamente nutricio y reproductor.

En cualquier caso, lo que parece indudable es que las femme-Maison, con su fusión de cuerpo y arquitectura, inauguran un juego de oposiciones (entre lo inanimado y lo orgánico, lo rígido y lo maleable, lo frágil y lo sólido, lo geométrico y lo fluido) que será constante, en años venideros, en la obra de Bourgeois.

 

FUENTES: MAYAYO, Patricia. "Louise Bourgeois", en Arte Hoy, nº 15, 2002, pp. 9-14.

 

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