ALGODONALES

Sergio Cabaco y Jesús Abades (10/10/2008)


 

 

Algodonales es un municipio de la Serranía de Cádiz cuyos orígenes se remontan al siglo XVI, obteniendo el rango de aldea en 1566 y la independencia de la vecina Zahara de la Sierra en 1817, gracias al heroico comportamiento de sus habitantes frente a la devastación napoleónica, que conllevó el incendio de una parte del municipio. Actualmente, la villa pertenece al partido judicial de Arcos de la Frontera.

El grueso de su escultura sacra se encuentra en el templo parroquial de Santa Ana, construido entre los años 1777 y 1798, a medio camino entre los estilos barroco y neoclásico, para reemplazar a uno anterior. Destaca la labor arquitectónica realizada por José Álvarez al realizar sus trazas, y por Antonio Matías de Figueroa al diseñar sus portadas y la torre. Su interior, de gran coherencia y monumentalidad, muestra un excelente trabajo realizado por Fernando Jiménez, director en aquel tiempo de la escuela sevillana de las Tres Nobles Artes, el entallador Diego Meléndez y el escultor e imaginero Cristóbal Ramos.

 

 

 

El espectacular retablo mayor es de estilo neoclásico, en madera, imitando mármoles y jaspes. Fue trazado en el año 1786 por el académico Francisco Jiménez y llevado a la madera por Diego Meléndez. El retablo alberga en su interior las esculturas de Santa Ana con la Virgen Niña, San Joaquín, San Pedro, San Pablo, Santa Teresa de Jesús, Santiago a caballo (patrón de Algodonales), un santo de la orden de los dominicos cuya identidad aún no se ha podido determinar y, en el ático, un Calvario con las figuras de Cristo Crucificado -de colosales proporciones-, la Virgen Dolorosa, San Juan Evangelista y Santa María Magdalena.

La efigie de Santa Ana (imagen derecha) es titular del templo y patrona de la localidad. Representa el pasaje de la Educación de la Virgen y estaba atribuida al pintor, escultor y bordador Pablo Legot (hacia 1619). Los últimos estudios la documentan como obra del año 1709 realizada por Antonio Cardoso de Quirós -su policromía, del año 1785, correspondería a Diego Suárez, siendo donada al templo por el canónigo Pedro Rodríguez de Medrano, según se desprende de su testamento. Las esculturas del Calvario, a excepción del Cristo -aunque ha sido atribuido por Moreno Arana-, son claramente relacionables con el estilo de Cristóbal Ramos.

 

 

 

El retablo del Cristo de la Buena Muerte sigue las pautas del retablo mayor, tanto en estructura como en estética y materiales. Según la documentación, el Crucificado, muy venerado en Algodonales y localidades limítrofes, es obra de Cristóbal Ramos, con el que también podemos relacionar la Dolorosa y el San Juan Evangelista de vestir que se hallan a sus pies, similares a otras piezas sevillanas labradas en su taller.

Hay que considerar al Cristo como un revival de la estatuaria gótica, cuyos rasgos son visibles en el modelado del cabello y su disposición sobre los hombros, así como por el ingenuo estudio anatómico y las notables desproporciones volumétricas, si bien el trabajo del paño de pureza o perizoma sí casa con la época de su ejecución. Las figuras menores de las santas que flanquean el Calvario y el relieve de la Oración de Jesús en el Huerto del ático se han relacionado con la labor de Diego Meléndez.

 

 
 

 

Una de las mejores piezas escultóricas del templo es el altorrelieve de las Ánimas Benditas del Purgatorio (hacia 1786), el cual dispone de retablo propio, actualmente dorado aunque en un principio tuvo que estar pintado imitando mármoles y jaspes. Se trata de una ambiciosa creación de Cristóbal Ramos, definida por la historiadora Carmen Montesinos como pieza de gran finura, perfección formal y belleza, en la que se ven representadas las figuras de Dios Padre, Jesucristo, el Espíritu Santo, San José y la Virgen del Carmen intercediendo por la salvación de las ánimas. El relieve costó 2.500 reales, importando el retablo, tallado también por Diego Meléndez, la suma de 7.000 reales. En varias figuras de las ánimas son visibles los grafismos que luego desarrollaría el escultor Juan de Astorga, discípulo de Ramos.

 

 

 

Muy similar al retablo de Ánimas es el retablo de la Virgen del Rosario. De hecho, ambas piezas podrían definirse como una versión reducida del monumental retablo mayor, correspondiendo su hechura, seguramente, a los mismos artífices.

La monumental imagen titular (detalle en la imagen derecha) es obra documentada de Cristóbal Ramos (según consta en un libro de cuentas), quien la hizo en torno al año 1786. Para la historiadora Carmen Montesinos, se trata de una imagen de barro cocido, policromado y estofado cuyo costo ascendió a 100 pesos, siendo la primera obra que se colocó en la nueva iglesia.

En el ático se sitúa Santo Domingo de Guzmán, y a los lados de la Virgen las figuritas de San José y San Juan Nepomuceno, todas ellas relacionadas con Diego Meléndez, autor del retablo, si bien las dos últimas poseen una plástica cercana al escultor e imaginero sevillano Benito de Hita y Castillo. El historiador Moreno Arana atribuye también estas dos obras a Ramos, autor de la imagen mariana.

 

 

 

Adosados a los pilares del arco toral que da acceso al presbiterio se hallan dos pequeños retablos fechables a finales del siglo XVIII. En el de la izquierda recibe culto una Virgen Dolorosa arrodillada que ha sido relacionada con Cayetano de Acosta, si bien su estilo se encuentra plenamente integrado dentro de la estética de Cristóbal Ramos sobre el tema, visible en otras piezas similares que reciben culto en Sevilla, Alcalá de Guadaíra o en el ático del propio retablo mayor de Algodonales. Modelada en barro y telas encoladas, su rostro sí presenta diferencias con el estilo de Ramos, de ahí que podamos considerarla obra de taller.

En cambio, parece de la mano del maestro la Virgen de la Merced (imagen derecha) que se halla en el altar del pilar derecho, rematado, al igual que el anterior, por un lienzo cubierto con dosel. Dicha talla ha sido también atribuida a Ramos por los historiadores Ana Aranda y Fernando Quiles. La señora, con el niño en su regazo y el escapulario y el cetro en la mano derecha, presenta un gran trabajo de policromía y estofado, estando todo el conjunto imbuido de un aire rococó que se resiste a la rigidez neoclásica.

 

 

 

Entran también en la línea de Cristóbal Ramos las esculturas de Santa Rita de Casia y San José. La primera se encuentra en el retablo del Sagrado Corazón y presenta en las orillas del hábito los estofados en oro tan del gusto de la época que restan severidad a la figura.

Respecto al santo (detalle en la imagen derecha), dispone de retablo propio, tallado por Diego Meléndez con diseño de Francisco Jiménez. Ambas piezas, pese a preludiar la frialdad académica del momento, siguen respondiendo, en especial el santo, al concepto tan popular de la ternura y el preciosismo, muy bien interpretado por Ramos, de quien también podría ser un San Francisco de Asís que se conserva en el templo.

 

 

 

Igualmente atribuible a Cristóbal Ramos es el San Antonio de Padua, efigie que recibe culto en un retablo de Diego Meléndez diseñado por el académico sevillano Fernando Rosales, en cuyo ático se encuentra una imagen de San Nicolás de Bari, obra segura de Ramos (hacia 1786), quien cobró 360 reales por ella. El San Antonio es un notable ejemplo de las policromías del escultor, con encarnaduras mates (tostadas, en este caso, por tratarse de un varón) y el uso del azul como tonalidad cálida, estofado el hábito en oro con motivos vegetales.

También de Ramos es la interesantísima Santa Ana con la Virgen Niña (imagen derecha) de carácter procesional, siendo la santa muy similar a la Virgen del Rosario de Pilas (Sevilla), procedente de la iglesia sevillana del Salvador. Los rostros, de gran belleza, presentan los ojos abiertos de cristal, las cejas arqueadas, la recta nariz, los finos labios, la papada y el pronunciado pliegue nasolabial tan característicos del autor. Los ropajes muestran la típica ductilidad de las telas encoladas, lo que permite caprichosos vuelos y plegados. 

 

 

 

Similar al retablo de la anterior Santa Ana es el Retablo del Cristo Yacente, con lienzo de San Pedro de Alcántara enmarcado por dosel en su parte superior. Data del año 1787 y posee la imagen titular en el interior de una urna acristalada, quizás tallado con anterioridad a la fábrica.

Por último, comentar la venerada estatuilla de la Virgen de la Sierra (imagen derecha) que recibe culto en la Ermita de la Virgencita, llamada así por el pequeño tamaño de la titular. Se trata de una Dolorosa de candelero para vestir, adjudicable a la órbita de Cristóbal Ramos. Su ermita, mezcla de elementos neoclásicos y neogóticos, data del siglo XIX. Otras ermitas de la localidad son las de la Concepción y la de Jesús Nazareno, esta última con una interesante imagen titular.

 

FUENTES

MONTESINOS MONTESINOS, Carmen. El escultor sevillano D. Cristóbal Ramos (1725-1799), Sevilla, 1986.

AA.VV. Guía Artística de Cádiz y su Provincia (II), Cádiz, 2005.

AA.VV. (dir. de JIMÉNEZ LOPEZ DE EGUILETA, Javier E.) Imaginería Recuperada. Estudio y restauración de un conjunto de esculturas de las parroquias de Algodonales, La Muela y Zahara de la Sierra, Peripecias Libros, Jerez de la Frontera, 2019.

 

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