VENTANA ABIERTA AL CIELO

Manolo Gómez (20/01/2018)


 

 

Ayer al conectar el teléfono me encontré con una terrible noticia, mi gran amigo desde la infancia Eduardo Heredia, me había escrito en whatsapp: ha muerto Pepe Garduño D.E.P. Como suele ocurrir en estos casos, al principio no reaccioné; pero avanzando el día, me iban llegando recuerdos de aquel maestro que tanto había influido en nuestra trayectoria, a Eduardo como vestidor y a mí como fotógrafo.

Recordé aquellas primeras escapadas de Córdoba a Sevilla, siendo aún niños, meses ahorrando para comprar fotografías y ver sus trabajos. Como bien decía Eduardo, Garduño tiene el aire en sus manos. Y no solo lo tenía para hacer volar el encaje, también para crear aquella mágica atmósfera que había en sus fotografías.

Recuerdo también, como si fuese hoy, el día en que lo conocí. Yo era un adolescente que estudiaba fotografía en la Escuela de Artes y Oficios. Una compañera de clase, sobrina suya, consiguió que me recibiera. Aquel señor, tan tímido y tremendamente humilde, distaba mucho del perfil de artesano que yo conocía en las cofradías. De manera paternal, me corrigió las fotografías que llevaba y me invitó a seguir yendo por su estudio. Tan entusiasmado estaba, que llegué a cambiar a mi padre unas vacaciones en Marruecos por estar dos meses trabajando en Sevilla. Mi familia marchó a Marruecos sin mí, estupefacta.

Los cofrades se han quedado sin el último gran fotógrafo de estudio que nos quedaba. Y es que solo eran tres: Fernand, Haretón padre y Garduño. Ellos pertenecían a una época cercana pero muy distinta a la nuestra. Ahora contamos con muchos medios, pero ya no existen sastres, vidrieros, encajeras, etcétera, como antes.

Aquellos fotógrafos, tan criticados por sus largas sesiones, días o noches enteras, sometiendo a las imágenes a la luz de esos tortuosos focos -se dice que los titulares no salían corriendo porque no podían-, daban sus frutos. Unos magníficos retratos que son dignos de observar al detalle, como un buen cuadro o escultura. Aquellos fotogramas tienen un ambiente que nos transporta a otro mundo, atemporal y celestial, a la vez que nos muestra un minucioso estudio de volúmenes de la escultura.

Lo más sorprendente es que, tratándose de los mismos modelos y teniendo los tres una misma escuela -Haretón abuelo-, cada uno de ellos llega a crear un estilo propio. Y son sin duda tres grandes estilos, hasta ahora no superados. Lo lamentable es que tampoco son debidamente valorados.

Sin menospreciar a las otras dos, la firma de Garduño es a mi juicio la más escenográfica y creativa de las tres. Y es que quien tiene una fotografía de mi maestro, tiene una ventana abierta al cielo. Con qué gracia iluminaba, bañando con su luz -y no abofeteando, como se hace ahora- a las imágenes, y no solo a éstas, sino también a sus ropas y a todo lo que las rodeaba. Los encuadres, las tonalidades, etcétera. Y sobre todo, nunca confundió lo elegante con lo cursi, tampoco lo valiente con lo extravagante.

La base de un buen profesional está en tener claros los conceptos y las ganas de trabajar. Y vaya si D. José los tenía. Estaba bien considerado, no solo en España, también en el extranjero. En su juventud, realizó portadas de discos, carteleras de cine y de teatro, multitud de fotografías para anuncios publicitarios... Por su objetivo pasaron numerosos e importantes personajes de la época, Lola Flores, Caracolillo, Juana Reina... eran clientes habituales suyos. Y no solo del mundo de la farándula, también de la alta sociedad y otros ámbitos, viajaban a Sevilla para ser fotografiados por aquel hombre tan sencillo.

Desde aquí suplico a la ciudad de Sevilla que dedique un monumento o una calle a mi maestro José Garduño. Y a todas aquellas personas que lean esto, que se esmeren en diferenciar a un fotógrafo de un "echafotos". Las cofradías están pasando actualmente una auténtica crisis con la calidad de sus artesanos. Muchos quieren terminar las cosas antes de empezarlas. La mayoría de las veces, se hacen trabajos muy efectistas pero de escasa calidad, que es lo mismo que recurrir al aplauso fácil.

Cuando se hace una extravagancia, ya sea tallando, vistiendo, fotografiando, etcétera, se consigue un efecto similar a un grito malsonante. Nuestros iconos no pueden entrar en un discurso tan soez. Por otro lado, se puede ser muy expresivo sin ser vulgar, y por supuesto aprender de otras personas, pero siempre creando nuestro propio estilo y no robando el ajeno.

Es mucho lo que me gustaría contarles sobre don José Garduño Navas, pero evidentemente no tenemos el suficiente espacio y tiempo. Tan solo decirles que fue un ejemplo a seguir en todos los aspectos. Adiós, D. José, Dios lo tiene en su gloria, quienes lo quisimos lo tenemos en nuestra memoria.

 

Nota de La Hornacina: Nuestro agradecimiento al artista Sergio Cornejo por la cesión de las cuatro versiones de la fotografía coloreada de la Virgen de la Estrella (Triana) vestida con mantilla. Según el autor del artículo, el prestigioso fotógrafo cordobés Manolo Gómez, esta creación primeriza de José Garduño fue una de las obras de las que el fotógrafo estaba más orgulloso y la que lo lanzó a la fama.

 

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