PARA JESÚS CASTELLANOS, UNO DE LOS NUESTROS

Alejandro Cerezo


 

 

La muerte de Jesús Castellanos nos deja dos legados. Un primer legado, personal, en el alma de quienes le conocimos, cada uno con su particular portada, su galería de imágenes, su recolector de vivencias y su llamada de citas célebres, que las tuvo y muchas. Sobre este primer legado no voy a hacer mención porque no es el objetivo de este artículo hacer una necrológica, ni tiene contexto en estas páginas de La Hornacina, ni yo mismo podría firmar ahora mismo, tan reciente, nada que se le pareciese sin que la emoción o la hipérbole me jugaran una mala pasada. Y las lágrimas, de momento, no se escriben. Aunque por otra parte, es posible que su segundo legado, el artístico y patrimonial de esta suerte de Leonardo Da Vinci de la Semana Santa de Málaga, tenga que ir unido al primero. Por su personalidad única, sus aptitudes polivalentes, estilo cercano, talante decisivo, su crítica resolutiva y mordaz, y su excelente y nunca vista memoria, y su capacidad de asunción de información, algunos cofrades malagueños hemos coincidido en tildar a Jesús Castellanos como el más influyente de los nuestros. Al menos en los últimos treinta años.

Castellanos fue pregonero de la Semana Santa malagueña del año 2000. Su antecesor, otro de los referentes indiscutibles de nuestra ciudad, el historiador Federico Fernández Basurte, cofrade de la Hermandad del Amor, en la ansiada búsqueda de una coletilla para definir a Jesús Castellanos en su presentación, resolvió con el calificativo de "cofrade", para concluir. Esto hace idea de lo tremendamente difícil que es encasillar a esta figura indispensable de la ciudad, una figura que, a raíz de su inesperada muerte a los 58 años de edad y en la total plenitud de sus facultades, pasa además a la categoría literal de mito.

Profesor universitario (impartía Historia de la Medicina en la UMA), Jesús Castellanos gozaba de un exquisito y nada anquilosado criterio artístico. Desde su faceta más célebre, la de diseñador, ha legado una cantidad de diseños y proyectos inabarcables a las hermandades de Málaga y su provincia. Su alma historiadora le llevó a participar en importantes publicaciones sobre la Semana Santa de Málaga, contando la historia sin tapujos y con un estilo directo y honrado. Escritor de literatura cómoda de leer, conciso de ideas y emotivo cuando la temática lo requería; orador espléndido y valiente; polemista, en el mejor posible de sus sentidos, derribaba argumentos a base de argumentos, éstos aún más sólidos y preparados, a la vez que aportaba siempre soluciones a los problemas que él mismo planteaba. Vestidor de imágenes religiosas, florista y hasta modelador de barro en particular; pero en general, inconfundible creador de altares ciclópeos y efemérides de altura, a veces con medios materiales y humanos dignos de tirar la toalla a las primeras de cambio. A partir de cuatro corchos, de su mente han salido descomunales y efectistas altares del Corpus o de cultos extraordinarios. Dominador del trampantojo, pasaba de las manos manchadas de pintura y una camiseta, al traje de chaqueta cuando lo requería.

Castellanos ha sido vicepresidente de la Agrupación de Cofradías, y en la actualidad era director de su Museo de la Semana Santa de Málaga. Formó parte de la comisión del centenario de la Banda del Real Cuerpo de Bomberos, madre y maestra del género de cornetas y tambores, fundada en 1911. Fue requerido por el Obispado de Málaga para regir los destinos de la hermandad de sus orígenes, la de la Estrella, presidiendo la Comisión Gestora interpuesta por Palacio entre 1996 y 2001. Autor de una pléyade de presentaciones, especialmente de piezas artísticas. Sobre dicho gremio (bordadores, orfebres, tallistas, escultores) no sólo congeniaba de forma especial, sino que además éstos, en su inmensa mayoría, atendían sus sugerencias y los artistas noveles se las han aplicado como necesario aprendizaje del oficio. No existe apenas taller que no haya trabajado con sus diseños o con las directrices dictadas por su instinto. Ni taller al que no le buscó trabajo.

 

 
 
El Cristo del Perdón saliendo por la puerta
de la iglesia de Santo Domingo que él logró abrir

 

A la hora de valorar su obra, hay firmas más acreditadas para hacerlo. Pero ninguna podrá cuestionar su obra maestra: Dolores del Puente, una hermandad germinada a comienzos de los 80 que hizo realidad Jesús con un grupo de cofrades, y de la que nuestro artista fue hermano mayor y, hasta su fallecimiento, secretario general. De la mano de su creatividad, la Cofradía de los Dolores del Puente supuso una vuelta de calcetín al concepto procesional existente en Málaga. Alejado del modelo de posguerra de tronos enormes, que en esos momentos gozaba de mala salud a nivel disciplinario y estético; pero a su vez renunciando a los aires frescos que, sometidos al influjo sevillano, importaban sus cofradías coetáneas, Dolores del Puente es una relectura ecléctica que tiene de todo, excepto complejos. Sus inicios se fraguan en torno a una imagen de enorme poso devocional remontado a 1747: la bellísima y simpar Virgen de los Dolores, atribuida a Pedro Asensio de la Cerda (hacia 1740-1746) que recibe culto en una capilla callejera frente al puente de Santo Domingo. Jesús Castellanos y sus compañeros de aventura (porque esto lo era), reactivan su culto y se organizan como cofradía. En 1987, hoy hace 25 años, bendicen su segundo titular, el fabuloso Cristo del Perdón tallado por Suso de Marcos, sobresaliente escultor gallego afincado en Málaga, que si bien no se ha prodigado en estatuaria procesional cuenta en la ciudad con un interesantísimo catálogo de piezas religiosas. Para este Crucificado, lideró la magnífica restauración de una capilla de la parroquia de Santo Domingo; y cuando digo lideró, lideró desde el andamio restaurando yeserías. Lo mismo haría luego para reconstruir la capilla callejera del Puente, que acoge la Virgen todos los días.

Escapada del postizo e innecesario cliché que divide las cofradías entre las de capa o las de cola, los Dolores del Puente es una cofradía sobria en su procesión del Lunes Santo, pero con concesiones más que justificadas en numerosos aspectos que, insisto, la hacen afortunadamente inclasificable. En 1997, cumplidos los 250 años ininterrumpidos de devoción callejera a la Virgen (ininterrumpida, pues hasta en los asaltos de 1931 y 1936, el querido icono fue respetado), se le ofreció a la Dolorosa una corona, que hubo que esperar hasta el 31 de octubre de 2004 para verla puesta sobre sus sienes. Aquel día tiene lugar la Coronación Canónica y, de su mano, se produce una explosión artística, rematándose la creación de Jesús Castellanos para la Virgen: estrena un trono de inspiración antequerana, un manto bordado por sus hermanos, y la cofradía pasa a sacar a la calle cada Lunes Santo dos tronos. Delante, el grupo escultórico del Cristo del Perdón, que finalizado años antes esperaba el momento, y cerrando la comitiva, la Virgen de los Dolores. En la actualidad, se trabaja sobre el nuevo trono del Cristo del Perdón, también diseñado por Jesús Castellanos, que verá la luz en los próximos años.

Pero sus obras, más allá de su cofradía, no cesan de emerger: el trono de Jesús de los Pasos en el Monte Calvario (1992) de la Cofradía del Rocío, que talló Antonio Martín, es ejemplo de su enorme creatividad y atinado concepto volumétrico. Además, vino a destacarse en los últimos años como la vanguardia de una tendencia, sin duda con la sombra de su filosofía detrás: la reconstrucción de tronos. Superada la época en que se daban golpes de timón estéticos, Castellanos guió el afán por mantener las líneas de los clásicos tronos malagueños, sólo que mejorados en distribución y calidad de materiales. El primero de ellos fue, en 1996, el trono del Cristo de Ánimas de Ciegos. Pero sin duda, el de resultado más feliz es el de la Virgen de la Soledad de la Congregación de Mena, tallado por Antonio Ibáñez en 2006, que ha abierto un camino ejemplarizante por el que seguirán los tronos de la Virgen de la Paloma (con el diseño de Castellanos ya finalizado) y el de Jesús de la Sentencia (en cuyo proyecto se encontraba trabajando al sobrevenirle la muerte).

Como sería interminable (y ya ha salido largo el artículo) detallar todas las piezas que ha diseñado o ideado, no hallo mejor forma de atinar en la dimensión de lo que Jesús Castellanos ha significado y significa para Málaga que afirmar, sin temblar, que si la Virgen de la Victoria tiene la Medalla de la Ciudad, es porque él lo pidió a voces en un pregón de Semana Santa; que si hay una puerta abierta en la iglesia de Santo Domingo para poder salir las cofradías de su interior, es por la presión que ejerció ante toda institución viviente que se le plantó; que si hoy existe un lobby, por pequeño que sea, a favor del sublime Resucitado de José Capuz, es gracias a su defensa y fidelidad hacia dicha pieza; y que si muchos cofrades en la ciudad detestan el tonteo aplaudidor y denuncian lo mejorable, es porque Jesús Castellanos ha enseñado, al final y con hechos, que para que media Málaga, hasta tu Virgen, rece ante tu ataúd, hay que ser ante todo honrado contigo y con los demás.

 

 
 
La Virgen de la Victoria con la Medalla de la
Ciudad que él reclamó en su pregón del año 2000

 

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