MÉXICO RECUPERA EL PATRIMONIO DAÑADO POR LOS SEÍSMOS DEL AÑO 2017

10/09/2019


 

 

Con el apoyo de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, así como de las diversas instituciones locales dedicadas a la protección del patrimonio cultural, los especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) continúan con los trabajos de restauración del patrimonio mexicano que resultó afectado por los seísmos ocurridos en septiembre del año 2017 (ver enlace).

De hecho, ayer el INAH anunció que la restauración de la Capilla de la Tercera Orden de San Francisco en Atlixco, Puebla (imagen superior) se encuentra al 80%. Dicha capilla, ubicada en el Pueblo Mágico de Atlixco, data de finales del siglo XVII y principios del XVIII. Su fachada es un ejemplo notable del estilo barroco en la ciudad de Puebla. Por los seísmos el inmueble sufrió daños estructurales en la cúpula y en su bóveda principal, así como fisuras y desprendimiento de aplanados en los muros laterales. Los trabajos de restauración se iniciaron en septiembre de 2018 e implicaron el cosido, inyección y repellado de las grietas, con el fin de consolidar los muros dañados en la bóveda del coro y en el sotocoro. Posteriormente, en el techo se realizó un tratamiento impermeabilizante a base de petatillo de barro, con lo cual se eliminaron las filtraciones de agua a la edificación. A fecha de hoy, la nave principal del templo se encuentra prácticamente consolidada y solo quedan pendientes los trabajos en los espacios anexos: antesacristía, sacristía y casa del capellán. Mediante los trabajos se resarcieron las grietas que se registraron a lo largo, los costados y el centro de la bóveda, las mismas que se extendieron y partieron los arcos que sostienen la cúpula. Tras asegurar y apuntalar los elementos en riesgo, se procedió a consolidar los muros laterales a través de inyección y cosido. Acerca de los bienes muebles del siglo XVIII que alberga la capilla, el restaurador Pablo Vidal, de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del INAH, refirió que actualmente se conforma el proyecto para intervenir los retablos, esculturas y dos pinturas laterales de gran formato con pasajes de la vida de Cristo y de los franciscanos.

Otra restauración casi lista es la de la Casa del Mayorazgo de Guerrero (Ciudad de México), inmueble del siglo XVIII ubicado en el centro histórico. Se trata de una edificación del arquitecto Francisco Guerrero y Torres que, además de albergar laboratorios especializados del INAH, resguarda el mural "El Canto y la Música" (1933), del pintor oaxaqueño Rufino Tamayo (1899-1991), lo que obligó a los especialistas del INAH a realizar acciones preventivas para evitar afectaciones. Los seísmos provocaron grietas y fisuras (en sentido vertical) en los muros, siendo los transversales de la crujía sur los más afectados. El patio principal del inmueble se compone de cuatro arcos, de los cuales el ubicado al sur presentó una fisura en una de las dovelas. También hubo desprendimiento y pérdida de adherencia de los recubrimientos de muros, así como deformación del piso de duela en el área de acervo de publicaciones. No obstante, este conjunto arquitectónico respondió bien ante los movimientos telúricos, de manera que las afectaciones no comprometieron la estabilidad y seguridad de la estructura.

Prácticamente concluida está también la rehabilitación del Museo Histórico del Oriente de Morelos (Casa de Morelos) en Cuautla. De hecho, reabrió el pasado mes de agosto tras su cierre temporal a consecuencia de los daños que registró por los seísmos de 2017. El edificio histórico, que fue casa de José María Morelos, sufrió afectaciones en segundo grado, razón por la que sus colecciones fueron guardadas y el espacio quedó cerrado al público. La Casa de Morelos fue edificada en forma de "L" a mediados del siglo XVIII. Su sistema constructivo es de mampostería, con piedra bola de río y partes de adobe, materiales con poca flexibilidad, lo que generó fisuras y algunas grietas, principalmente en las esquinas de los muros. Las bardas perimetrales de los costados poniente y sur, y las oficinas, ubicadas en el lado sur, también presentaron las mismas afectaciones. Lo más aparatoso estaba en dos edificios colindantes, uno con riesgo de venirse abajo sobre la fachada principal del museo, y otro en el límite con el patio, en el interior. Ambas edificaciones las apuntaló el INAH. Para la restauración del museo se han utilizado materiales naturales, sin aditivos contemporáneos ni cemento, sino cal y baba de nopal. Ya están concluidas las salas del frente, así como el vestíbulo y las salas subsecuentes del ala este. Quedan pendientes algunos aplanados y detalles de restauración.

 

 

Una de las joyas de la arquitectura religiosa más antiguas del estado de Guerrero, el Santuario de Nuestro Padre Jesús en Tecalpulco (Taxco de Alarcón), también está siendo restaurado por especialistas bajo la supervisión de arquitectos y restauradores del INAH. El templo (imagen superior, antes y después), construido por los agustinos en el siglo XVI, presentó grietas por los seísmos, básicamente en los muros testero, oriente y sur de la nave principal. Sus mamposterías están construidas con piedras lajas, similares a las que se usaban en la época prehispánica para edificar estructuras en la región. Actualmente se están inyectando las grietas con el fin de consolidar los muros, y se integrarán dos contrafuertes que el inmueble requiere. El trabajo más delicado será la intervención en el interior para proteger y conservar la pintura mural, la cual cuenta con cuatro capas pictóricas, la más antigua de principios del siglo XVII. El santuario cuenta con dos altares de estilo clásico: el dedicado a Nuestro Padre Jesús tuvo agrietamientos en la superficie de adosamiento con el muro testero donde se ubica, y un altar lateral que sufrió la separación con respecto al muro norte, al cual se encontraba adosado. El santuario cuenta con poco más de 200 exvotos, los cuales fueron registrados y resguardados para su posterior catalogación y posible restauración. También alberga tres esculturas policromadas de Nuestro Padre Jesús, las cuales datan del siglo XVIII. Actualmente se encuentran resguardadas en la Parroquia de Nuestra Señora de la Luz, iglesia del siglo XIX que sufrió daños en el centro de las bóvedas, en el altar y en los cruceros, los cuales ya fueron resarcidos. Por último, destacar que Santuario de Nuestro Padre Jesús cuenta con una torre, en el lado norte de su fachada, edificada en el siglo XVIII, la cual fue tomada como ejemplo y replicada en la parroquia, mediante el uso de lajas más grandes, a un costado del recinto del siglo XVI.

Terminamos con otro inmueble religioso cuyos trabajos de restauración, en este caso, ya han concluido: el Templo de San Felipe Neri en Oaxaca. Las labores consistieron en la atención del muro testero y la pintura mural que decora un nicho, ubicados en la parte posterior del retablo mayor, los cuales resultaron afectados por los seísmos del 7 y 19 de septiembre de 2017. Ubicado en el centro de la capital oaxaqueña, este inmueble colonial -cuya construcción inició en 1733, y concluyó en 1770- tuvo daños en las juntas de los sillares del muro testero (pared que está atrás del retablo mayor). La cara posterior de ese muro alberga el referido nicho, que comunica al retablo mayor con el camarín del templo, un espacio arquitectónico relevante porque ahí se vestía a la escultura del santo patrono: San Felipe Neri. El nicho data de la misma época de construcción del inmueble, y actualmente alberga un Cristo crucificado. Este elemento arquitectónico, que registró leves afectaciones por los seísmos, tiene una interesante decoración a base de pinturas murales con diseños de flores y granadas en colores violeta, rojo, amarillo, verde y azul, con profusas hojas polilobuladas.

Bajo la coordinación y asesoría de expertos del Centro INAH Oaxaca, encabezados por la restauradora Fernanda Martínez, las acciones de restauración-conservación fueron realizadas por empresas especializadas. Los trabajos se centraron en la exploración de la grieta del muro testero, y a partir de un diagnóstico se procedió a la consolidación de la argamasa que junta los sillares, mediante la inyección de lechadas de cal. La restauración de la pintura mural del nicho consistió en la consolidación de oquedades con la inyección de lechadas de cal apagada, así como en el retiro de resanes y mezcla de cemento aplicados anteriormente, por tratarse de un material incompatible y potencialmente dañino para la conservación de este tipo de decoración. Tales resanes fueron sustituidos por mezclas de cal apagada y arena, en proporciones similares al original. Posteriormente, se realizó la reintegración cromática de los diseños fitomorfos. El nicho también cuenta con una sección de madera policromada con la misma decoración de la pintura mural, la cual fue sometida a una limpieza y recuperación de color. Como procesos complementarios a los trabajos de restauración, se retiró el polvo del retablo mayor, por las partes posterior y anterior. El Templo de San Felipe Neri es un edificio construido con cantera verde (material de la región) y cuenta con una profusa fachada de estilo barroco, en la que sobresale la imagen de ese santo por su excepcional talla. El interior (imagen inferior), cuenta con el retablo mayor hecho en madera tallada, cubierta con lámina de oro, así como con otros seis altares laterales dorados de estilo barroco, y con decoración en sus muros de estilo Art Nouveau, realizada a principios del siglo XX.

 

 

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