LOS GRECOS DEL PRADO

02/12/2007


 

Con motivo de la edición del catálogo razonado de la colección de 47 obras del Greco que conserva el Museo del Prado, la pinacoteca presenta la exposición Los Grecos del Prado, en la que por primera vez se reúne la totalidad de los fondos del cretense que atesora el Museo, incluyendo San Bernardino, obra maestra depositada en Toledo desde el año 1910.

A través del recorrido de la muestra, el visitante descubrirá la historia del Greco en el Museo y la forma en la que ingresaron sus obras. Una ocasión única para llamar la atención sobre este extraordinario conjunto, la mejor y mayor representación del artista que se conserva reunida en el mundo. Tanto el catálogo como la exposición han sido patrocinados por CCM.

Curiosamente, la primera exposición monográfica que celebró el Prado, en 1902, estaba dedicada al Greco. Un siglo después, el Museo vuelve a reunir la colección del maestro cretense proponiendo una nueva mirada sobre la misma en paralelo a la publicación de su primer catálogo razonado, dirigido por Leticia Ruiz, jefa del Departamento de Pintura Española del Renacimiento del Prado. Esta primera exposición que tuvo lugar a principios del siglo XX incluía una veintena de obras que constituían todas las atribuidas al Greco que pertenecían al Museo en ese momento.

Afortunadamente y por diversas razones, el Prado posee a día de hoy un número bastante mayor de obras del cretense por lo que la exposición actual incluye 37 obras autógrafas del Greco junto a otras 10 de sus seguidores o su entorno. Con ella, el Museo celebra la publicación del catálogo razonado de esta colección proponiendo un recorrido similar al que se refleja en el libro, que toma como punto de partida el origen de los grecos del Museo: desde el primer conjunto, que procedía de las colecciones reales; continuando por las obras religiosas que vinieron a enriquecer este primer germen de la colección, procedentes del desaparecido Museo de la Trinidad; hasta los que corresponden a época más reciente, procedentes de donaciones, legados y compras.

A la treintena de obras del Greco que exhibe el Prado en sus salas habitualmente, se suman ahora otras pinturas suyas o de su entorno, que no se exponen de forma permanente, o que se encuentran depositadas en otras instituciones, como es el caso del San Bernardino, obra maestra del artista depositada en la Casa-Museo del Greco en Toledo y no expuesta en el Prado precisamente desde la muestra de 1902.

El catálogo que se presenta ahora confirma como obras autógrafas del Greco con la colaboración de su taller 37 de las 47 obras que se exhiben en la exposición y cuyo conjunto total se incluye también en la publicación.

La exposición comienza con las primeras obras del Greco que se expusieron en el Museo, las procedentes de la colección real. Se trata de una galería de retratos, entre los que figuran hitos tan representativos como El Caballero de la Mano en el Pecho y que le otorgaron durante buena parte del siglo XIX una notable fama como retratista del caballero español. Junto a estos se expone también La Trinidad, pintada para el retablo de Santo Domingo de Toledo, una de las grandes obras maestras del artista y la primera pintura religiosa con que contó el Museo del Prado.

Este origen de la colección del Museo describe también la fortuna crítica del pintor. Hasta 1872 tenía una absoluta prevalencia la imagen del Greco retratista que ofrecía el Prado pero, gracias a la incorporación en 1872 de las 15 composiciones del artista procedentes de los fondos del Museo de la Trinidad, el Greco comenzó a ser cada vez más valorado por sus escenas religiosas, entre las que cabe destacar La Anunciación del retablo de Doña María de Aragón, el único encargo que tuvo en Madrid y protagonista del segundo ámbito de la muestra.

El cuarto espacio de la muestra está dedicado a los generosos legados y donaciones que entre 1915 y 1962 aportaron al Prado otras importantes obras del pintor, como el San Sebastián, donación de la Marquesa de Casa Riera en 1959, o las dos excepcionales esculturas de Epimeteo y Pandora, donadas por la viuda del Conde de las Infantas en 1962. Sus donaciones supusieron un gesto de enorme generosidad ya que en el momento de las mismas el Greco ya era sumamente valorado. Había pasado de ser un artista considerado secundario dentro de la escuela italiana en la época de la fundación del Prado, en 1819, a tener un reconocimiento total en el siglo XX.

La quinta y última sala reúne las obras compradas por el propio Museo o el Estado, y que han servido no sólo para añadir obras tan emblemáticas como La Adoración de los Pastores que el Greco realizó para su sepultura, sino para mejorar algunos aspectos de su producción que no estaban representados, o lo están escasamente, en la institución, como las series de apóstoles, la producción no religiosa del cretense a través del magnífico lienzo Fábula, o la etapa italiana. A esa fase corresponde la última de las adquisiciones, La Huida a Egipto, que ingresó en el Prado en el año 2000.

La colección de vaciados realizada en el siglo XVII por escultores y formadores como Matteo Bonucelli, Cesare Sebastiani, Girolamo Ferreri y Pietro del Duca, constituye hoy una documentación excepcional del estado en que se encontraban las más famosas esculturas de Roma en el momento de ser adquiridas por Velázquez. Todas ellas fueron profundamente transformadas en restauraciones posteriores, y sobre todo en el siglo XVIII, lo que da a las que se trajeron a Madrid un extraordinario valor histórico.

El proceso de restauración que se ha realizado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en los últimos años, ha permitido reconocer algunos de éstos vaciados históricos. La estela de muchas de estas esculturas ha quedado en los dibujos hechos por alumnos en la Academia de San Fernando, así como las copias y estudios que pertenecieron a Roberto y Pedro Michel, que hoy se guardan en el Museo de la Casa de la Moneda.

Esta exposición aporta nuevos datos y documentos sobre el interés de Velázquez por la escultura, reuniendo por vez primera un conjunto de obras que quedaron separadas y destinadas a fines diversos hace más de 250 años.

El horario de la exposición es el siguiente: de martes a viernes, de 10:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 horas; lunes, sábados, domingos y festivos de 10:00 a 14:00 horas; cerrado el 24, 25 y 31 de diciembre, y el 1 y 6 de enero.

 

Del 4 de diciembre de 2007 al 10 de febrero de 2008
en el Museo del Prado de Madrid

 

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