NUEVAS TALLAS DE JOSÉ HERNÁNDEZ NAVARRO PARA MURCIA

Texto y fotografías de Juan Fernández Saorín (06/05/2011)


 

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El pasado 2 de abril tuvo lugar la presentación y bendición, en la parroquia murciana de Nuestra Señora del Carmen, del nuevo paso procesional del Santísimo Cristo del Amor en la Conversión del Buen Ladrón, perteneciente a la Archicofradía de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, viendo la luz dentro del Año Jubilar que dicha corporación de penitencia se encuentra celebrando como consecuencia del VI Centenario de su fundación.

Se trata de una obra ejecutada magistralmente por el afamado y consagrado escultor e imaginero de la pedanía murciana de Los Ramos, José Antonio Hernández Navarro, que desfiló por primera vez el pasado Jueves Santo, en la denominada Procesión de la Soledad organizada por dicha Archicofradía, incorporándose como nuevo acompañante de las imágenes de Nuestro Padre Jesús de la Humillación (anónimo del siglo XVII) y Nuestra Señora de la Soledad (Antonio Campillo, 1984).

La escena recurrida por sus promotores recoge el momento en el que San Dimas, uno de los ladrones que fueron crucificados junto a Jesús, reconoce su divinidad y expresa su deseo de que el Hijo de Dios se acuerde de él en la inauguración de su Reino. Mientras, Gestas, el otro de los malhechores, se mofa del Redentor profiriéndole insultos. Las tres figuras crucificadas desfilan sobre el trono de La Samaritana, perteneciente a esta emblemática cofradía murciana, de ahí que dichas andas hayan sido acondicionadas para que el Miércoles Santo desfile con las imágenes de Roque López y el Jueves Santo haga lo propio con las nuevas imágenes de Hernández Navarro.

Hernández Navarro sabe acometer el momento crucial de la escena. A pesar de contar con tres crucificados y aparentar poseer escaso movimiento, el autor, siguiendo los ejemplos de Gregorio Fernández en Valladolid o de Ramón Álvarez en Zamora, concibe a Gestas con un enclavamiento de pies asimétrico y retorcido sobre la cruz, reflejando toda la maldad de alguien que repudia con desprecio el amor, la verdad y el perdón, y dotándole a su cabello del color pelirrojo que tanto utilizó Francisco Salzillo en sus creaciones para representar la figura de Judas. Su agitación contrasta con los serenos gestos de los dos protagonistas de la escena principal: Jesús y San Dimas. Hernández Navarro hace uso de cruces semiarbóreas y clava por los pies a cada crucificado de diferente forma, resaltando la gran calidad en el modelado de los pies de Cristo, de reminiscencias goticistas.

San Dimas, de rostro dulcificado a pesar del suplicio, cruza su mirada con Jesús en el momento en que se convierte al mensaje de amor que el Salvador deja escrito con su sangre para todos los hombres en aquel monte a través de la cruz: “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23,43). Su autor, insisto, a pesar de las pocas opciones en el estudio del movimiento, sabe impregnar y cubrir todo el espacio escénico entre el cómplice cruce de miradas y el diálogo mantenido entre Dimas y Jesús, enfatizado con sus bocas entreabiertas y la inquietud corporal de Gestas. Para ello hace alarde de un perfecto estudio de la envergadura de los crucificados, pues aunque Dimas es más alto que Jesús, su cabeza queda por debajo de la suya para que, elevándola y girándola hacia su izquierda, se encuentre con la mirada de aquél que inclina su cabeza hacia abajo y gira hacia su derecha.

El dulce rostro de Jesús inspira paz, sosiego y serenidad, aunque no exento de angustia, aceptando la voluntad del padre. Gestas, barrigudo y pelirrojo, sigue un tanto los modelos de los grandes maestros anteriormente citados. Con la imagen de Dimas, Hernández Navarro nos sorprende, pues lo interpreta mulato, de piel oscura, tal vez en un guiño hacia la multiculturalidad que rebosa el populoso barrio murciano del Carmen.

Pulsando sobre el icono, podrán ver una galería fotográfica de tres imágenes cuyo estudio anatómico es magistral, presentando un suave y blando modelado, así como una excepcional morbidez, con la particular forma del autor de entender la espiritualización a través de la estilización de sus imágenes, tal y como ya nos tiene habituados durante la última década. José Hernández Navarro otorga diferenciación entre lo divino y santificado en las imágenes de Jesús y San Dimas, respectivamente, y la figura de inconexa espiritualidad por la presencia del mal de Gestas.

 

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