NUEVAS OBRAS DE JUAN Y SEBASTIÁN MARTÍNEZ CAVA

Alejandro Romero Cabrera. Con fotografías de Joaquín Zamora (04/06/2019)


 

 

A pesar de los duros momentos por los que está pasando la sociedad, los artistas siguen trabajando para ayudarnos con sus obras a acercarnos más aún a Dios. Es el caso de los imagineros murcianos Juan y Sebastián Martínez Cava (ganadores del Premio Nacional de Escultura "La Hornacina" 2020), quienes han realizado dos nuevas imágenes de la Inmaculada Concepción y San José, destinadas a ser los patronos del Seminario Menor "San José" de la Diócesis de Cartagena, situado en la localidad murciana de Santomera.

Han sido colocadas a ambos lados del altar mayor de la capilla privada de dicho Seminario y bendecidas por el Obispo de Cartagena, Monseñor D. José Manuel Lorca Planes.

Se trata de dos imágenes de 1'30 m. de altura, concebidas para formar un conjunto armonioso a ambos lados del sagrario. Son de talla completa en madera, doradas, bruñidas, policromadas al óleo y estofadas. Los ojos de cristal y las pestañas, han sido elaborados artesanalmente por los propios artistas, así como el ramillete de flores de tela y cristal que porta San José. Todos los elementos metálicos (en la Inmaculada Concepción el aro de estrellas, las azucenas del ángel, los pendientes y el broche; en San José la aureola del Patriarca y el nimbo potenciado del Niño) han sido realizados por el afamado orfebre valenciano Miguel Ángel Bertomeu, de forma completamente artesanal.

Para acentuar el carácter de obra conjunta, ambas imágenes van sobre pedestales idénticos y, además, optaron por mostrar a San José en su iconografía glorificada (en lugar de terrena) para procurar una buena armonía también entre las nubes que los elevan. Tanto la Inmaculada Concepción como San José visten los colores propios de sus respectivas iconografías.

Ambas tallas reflejan la potente inspiración de los Hermanos Cava en la más genuina estética salzillesca, depurada de truncadas adiciones tópicas y enriquecida con la especial esbeltez, finura y delicadeza que les caracteriza y que tanto tiene que ver con la más amplia tradición estética de todo el Levante español. La opción por el colorido brillante y los muy elaborados estofados (de estilo rococó en este caso) acentúan aún más esta adscripción estilística.

La figura de María en la Inmaculada Concepción aparece conformada de tal manera en sus ropajes y distribución de volúmenes y pesos que, aunque tenga sus pies sobre la nube, da la sensación de permanecer flotando en el aire, envuelta por las corrientes que dan vida y movimiento al manto. Junta las manos en actitud orante y dirige su mirada al espectador. Al mismo tiempo, un magistral angelote porta las azucenas de plata, símbolo de la pureza de María, y nos invita a contemplarla y venerarla. Dos querubines completan la visión de esta Inmaculada Concepción.

San José aparece sobre las nubes, erguido, pero en una actitud muy cariñosa con el Niño Jesús, encantadora imagen que, en un gesto de inmensa ternura, junta casi por completo su cara con la de su padre putativo mientras le habla de las cosas de su Padre del Cielo, Dios, a quien señala con el dedo. Dos barrocos querubes completan la escena con su habitual ternura. La composición más pesante y quieta de sus ropajes contrasta con el movimiento etéreo de los de la Inmaculada Concepción, para remarcar así la realidad de la visión mística o apocalíptica de aquella, frente a la realidad terrenal de la paternidad de San José.

 

Nota de La Hornacina: Alejandro Romero Cabrera es Historiador del Arte. Acceso a la galería fotográfica de las obras a través del icono que encabeza la noticia.

 

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