Jesús Abades y Sergio Cabaco
¿Cómo ha recibido el año 2006, laboralmente hablando?
Muy bien. Hasta ahora he entregado una imagen de San Juan Evangelista para Ciudad Real, el monumento de San Juan de Dios para Málaga, la imagen de Cristo en su Sagrada Entrada en Jerusalén para Colmenar de Oreja (Madrid), un sayón y un romano para Lepe y dos imágenes muy especiales para mi como han sido la niña hebrea y la imagen de San Pedro para el Misterio de la Hermandad de la Borriquita de Coria del Río a la que me une un gran afecto. Y ahora acabo de entregar una imagen de la Virgen del Carmen para la fachada de la iglesia carmelitana del Buen Suceso de Sevilla.
Hay quienes piensan que, pese a seguir unas fórmulas impuestas en el barroco, la imaginería ha sido siempre hija de su tiempo, ¿está de acuerdo?
Totalmente. Todas las ramas del arte han sido siempre un reflejo del momento histórico y la imaginería no iba a ser menos.
¿Y qué línea lleva la imaginería de hoy en día?
Yo diría que hay una tendencia bastante fuerte al naturalismo y hay un grupo de imagineros que está rescatando aspectos que se estaban perdiendo como la capacidad devocional de las imágenes que, en definitiva, es para lo que están hechas.
¿Qué acontecimiento destacaría especialmente de su trayectoria?
Aunque ha habido momentos y obras muy especiales para mi no destacaría nada en particular. Me quedo con lo bueno y con lo malo, de todo se aprende. Pero de lo bueno recuerdo con mucho cariño los años de aprendizaje en el taller de mi maestro Don Antonio Dubé de Luque al cual le debo mucho. Un acontecimiento muy emotivo para mi fue la bendición de mi Cristo del Consuelo, mi primer Cristo Crucificado. Por supuesto, no puedo dejar atrás todos los momentos que he vivido en Coria del Río alrededor del Cristo de la Salud en su Sagrada Entrada en Jerusalén, la bendición de la imagen, sus íntimos via crucis por el interior del templo, su salida el Domingo de Ramos y muchas otras vivencias que he tenido allí. Me siento muy ligado a esta Hermandad porque no se me olvidará que hace seis años era un entusiasta grupo de jóvenes cristianos que confiaron en mi para hacer su imagen titular.
¿Y cual preferiría olvidar?
Soy bastante optimista, no olvidaría nada, procuro sacar de todas las experiencias un aprendizaje, y verle a lo malo su parte positiva.
A lo largo de su carrera, usted ha versionado en varias ocasiones la iconografía de San Juan de Dios. ¿Cuáles piensa que son los motivos que la han hecho tan especial para que sea últimamente tan demandada?
Los motivos por los que demandan esta iconografía no los sé, lo que sí sé es por qué me gusta tanto representarla. Y es que soy un apasionado de la figura de San Juan de Dios y de su obra, de la que tenía información por motivos personales y en la que profundicé para poder hacer mi primera imagen del santo, la que hoy se encuentra en la Residencia que los hermanos de San Juan de Dios tienen en la calle Sagasta de Sevilla. Además, la iconografía de este Santo está abierta a infinidad de posibilidades para crear nuevos modelos. Me parece muy interesante.
Usted fue el ganador de la primera edición de la Bienal de Imaginería Sebastián Santos Rojas, ¿cómo recuerda la experiencia?
Era muy joven, creo que tenía 22 años y estaba empezando. Llevaría por aquel año de 1995 unos tres años trabajando. Ganar el primer Certamen que lleva el nombre de Sebastián Santos Rojas me llenó de satisfacción porque, además, soy un admirador de su obra. Así que la recuerdo con mucha alegría.
¿Ha seguido la última edición del certamen, recientemente celebrada?
Sí, muy de cerca y con mucho entusiasmo ya que el segundo premio ha recaído sobre Francisco Malo Guerrero, un muchacho estudiante de Bellas Artes que, en sus ratos libres, está aprendiendo la profesión de la imaginería en mi taller. De hecho, fue allí donde hizo su obra “Virgen del Carmen” merecedora del primer premio.
Además, ha sido uno de los primeros imagineros de Sevilla en tener espacio propio en la red.
Sí, es verdad que fui uno de los primeros imagineros en tener página web. Soy consciente de lo tradicional que es esta profesión y yo lo defiendo, pero también soy partidario de las nuevas tecnologías que se le puedan aplicar siempre que supongan un beneficio.
¿Cuál ha sido el proceso de elaboración más largo de una obra al que se ha tenido que enfrentar?
Todas las obras tienen una elaboración parecida en la que hay una primera parte creativa y otra técnica. Las dos son importantes pero hay obras en las que una de estas partes es más difícil como fue el caso de la imagen del beato Ceferino que hice para la Hermandad de los Gitanos de Sevilla porque hubo que crearle una iconografía.
¿Suele ser muy perfeccionista a la hora de obtener resultados?
Mucho. Me gusta que mis obras estén muy estudiadas, trabajadas y bien terminadas. Lo hago por satisfacción personal y por el cliente, ya que cuando compramos una obra de arte queremos la mejor posible, no nos vale una cualquiera.
Al ser miembro de una reconocida familia de imagineros, no parece probable que, en solitario, haya descubierto aspectos de la imaginería que desconocía.
A diferencia de otras ramas del arte como la arquitectura en la que el producto final suele ser el resultado de un trabajo en equipo, la escultura es un arte, al igual que la pintura, muy individual. La mayoría de las cosas se descubren por la experiencia personal, la preparación académica y la sensibilidad de cada persona.
Dicen de usted que se crece en la ejecución de tallas que implican una mayor complejidad.
No sé si lo conseguiré, pero necesito ponerme retos y superarme cada día. Así que cuanto más complejidad haya en una futura obra, mejor.
También comentan muchos que el delicado tratamiento que otorga a los semblantes de sus obras resulta muy difícil de ver en estos tiempos.
Una imagen debe transmitir devoción a los fieles y creo que el autor debe tener una sensibilidad especial, además de una gran preparación religiosa y en estos tiempos se carece de estos valores que tanta falta hacen para llevar a buen término una imagen sagrada.
Para algunos artistas, a la hora de labrar una imagen de La Pasión resulta más dificil expresar el dolor interiorizado que la tragedia desgarrada, ¿comparte esa opinión?
Totalmente. Lo sutil es muy difícil de representar. Yo intento por todos los medios que mis imágenes parezcan que tienen alma y sentimientos, ya expresen alegría o dolor, interiorizado o desgarrado, lo que ocurre es que sólo hay un paso del desgarro a lo puramente caricaturesco y es muy fácil caer en esta última.
Pese a que entre su gremio siempre se defienda el respeto de las intervenciones, cada vez hay más gente que no ve con buenos ojos las restauraciones practicadas por los propios imagineros, ¿pagan justos por pecadores?
Pues sí, ¿por qué un imaginero además de tener preparación como tal no va a poder tener los conocimientos requeridos en restauración y ejercerla?. Pongo los ejemplos del Santísimo Cristo del Desamparo y Abandono del Cerro y el de la Piedad de la Sagrada Mortaja, ambos restaurados magníficamente por Juan Manuel Miñarro.
¿Es variada su clientela?
Gracias a Dios sí. Trabajo para hermandades, parroquias, órdenes religiosas y particulares, y me alegra que sea así porque eso me enriquece y hace que mi producción sea muy variada.
¿Sería posible saber su opinión sobre un tema tan controvertido como la restauración de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, la venerada talla de Juan de Mesa?
Mi opinión es muy sencilla. Está en muy buenas manos, aún así sigo pensando que aquí en Sevilla tenemos muy buenos profesionales. Y en cuanto a lo que le están haciendo, apoyo incondicionalmente el criterio conservacionista. Pienso que la policromía del Señor tal cual la conocemos potencia el dramatismo que Juan de Mesa otorgó a la imagen. Es una talla muy efectista, diría que impresionista. La devoción de miles de fieles también ha dejado marcada su huella en el Señor del Gran Poder. Por eso creo que nunca habría que restaurarlo, sino sólo y únicamente, mantenerlo como está, conservarlo.
¿Qué proyectos tiene para los próximos meses?
Ahora mismo estoy trabajando en una imagen de San Benito Menni para Ciempozuelos, que entregaré pasado el verano. También estoy empezando un Cristo para Toledo, un San Juan para la Borriquita de Coria del Río y un sayón y un romano para Lepe.
Por último, nos gustaría que nos seleccionara algunas obras que, en su opinión, merecen figurar entre lo mejor de la imaginería española.
Me lo pones muy difícil porque entre las diferentes escuelas y etapas artísticas podría empezar y no parar y no quiero cansar al lector, pero mencionaré algunas que me inquietan y que tengo como exponentes: San Jerónimo Penitente de Pietro Torrigiano; El Entierro de Cristo de Juan de Juni, del museo de escultura de Valladolid; Los crucificados de la Clemencia de Montañés, Buena Muerte de Juan de Mesa y Buena Muerte de Cádiz, y un largo etcétera.
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