ALFONSO CASTELLANO

Jesús Abades (01/09/2018)


 

"Cuando el cliente siente y disfruta de lo que uno hace, el artista siempre trabaja mejor"

 

 

Empecemos por lo que suele ser el final y cuéntanos los proyectos que tienes para los próximos años. Según tengo entendido son muy numerosos.

El primer trabajo que tengo para este año es el grupo a tamaño natural de la Oración del Huerto, Cristo y el ángel confortador, para una localidad de la provincia de Córdoba. También tengo otro proyecto para la provincia cordobesa del que aún no puedo hablar, al igual que otro para Córdoba capital y otro para Úbeda. Todo esto es lo que tengo ahora mismo en ejecución. Para el próximo año tengo dos proyectos más, ambos para Castilla La Mancha: un Cristo Crucificado y un monumento alegórico dedicado a Santa Rita.

Frente al enjambre de artistas que se dicen discípulos de Francisco Romero Zafra, tú eres el único discípulo real u oficial que ha tenido el famoso escultor cordobés.

Sí, en estos momentos creo que sí, aunque también están Juan Jiménez y Pablo Porras, que entraron cuando yo me marché. Con Paco Romero Zafra estuve cuatro años, más o menos. En realidad, soy el único reconocido porque al taller de Paco es cierto que ha ido mucha gente, pero duraban poco allí.

Eres un artista nómada. Has estado en Córdoba, Ciudad Real, Cádiz, Écija... Ahora estás de nuevo en tu Córdoba natal, ¿tienes pensado establecerte en ella o cabe la posibilidad de que elijas un nuevo destino?

No, la verdad es que esta vez ya voy a asentarme en Córdoba, de la que me fui por temas personales y laborales ya que estaba un poco quemado del ambiente cofrade y laboral que estuve viviendo. Luego he ido picando de un sitio y picando de otro, pero aunque nunca se puede decir "de esta agua no beberé", ya me quiero asentar en Córdoba. He vuelto a mi barrio, que es donde quería volver, al lado de mis padres. Además, creo que he tenido suerte al haber regresado, ya que parece que estoy empezando una segunda vida laboral.

Entre tus maestros creo que también tuviste a Miguel Arjona, una figura realmente importante para la imaginería de Córdoba durante varias décadas que falleció hace muy poquito tiempo y que, pese a su carrera, nos parece un escultor muy desconocido cuya muerte ha pasado muy desapercibida. 

Sí, la verdad que en Córdoba está poco reconocido en el ámbito cofrade. De Miguel no fui discípulo, sino colaborador suyo en los dos o tres últimos años. Incluso hice la figura de San Pelagio para su parroquia de Córdoba con un modelo de Miguel, al que conocí cuando ya estaba malito y tenía serios problemas de visión. Yo le terminaba algunas piezas que me daba su cuñado. Miguel es casi un desconocido teniendo en cuenta que fue el continuador de Castillo Ariza, Martínez Cerrillo y demás imagineros de posguerra. Pero Miguel no era un escultor tan cofrade, o no tan a la moda que tenemos de escultor-cofrade. Quizás por eso no se le haya valorado todavía debidamente, pese a haber sido un profesional de los pies a la cabeza. Nunca fue un referente para mí, porque su estilo no casaba con el mío, pero sí es verdad que me gustaba mucho su escultura, su imaginería y sus acabados, sobre todos los estofados y las policromías. Mucha pena que su Ángel se marchara de Córdoba porque era la única pieza que quedaba de Miguel Arjona en la Semana Santa de la ciudad. Me refiero al Ángel de la Oración del Huerto, que hace unos seis o siete años se llevó a Palma del Río.

Para terminar de hablar un poco de tu formación, te tengo que nombrar a una figura menos conocida que Romero Zafra pero quizás más importante en tu aprendizaje: Marco Augusto Dueñas. Cuéntanos un poco sobre este escultor porque creo que fue el que te dio la brújula para cambiar radicalmente de trabajo.

La verdad es que sí. Yo trabajaba en la confitería La Purísima, a la vuelta de la plaza de Capuchinos, frente al Palacio de las Doblas. Trabajaba repartiendo pan a los bares y en la confitería; de hecho, yo precisamente le ponía el desayuno a Paco Romero Zafra y a Antonio Bernal sin saber que eran ellos. A mí me gustaba la imaginería porque soy cofrade de la Hermandad del Amor de Córdoba desde que nací. Después puse unos dibujos en un escaparate, allí mismo en La Purísima, y fue entonces cuando Marco Augusto, que trabajaba enfrente ya que era el escultor que tenía Rafael Gómez en la empresa, vio los dibujos y me invitó a que pasara a su taller. Cuando empecé a irme allí con él, a practicar con el barro en su taller, me dijo que yo tenía talento para esto, que no fuera tonto y que dejara el trabajo que tenía y me fuera con él. Ese fue el detonante para que yo me dedicara a esto. En ese momento nunca pensé que iba a ser imaginero, porque Marco Augusto lo que hacía sobre todo era escultura civil. Fue un tiempo después, cuando Antonio Bernal me invitó a entrar en el taller que por entonces tenía con Paco Romero Zafra, al lado de la panadería, cuando yo dije que quería ser imaginero. Recuerdo que ambos estaban haciendo un Resucitado para Montemayor (Córdoba). Luego Marco Augusto se fue a Italia, a trabajar en una escultura de mármol. Al quedarme yo en Córdoba con la inquietud que tenía por la imaginería, decidí a empezar a trabajar por mi cuenta. Me alquilé una habitación y empecé a modelar y a vender bustos, a regalar imágenes, lo típico cuando uno empieza.

 

 
     
     
Cautivo
 
San Juan de Dios

 

La última de tus obras que hemos presentado Alfonso, es el busto de San Juan de Dios que se presentó en el Colegio de Enfermería de Sevilla y que finalmente se va a Roma. Una obra única en su género al ser la única versión escultórica fiel del famoso retrato del santo que pintó Pedro de Raxis el Joven. ¿Qué se siente a la hora de hacer una obra que, digamos, marca un camino o es inédita hasta la fecha?

La verdad es que ha tenido mucha repercusión porque ni ellos mismos, el colegio sevillano de Enfermería, se lo esperaban, ni yo tampoco la verdad. Primero me encargaron los modelos para los premios y después surgió el tema del busto, ya que querían hacer un regalo a la Casa Principal de San Juan de Dios en Roma. Me puse a hacerla en un buen momento, al regresar a Córdoba con ganas de renacer como el Ave Fénix, de ahí que me ensimismara más de lo habitual con este trabajo, pues confiaba en su repercusión y en su resultado, ya que yo buscaba también cambiar la forma que tenía de trabajar, y creo que el resultado ha sido muy bueno. Es un punto de inflexión para seguir y continuar. Varios de mis compañeros, además, me han comentado que les ha sorprendido gratamente la ejecución de este trabajo, y cosas como ésta son las que hacen que te motives para seguir exigiéndote a ti mismo y seguir superándote en tu trabajo.

A estas alturas, podemos hablar de unos vínculos con los colegios de Enfermería, pues hiciste una exposición en el de Cádiz y ahora estos trabajos para el de Sevilla. Parece que vas a ser el imaginero del gremio.

En Cádiz no pasaba por una buena etapa a nivel personal. Estaba también más apartado de mi profesión, no tenía la ilusión que tengo ahora. El Colegio de Enfermería me dio allí la oportunidad de montar una exposición tras haber visto mi trabajo y la verdad es que caí en gracia, mi trabajo cayó muy bien también y se portaron estupendamente conmigo. A través de Rafael, su director, que es una gran persona, conocí a Carmelo, el secretario del Colegio de Enfermería de Sevilla, que también es historiador y una gran persona, y contó conmigo para los trabajos que me han encargado. No me esperaba nunca haber trabajado para Sevilla capital y más para un organismo oficial como es el Colegio de Enfermería. Estoy muy contento y satisfecho.

Me alegra que estés tan contento porque, como tú mismo has dicho, viviste una etapa en la que perdiste la ilusión. También has contado antes que te fuiste de Córdoba porque estabas muy quemado del ambiente que rodeaba tu trabajo. ¿Crees que existe la infamia alrededor del mundo de la imaginería?

Es un poco complicado responder a eso porque qué es realmente la infamia, Jesús. Quizás que te cojan tirria o que te cojan rabia en el entorno de la profesión, ¿no? Viéndolo como la calumnia o la mentira, es verdad que existe la infamia dentro de este trabajo, supongo que como en todos los trabajos, pero aquí parece que más. El ambiente laboral que tenemos dentro de la imaginería es un poquito especial, sobre todo de cara a las cofradías. Detrás de lo que se muestra afuera, al público, hay un entorno complicado que agota; hasta el punto, en mi caso, que perdí la ilusión por mi trabajo. Sé perfectamente que yo también me he equivocado en muchas ocasiones, como todo el mundo se equivoca en la vida. El problema es que, si no eres fuerte mentalmente, te pueden llegar prácticamente a hundir. Pero bueno, felizmente he conseguido volver a tirar para adelante, porque si no tienes ilusión, o si no vuelves a recuperarla como yo, mejor que no te dediques a este oficio.

¿Guardas rencor a quienes intentaron hundirte?

No, ningún rencor. Me lo tomo como parte también de un aprendizaje, tanto personal como profesional. He vuelto a Córdoba y estoy empezando a trabajar de nuevo. Es como el que hace la carrera de Bellas Artes. Yo he hecho las Bellas Artes de la vida y de mi profesión, pero en la calle, y ahora me toca trabajar. Voy a intentar trabajar siendo feliz en mi trabajo que es lo que pretendo, y ser normal, un imaginero normal.

La verdad es que la situación que me acabas de contar me la han contado compañeros tuyos, y no pocos. Pese a que uno está muy curado de espanto, nunca deja de sorprenderme tanta puñalada trapera y tanta miseria humana que contáis en un mundo de hermandades y cofradías, donde supuestamente la fraternidad y la concordia deberían prevalecer por encima de todo, sobre todo de comportamientos tan poco cristianos.

Sí, pero lo contrario está más que a la orden del día. Yo de verdad puedo decir que tengo compañeros en mi profesión, además de buenos amigos. Y te digo más, lo que se supone es la competencia, también la admiro, tengo admiración por mis compañeros aunque a lo mejor parezca que no. Pero es verdad que este trabajo es complicado. Quizás todavía el imaginero se identifica con las hermandades por el vínculo que tenemos con las mismas: hacemos sus imágenes religiosas. Pero en realidad es un trabajo que se desvincula un poco. Yo personalmente, desde que no estoy metido en las hermandades como antes, vivo más tranquilo y feliz, y no me quiero involucrar con ninguna cofradía salvo para trabajar y hacer mi trabajo para ellas, que es mi pan. El problema es que esto es como todo, pues en las hermandades también hay un plan de negocio a través del que intentan sacar todo lo más barato posible, ya sea orfebrería, bordados, imaginería... A mí, que ya tengo 35 años de edad y 12 ó 14 de profesión, todavía siempre me llaman en Córdoba la "joven promesa imaginera", como para que siempre me quede como que voy a hacer esto de la imaginería para coger fama. Yo no quiero fama, sino simplemente trabajar, poder vivir de esto tranquilamente y no estar en un ambiente cofrade que pienso es de muy de fachada para afuera, por así decirlo, pero luego de fachada para adentro se pierde todo. Luego la gente se cree que conoce al imaginero, pero nunca se le llega a conocer del todo.

 

 
 
Duelo

 

A ti te gusta mucho la Semana Santa, siempre has sido muy cofrade incluso antes de dedicarte a la imaginería, pero también eres muy carnavalero. No sé si alguna vez has cultivado alguna obra relacionada con este tema, o cualquier otra que se escape de la imaginería. No sé tampoco si te gustaría hacerlo.

Es verdad, me gusta el carnaval y he hecho algunas cositas para el carnaval. Hice también el monumento a Luis Cobos en Campo de Criptana, la localidad manchega donde viví. Luego, cuando me fui a Cádiz, hice cosas de temática del carnaval como algunos premios para la capital, un premio que tuve que dárselo a don Antonio Martín García en el Teatro Falla, de la mano de Kiko Zamora, y luego colaboré también haciéndole al coro de Kiko el decorado y la escenografía junto con dos o tres compañeros más del coro. Fue otra experiencia más, otras cosas y otras técnicas. También colaboré para un compañero gaditano que hacía trabajos para otras empresas, y así, haciendo vínculos de colaboración, me fue bastante bien, me gustó mucho. Lo que pasa es que a lo que me dedico es a esto y en realidad lo que me gusta es la imaginería, pero carnavalero a tope.

Una cosa que repites mucho es que tus obras pierden mucho en las fotografías, que no son fotogénicas y que son obras que hay que verlas al natural para poder valorarlas de verdad.

Sí, es cierto, aunque no sé todavía el motivo. Todo el mundo me lo ha dicho siempre, que mi obra gana más en vivo que en fotos. No sé si es que no cojo el negativo a la imagen a la hora de ejecutarla, en realidad no lo sé. De todas maneras, este año estoy investigando para cambiar un poquito ese error en mi imaginería y estudiando otro tipo de cosas para que lo que se publique este año sea una cosa bonita y muy cambiante. No es que cambie el estilo entero pero sí es verdad que va a haber un cambio en mi forma, como un punto de inflexión.

No sé si es la mejor de tus obras, pero sí que a la Virgen de las Lágrimas que hiciste para Úbeda (Jaén) le tienes un cariño muy especial.

La verdad es que sí. Son obras especiales, como mi primer cristo, el Resucitado para Espejo (Córdoba), gracias al cual me sentí por primera vez imaginero. Con la Virgen de las Lágrimas de Úbeda llegó un cambio bastante brusco, se modeló en Córdoba pero se terminó en Écija, ya que su ejecución coincidió con mi marcha de la ciudad. Aparte que esa Virgen tiene algo, le di una cosa muy complicada para poder explicarla. La realidad es que tuvo mucha repercusión, teniendo en cuenta que a mí todo el mundo me decía que yo no era muy de vírgenes, que yo para las vírgenes no estaba dotado.

Tras esa obra has hecho muchas dolorosas.

Por lo menos diez o doce, pues fue una imagen como te digo que llamó mucho la atención. Quizás influyó también el ambiente que la rodeaba en el resultado, pues yo conocía a la hermandad que le rinde culto dos o tres años antes de hacer la Virgen. Estuvieron a punto de quedarse con una imagen mía que al final se quedó aquí en Córdoba, para un particular. Con los de Úbeda creé un vínculo fuerte, pues me agradó el esfuerzo que realizaba el grupo de chavales que sostenía la hermandad. Llevaban años trabajando para conseguir la imagen, y no sé, parece que ante cosas como ésta te tomas tu trabajo de otra manera. Cuando ves que el cliente disfruta de lo que uno hace y lo está sintiendo, el imaginero se siente mejor a la hora de trabajar. La Virgen de las Lágrimas fue como el detonante de un antes y un después, tanto profesional como personal.

 

 
     
     
Cristo de la Expiración
 
Virgen de las Lágrimas

 

No sé si entre los proyectos que has nombrado al principio, está el encargo soñado que todo artista tiene.

Siempre he dicho, y creo que es lo más básico y aún no lo he hecho, que tengo un sentimiento especial de hacer un Nazareno, un Cristo con la cruz a cuestas. Es una iconografía sencilla y típica de hacer que me encantaría hacer. Por desgracia, todavía no la tengo entre mis proyectos.

Alfonso, tú que lo has vivido en primera persona, ¿crees que con la irrupción de Antonio Bernal y de Francisco Romero Zafra en Córdoba se puede hablar, si no de una escuela, de un círculo escultórico que ha supuesto el renacimiento de la imaginería en la ciudad y que además ha influido en otras partes de España?

Es evidente. No me consta tampoco que sea tan inusual en Córdoba. Aquí estuvieron Cerrillo y Arjona, luego Miguel Ángel González Jurado y unos años después, Paco y Antonio. Es cierto que con Paco y Antonio cambiaron las cosas, cambiaron un poco más los acabados, las policromías, los detalles... Pero sin embargo, conforme va pasando el tiempo, yo que he aprendido y he bebido de esa base, me he dado cuenta que en Córdoba hay más que esa escuela que, efectivamente, se ha creado. Por ejemplo, a mí me gusta mucho González Jurado, que es muy sevillano y clásico, pero dentro de eso hace una imaginería también muy cordobesa, alejada de la escuela sevillana. Otro caso es el de Manuel Luque Bonillo, que está trabajando muy bien y últimamente me encanta su obra, al igual que la de Edwin González Solís. Todos ellos tienen su sello propio y personal y no copian a nadie. Entre los escultores que tenemos actualmente en Córdoba, que son los que yo más veo y sigo, me gusta mucho la variedad que hay. De cada uno de ellos aprendo una cosa nueva y creo que voy evolucionando al igual que lo hacen ellos. Pero insisto, evidentemente creo que tanto Paco como Antonio han sido los creadores de un cambio y de que Córdoba fuera un referente de la imaginería.

¿Te informas a través de los medios digitales o eres de los que tantean de vez en cuando para lo básico?

Veo de vez en cuando, unas tres o cuatro veces por semana. Me pongo las pilas y me animo viendo lo que hacen los demás compañeros. No es coraje, para nada, sino un ánimo para seguir para adelante el ver cómo la gente sigue y evoluciona. Al que siempre miro es al que está arriba, porque viendo al que está arriba puedes empujar para arriba, para adelante, para todos lados. Pero la verdad es que sí, que sigo los portales de tema de imaginería o cofrade. Lo que no sigo son las redes sociales, Facebook, Twitter y demás.

Y ya para terminar, con las experiencias que has tenido, ¿tú aconsejarías un baño de humildad, sobre todo a los jóvenes que están empezando ahora?

Sí, porque lo primordial no es solo que te guste mucho tu trabajo, sino que seas consciente de lo que haces. La humildad va en la persona. Yo soy un trabajador normal, que me dedico a lo que me gusta, y es verdad que tienes que ser humilde en tu trabajo, ya seas joven o mayor. También tienes que tener dignidad en tu oficio, es una de las cosas básicas de un trabajador y que, a lo mejor, yo tenía aparcada. Lo único que puedo decir a los nenes que empiezan es que tengan mucha ilusión y que aprendan, que de todo el mundo se aprende, que aquí no se trata de ser o de hacerse famoso, que esto es una cosa muy bonita para disfrutarla y para hacer disfrutar a los demás. Por mi experiencia, lo mejor es cerrarte en tu vínculo y trabajar para ti, disfrutar y captar lo que guste de los demás, y lo que no, apartarlo. Así es el camino. Hoy en día hay mucha gente que está empezando a trabajar muy bien, y gente que, como en todo, hace una cabeza y se llaman escultores, que solo venden humo. Yo tuve la suerte de que mi maestro me enseñara qué era una oreja, cómo poner una nariz... en definitiva, muchas cosas básicas para poder trabajar. Luego, a raíz de ahí, tienes que evolucionar mucho, como yo, que me falta, del 1 al 10, 1.000. En definitiva, seguir siempre adelante y pensar que en este oficio nunca acabas de aprender. Lo único que quizás uno deba cambiar es la mentalidad.

 

 

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