CARMEN BAHÍMA

Jesús Abades (05/10/2019)


 

Tras haber intervenido el retablo de las Dos Trinidades para el templo sevillano de San Ildefonso (ver enlace), la restauradora sevillana Carmen Bahíma se encuentra restaurando otra pieza maestra del escultor Juan Martínez Montañés en Sevilla, el retablo de San Juan Bautista que se conserva en el convento de San Leandro.

A diferencia del retablo de San Ildefonso, esta pieza conventual, contratada en torno a 1621 con la familia Peñate, se conserva en su integridad. Las trazas del retablo del Bautista se atribuyen al también escultor Juan de Oviedo y de la Bandera, mientras que sus esculturas corresponden íntegramente a Martínez Montañés, quien contó según los expertos con la colaboración de su discípulo Francisco de Ocampo.

Hablamos con Carmen Bahíma de esta obra, de su intervención y de la figura de Montañés con motivo del 450 aniversario de su fallecimiento. Las fotografías que acompañan la entrevista son de la propia restauradora y muestran detalles del proceso de restauración del retablo del Bautista.

Las piezas restauradas formarán parte de la exposición Montañés. Maestro de Maestros, que propondrá del 29 de noviembre de 2019 al 15 de marzo de 2020 un completo recorrido por la trayectoria artística del escultor Juan Martínez Montañés (Alcalá la Real, Jaén, 1568 - Sevilla, 1649) a través de 57 piezas.

Con motivo del montaje de la muestra, la sala V del Museo de Bellas Artes de Sevilla, sede del evento, se cerrará desde el 22 de octubre hasta su apertura al público el 29 de noviembre. En el museo, antiguo convento de la Merced Calzada de Sevilla, Montañés contrató una de sus obras más emblemáticas: el Nazareno de Pasión.

 

 

¿Qué obras estás restaurando de Montañés?

El retablo completo de San Juan Bautista del convento sevillano de San Leandro. Está formado por el relieve del Bautista, las figuras de Santa Isabel y San Zacarías, la Virgen y San José, el relieve del Bautismo, la cabeza del Bautista con los dos ángeles tenantes y los dos ángeles atlantes que están arriba en el ático.

¿Cómo calificarías el estado de conservación de las piezas?

Muy, muy deficiente. Una pena, pero bueno, por lo menos el retablo ha llegado vivo hasta nosotros después de cuatrocientos años, que no es poco.

¿Qué tipo de patologías presentaban?

Suciedad superficial, polvo en cantidades industriales y pérdidas especialmente en las zonas de los estofados, que suelen ser las más delicadas, como consecuencia de los roces, sobre todo en las figuras más accesibles, que son las del relieve del Bautista y las figuras de San José y la Virgen María. Las policromías, por el contrario, estaban bastante bien conservadas.

¿Está requiriendo un tratamiento más especializado del que habitualmente realizas en este tipo de obras?

Se está siguiendo un criterio bastante científico. Cuando planteamos la restauración se hizo desde unos fines conservativos. Dada la importancia de las obras y el grado de deterioro y suciedad que tenían, primero llevamos a cabo la fijación de todos los estratos con peligro de desprendimiento, luego la limpieza una vez hechas las catas, y en este caso sí se han repuesto las piezas perdidas por expreso deseo de la comunidad de agustinas que regenta el convento de San Leandro. Son ellas las que han prestado las piezas para la exposición.

 

 
 
 
 

 

Son ya varias las obras de Montañés que has restaurado.

He restaurado también el retablo de las Dos Trinidades de la Iglesia de San Ildefonso y un fragmento de un relieve de la Coronación de la Virgen, que está en la Capilla de San Onofre y ha sido atribuido a Montañés.

Lección, aprendizaje, reto, responsabilidad, lujo... ¿Cómo es restaurar una obra de Montañés?

Una responsabilidad, un placer, un lujo... Esto es lo más para mí como profesional. Un deleite que no puedo describir con palabras. Cuando desmontamos el retablo del Bautista, realmente me emocioné por trabajar con estas piezas de tanta calidad y de tanta historia.

¿Con cuál de todas te quedas?

La cabeza de San Juan Bautista. Una obra, para mi gusto, de diez. Además, menos la bandeja, está bastante bien conservada. Una pieza estupenda y un placer restaurarla.

¿Por qué no se hacen periódicamente este tipo de actividades expositivas, o cualquier otra actividad parecida, para evitar que caigan en tanto deterioro estas piezas maestras?

Yo siempre digo, y es triste decirlo porque soy muy de aquí y de las cosas de mi tierra, que Sevilla es una ciudad que vive mucho de lo que fue, de su época dorada. Seguimos viviendo de lo que fuimos, del éxito que tuvimos y de que Sevilla era el centro. Artísticamente, el Siglo de Oro estuvo aquí en Sevilla. Teníamos lo mejor de lo mejor. Creo además que no se han sabido valorar ciertas piezas. Nos hemos centrado mucho en el tema de las cofradías, que por otro lado está muy bien, de hecho yo soy cofrade, pero hemos olvidado todos los retablos y el resto del patrimonio que no procesiona y que no se ve. Todo ello forma parte también de la rica cultura que tenemos en Sevilla. Mucha gente ni siquiera lo conoce, especialmente la gente más joven.

¿Crees por eso que Sevilla no sabe cuidar su patrimonio?

Yo creo que Sevilla está empezando a retomar la responsabilidad de cuidar el patrimonio que tenemos y que debe seguir vivo. Es nuestra responsabilidad mantenerlo. Se ha dejado mucho. Arquitectónicamente tenemos muchos ejemplos de patrimonio destruido. Artísticamente, en el campo de la pintura y la escultura, se cuida más, pero habría que buscar más alternativas para financiar más y mejores restauraciones, al menos de cara a su mantenimiento, ya que siempre te encuentras con la excusa de que no hay dinero para evitar que se pierda.

 

 
 
 
 

 

¿Alguna vez te has encontrado con algún esperpento alejado de las buenas prácticas, tipo Ecce Homo de Borja o el felizmente recuperado San Jorge a caballo de Estella?

Hay mucho intrusismo de aficionados. Yo me he encontrado cosas horribles, especialmente en pintura. Mucho repinte, mucha reestructura de la imagen que tú ves, de forma que, cuando empiezas a limpiar y a quitar esos repintes, te encuentras muchas veces con una cosa mucho más agradable. Aunque a lo mejor tenga menos, pero más agradable. Muchas veces se hace más daño con una mala intervención, aunque se conserve, que con una simple fijación y se acabó, hasta que se pueda hacer de otra manera.

Actualmente hay bastante más conciencia de la conservación, eso es cierto, y se están haciendo cosas, pero es tanto lo que hay que hacer y tanto patrimonio el que hay que restaurar, que económicamente entiendo que es inasumible por parte de la Administración y difícil por parte de la feligresía o del pueblo, como lo quieras llamar. Recientemente, por ejemplo, se ha restaurado el relieve de Andrés de Ocampo en San Vicente, una obra que estuvo durante mucho tiempo en condiciones horrorosas, era tristísimo verlo. Por eso insisto en que hay que seguir buscando vías de financiación para que todo el patrimonio que se conserva no muera.

Yo sé que cuando se restaure este retablo del Bautista de Martínez Montañés mucha gente quedará fascinada, y espero que eso sirva para que se animen de cara a futuras restauraciones. También es importante que las comunidades intenten abrir un poco más sus puertas para que haya un poco de aire fresco en los conventos y, sin perder su origen de clausura, ello sea una manera de mantener su patrimonio.

¿Y no crees que retirar algunos archivos digitalizados de restauración puede afectar a esa cercanía tan necesaria con el público y seguir enquistando el tabú que existe en torno a la escultura sacra?

Según la intención con la que se sacan ciertas fotografías el uso es correcto o es incorrecto. Cuando es para un uso científico, para una base de datos o para el archivo de una hermandad, no solo es correcto sino conveniente para conocer la historia de una imagen y sus intervenciones. En el caso de mi Hermandad de Pasión, yo desde el punto de visto devocional no veo necesario que haya ciertas imágenes que se vean. Desde que estoy trabajando, no es que me haya quitado mi profesión la devoción, pero claro hay imágenes que ya no miro de la misma manera. Porque cuando tú has tenido el privilegio de tener en tus manos una imagen y haberla visto despiezada, y al mismo tiempo has tenido la capacidad de devolverle la vida y de devolverla a la luz, a partir de entonces la ves con distintos ojos. Cuando yo voy a un museo, por ejemplo, veo un cuadro, pero después me asomo a ver si está bien tensado, si tiene brillos... eso es una deformación profesional que ya no me va a quitar nadie. Por todo eso yo creo que hay que tener cierto reparo en enseñar ciertas cosas.

 

 

¿Qué otras obras de Montañés consideras que necesita una urgente restauración?

Como las de San Leandro habrá muchas. Las del convento de Santa Clara también están mal, muy sucias, seguramente también en el mismo nivel de deterioro, y no todas las de allí se van a restaurar de cara a esta exposición. Son todas piezas en cedro que no sufren ataques xilófagos, que no se deterioran tanto, pero que pueden tener otros síntomas como la pudrición parda. Las de San Leandro no, pero las de Santa Clara no sabemos si a lo mejor la pueden padecer. Las obras de Montañés para Santa Clara son todo un símbolo del escultor que se han quedado peligrosamente en tierra de nadie. Administración y Arzobispado se han ido pasando la pelota con este tema pero sin resultados por el momento. Se están dejando ir mucho a esas obras y es una pena. En San Isidoro del Campo también hay que seguir interviniendo. Yo estuve presente en el IAPH cuando se realizó la restauración del San Cristóbal, una pieza realmente increíble de Montañés que estaba también en muy malas condiciones. Espero que con este paso que ha dado el Museo de Bellas Artes y con la anterior exposición que hubo en Alcalá la Real, se vaya tomando conciencia de la importancia que tuvo la figura de Montañés, de lo que supuso y de lo que siguen suponiendo sus piezas.

El problema, por así decirlo, de Montañés en Sevilla, es que no hay muchas hermandades que procesionen imágenes suyas. Está el Señor de Pasión, aunque realmente no tenemos la documentación por mucho que resulte obvio. Si fuera al contrario, aquí en Sevilla la cosa sería distinta por la importancia que tienen las cofradías y por el peso que tienen de cara a las restauraciones, además de que ahora están cuidando bastante todo ese tema, afortunadamente.

Hemos hablado antes de Montañés, pero ahora en general, como restauradora, ¿qué pieza de escultura o de pintura, de Sevilla o de cualquier otro sitio, te gustaría restaurar?

Sería una osadía decirlo, porque además hay profesionales que están antes que yo, pero a mí me gustaría muchísimo restaurar a mi Cristo de Pasión y al Señor de la Buena Muerte porque yo también soy de su hermandad, y son piezas a las que yo tengo, aparte de un cariño devocional, una especial consideración porque me parece que tienen alma, algo que va más allá de lo que es la escultura propiamente dicha. Tienen algo que te generan un sentimiento que no puedes explicar, pero que está ahí. Algo tienen a su alrededor.

Hace poco precisamente yo restauré para los carmelitas del Santo Ángel el cobre de Luis de Morales, una Piedad, y la verdad es que fue una delicia, un trabajo delicado, precioso y realmente estimulante.

 

Fotografía de cabecera: Alberto Pérez Rojas

 

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