ANTONIO DÍAZ ARNIDO

Jesús Abades (09/04/2020)


 

"El arte es lo que está haciendo que no nos volvamos locos encerrados en las casas"

 

 

No sé si desde un principio tuviste clara tu vocación como pintor y restaurador o si una cosa llevó a la otra. Háblanos un poco de tus comienzos y de tu formación.

Vocación artística como tal nunca tuve de pequeño, ni tampoco antecedentes familiares. Realmente no hay artistas plásticos como tales en mi familia. Pero desde hace tres generaciones se han dedicado a la artesanía del hierro, a la forja artística, y siempre he recordado a mi abuelo y a mi padre dibujando y diseñando piezas de forja. Este creo que es mi antecedente artístico. También he dibujado de pequeño, tenía mucha afición al dibujo. La casualidad me llevó, cuando ya fui más mayor, a presentarme al examen de ingreso en Bellas Artes. Di unas clases de dibujo unos meses antes y mi profesor Javier Montes, pintor sevillano, me animó a que hiciera el examen de ingreso, por lo que lo tomé como un reto. En aquélla época se hacía un examen de ingreso para entrar en la carrera, luego lo quitaron. Hice el examen, lo aprobé y entré en la carrera por hacerla, porque había aprobado el examen. Luego cuando vas aprendiendo y conociendo compañeros, te vas involucrando. Y, bueno, digamos que la vocación artística me surgió estando en la carrera. Elegí como especialidad Restauración y Conservación de Obras de Arte porque era la disciplina que me ofrecía una formación más completa en cuanto a materiales y soportes, técnicas, etcétera. Como restaurador también tengo nociones de pintura, me las dieron en la facultad, así como de escultura, diseño, etcétera.

Como pintor has cultivado todo tipo de formatos: pintura de caballete, pinturas para retablos, murales, cartelería, etcétera. ¿Te decantas por alguno?

La verdad es que me siento cómodo e incómodo en todos. Digo incómodo porque veo en todos el mismo reto y siento la misma atracción por todos esos soportes. Me parece que la versatilidad es una virtud en este oficio y yo tengo muchas inquietudes artísticas, no solamente en el arte sacro o en la cartelería, que son las ramas por las que uno puede ser más conocido entre el público local, sino también en otro tipo de géneros. Y no me decanto por ninguno, disfruto haciendo tanto una cosa como otra, y también las sufro porque para mí cada pintura es un reto, duro a veces pero bueno, igual de duro es satisfactorio.

Ahora que estamos en días de Semana Santa, aunque este año por la pandemia sea más bien invisible y virtual, tú has retratado muchísimas imágenes de Semana Santa, algunas de ellas varias veces, y has obtenido también premios por ello. ¿Cuál es la que siempre o casi siempre te resulta más complicada?

Una de las que más he pintado, y que es a la vez de las más difíciles y de las que más disfruto haciendo, es la Virgen de las Aguas de la Hermandad del Museo de Sevilla. Cuando me he enfrentado a su retrato, no me he enfrentado tanto al retrato de una imagen escultórica, parece más el retrato de una persona, y posiblemente por costarme tanto trabajo hacerla es la que más he hecho y con la que más he disfrutado.

Hablabas hace un momento de los géneros a los que te dedicas más allá de lo religioso. Creo que tu trayectoria es muy representativa de la evolución de la pintura sacra que venimos apreciamos últimamente en La Hornacina, dejando paso cada vez más el retrato a unas composiciones de mayor originalidad y complejidad que beben frecuentemente del arte profano. No sé si estarás de acuerdo con nosotros.

Sí. Antes, hablando sobre todo de la cartelería, y en especial de la cartelería de temática religiosa, se apostaba solamente por el retrato, lo que llamamos una pintura agradable, un retrato con letras. Ahora mismo en el panorama artístico somos muchos los creadores, pero también somos muchos los que nos atrevemos a hacer otro tipo de lenguaje. Un lenguaje artístico que se trabaja y que se inspira en otro tipo de facetas artísticas para después aplicarlo al tipo religioso. Creo que es algo bastante interesante y de agradecer que haya muchos compañeros que se atrevan a introducir ese tipo de lenguaje en el campo sacro.

 

 
     
     
Paisaje urbano (detalle)
 
Cartel

 

Antonio, sabemos que te gusta mucho Italia y que muchas de tus obras tienen influencias tanto de la pintura italiana como de los retablos callejeros típicos de ciudades del sur de Italia, como Nápoles o Sicilia. En esta situación tan delicada que vivimos, y que especialmente vive Italia, supongo que tendrás en la mente al país entero como a sus múltiples eventos artísticos que se han visto mermados como los del resto del mundo.

La situación que tenemos en España es trágica, pero yo tengo un rincón de mi corazón muy apegado a Italia. Soy un enamorado no solamente del arte italiano, sino de la idiosincrasia del país y de sus ciudades. Voy todos los años a Roma y también voy mucho a Nápoles. Me siento muy ligado a esa tierra. Este drama que vivimos se verá reflejado en el arte callejero que antes mencionabas, que me atrae tanto como artista. Yo estoy deseando volver a Italia, primero porque será señal de que la situación recupera la normalidad, y segundo para ver cómo ha influido esto en la sociedad y en el arte italiano contemporáneo, tanto en Roma como en Nápoles. Supongo que también esto me influirá a mí y a mi visión artística urbana que cultivo últimamente.

Dentro del campo de la restauración has realizado también trabajos en formatos y materiales de toda clase. Dicen que la restauración de imaginería es una de las más complejas por lo que conlleva tanto de escultura como de pintura, así como por los tipos de materiales empleados. ¿Piensas lo mismo?

Realmente en mi carrera la restauración de obras escultóricas en general, sobre todo de imaginería, no es de las más dificultosas porque, aunque suelen presentar muchas patologías, son de las más comunes con los que trabajamos los restauradores y las que más estudiamos en nuestra formación académica. El tipo de obra que más dificultad entraña para un restaurador, por lo menos bajo mi punto de vista, es el de la pintura mural. El muro es un soporte muy dificultoso porque depende de muchos factores, no solo factores inherentes al material o al contexto de la obra, sino a la situación, al medio ambiente, a la meteorología, a multitud de factores biológicos que pueden influir en las patologías que presentan... A nivel técnico para mí es más dificultosa la restauración de una pintura mural que la de una pintura de caballete o una escultura.

¿Son precisamente esos motivos por los que el trabajo que realizaste para la portada exterior de la capilla sevillana de Montserrat fue uno de los más complejos y dificultosos?

Ese fue muy difícil porque en primer lugar el trabajar "in situ" es ya una dificultad añadida. No es lo mismo que estar en tu estudio con la obra, donde puedes trabajar más a gusto con unas condiciones de iluminación mucho mejores, por ejemplo. Aparte de eso también teníamos la dificultad de que la pintura de la hornacina central de esa capilla desapareció en los años 80, la picaron, y hubo que hacer una reproducción en soporte portante reproduciendo la pintura que había entonces a partir del material fotográfico que había. Hubo mucha dificultad de soporte, de fijación, de limpieza... Fue una restauración que realicé en 2009, creo recordar, y a lo largo de los años le hago un seguimiento y está funcionando bastante bien.

Aunque en los últimos años hay más conciencia conservativa del arte por parte de iglesias y hermandades, ¿en algún caso te ha llegado una imagen de culto público con la que te hayas puesto las manos en la cabeza? Una obra que hayas recibido en un estado tan lamentable que te hayas preguntado cómo ha podido pasar eso.

En mi caso no he restaurado mucha imaginería procesional de culto público o hermandades. Me han llegado obras con repintes, intervenciones caseras, restauraciones artesanales... pero nunca una restauración que yo haya visto que sea como para llevarme las manos a la cabeza. Un repinte sobre una obra es un atentado artístico, pero no he visto una cosa tan flagrante que haya llevado a preguntarme cómo a una imagen de tanta devoción se le ha podido hacer esta intervención. Sí tengo constancia de otros compañeros que se han encontrado en esa situación. Yo me he encontrado muchos repintes, grapas, en fin, todo tipo de "restauraciones domésticas" con las que se pretende "maquillar" y tal. Pero esas "restauraciones" no eran sobre titulares de hermandades.

 

 
 
Vanitas

 

Restauras tanto de forma individual como en pareja. Con Manuel Ruiz-Berdejo Cansino has realizado muchos trabajos de restauración. ¿Qué diferencia hay entre trabajar solo o junto a otro compañero? ¿Resulta más fácil en este último caso o se necesita mucha compenetración con el compañero?

No hay tanta diferencia entre las intervenciones que hago solo o en equipo ya que Manuel y yo compartimos taller desde hace más de quince años. Somos muy buenos amigos y muy buenos compañeros, y tanto si trabajamos juntos como si trabajamos separados, en realidad estamos juntos en el mismo espacio y en ese sentido también enriquece mucho tener un compañero al lado a la hora de plantear dudas que pueden surgir en tu trabajo particular. Es muy enriquecedor y nos ayudamos mutuamente siempre. La verdad es que casi siempre, aunque las obras sean restauraciones individuales, trabajamos en equipo.

Uno de los trabajos que precisamente hicisteis entre los dos, y que quizás haya sido el más mediático hasta la fecha, fue el de la gran talla del Carmen de Cristóbal Ramos que preside el templo sevillano del Santo Ángel. Recuerdo que, en la presentación, destacaste que fue una restauración muy enriquecedora y reveladora.

Para mí y creo que también para mi compañero Manuel, ha sido a día de hoy la restauración más importante que hemos realizado por multitud de motivos, no solo por la calidad artística de una obra maestra del barroco sevillano, sino también por el soporte, el formato y por el contexto de una restauración que se realizó a contrarreloj porque se realizó en el mismo templo y hubo que adaptarse a la vida de la comunidad carmelita. La intervención reveló muchos datos de la obra, tanto de soportes internos como de estructura. Eliminamos los repintes de la imagen y recuperamos su policromía original. Luego vino la coronación canónica, que también fue algo muy importante. El simple hecho de mover a la Virgen y bajarla al suelo, ya que nunca se había bajado desde que se realizó, fue otro de los muchos factores que hicieron de esa restauración algo muy especial a nivel profesional y personal. A día de hoy es el trabajo más importante que he realizado como restaurador.

De los trabajos que han realizado otros compañeros, tanto en España como en el extranjero, ¿cuál es el que te ha hecho quitarte el sombrero y merecer todos tus elogios?

Muchos, no sabría decirte. De entre los trabajos más mediáticos, destacaría por ejemplo los tapices de Rafael que se han recuperado en Italia para el centenario. A mí también me gusta mirar a otros compañeros aquí, a nivel local. Hasta hace poco casi todas las restauraciones las hacía el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, con el que yo he colaborado muchas veces, o los dos o tres restauradores de cabecera de siempre. Hoy, sin embargo, hay un amplio abanico, y eso es señal de que hemos salido más gente con buen talante, buena formación y muchas ganas de trabajar. Casi todos los años se ven restauraciones interesantísimas por parte de un montón de compañeros y a mí eso me parece muy positivo para la profesión en general.

¿Y qué trabajo te ha parecido todo lo contrario?

Desde la triste cuarentena que estamos sufriendo, creo que todo el mundo vimos el otro día la Bendición "Urbi et Orbi" del papa, esa imagen impactante de Francisco caminando en solitario por la plaza de San Pedro. Y bueno, fue ver esa imagen del Crucificado de San Marcello al Corso, una obra del siglo XV dos horas bajo la lluvia, y ponerme a pensar "Dios mío, cómo puede ser que en Italia los conservadores hayan permitido que esa imagen de Cristo esté así con lo que está lloviendo". Efectivamente, a los dos o tres días dijeron que la imagen del Cristo había sufrido mucho, tanto a nivel de policromía como a nivel de soporte, y yo seguía pensando que cómo era posible que los conservadores de los Museos Vaticanos hayan permitido que pasara eso. Sin embargo, la "Salus Populi", la tabla bizantina, estaba perfectamente protegida de la lluvia por un cristal. Y eso ha sido una de las últimas cosas que me han sorprendido para mal.

 

 
 
Belén napolitano

 

Dicen las malas lenguas que en España no se sabe restaurar, que son muy pocos los profesionales de calidad y que aquí no se llega al nivel de otros países como Alemania o Japón en el tema de las restauraciones. ¿Qué les dirías a los que piensan eso?

No estoy de acuerdo, además el trabajo habla por sí mismo. Yo creo que en España se trabaja con la misma calidad que se trabaja en Italia, Alemania o Francia, los países, junto con España, que tienen más patrimonio y más tradición de restauración, especialmente Italia. Yo veo trabajar, he participado en muchos proyectos en solitario, en proyectos en pareja y en proyectos con otros compañeros, y por todo eso no estoy nada de acuerdo. En España hay muy buenos restauradores y se pueden hacer trabajos excelentes. Con medios, claro. A nivel administrativo hay muy pocos medios hoy en día, para qué nos vamos a engañar, pero hay otras fórmulas que se están llevando a cabo últimamente como el "crowdfunding". Se están ensayando otro tipo de fórmulas para enfocar proyectos y realizar otros más ambiciosos. Hay muy buenos profesionales en España, la verdad. Yo creo que lo que hace falta es contar con más medios técnicos y económicos.

Últimamente hemos visto tu faceta de belenista, algo que no sé si te viene de tu vinculación con Italia o porque eres un apasionado, como yo, del fascinante mundo de los belenes.

En mi familia soy un bicho raro porque siempre me he sentido belenista, pero ni mis hermanos ni el resto de mi familia lo han sido especialmente. Mi madre quizás la que más y la que me lo inculcó. Yo siempre me he sentido belenista. Con el paso de los años, empecé con el belén popular hasta convertirme luego en un enfermo del belén napolitano. El belén aúna muchas de mis grandes pasiones: Italia, el arte, el barroco... Si metes todo eso en una coctelera surge el belén napolitano. Es algo que me conecta mucho con Italia y con el arte, y bueno, aparte de artista soy creyente, católico y practicante, y vivo muy intensamente mi fe a través del belenismo. También me transporta mucho a mi infancia y a mis recuerdos. La nostalgia es un sentimiento que tenemos todos los belenistas. El belén napolitano es lo que más me llama la atención y lo que más procuro cultivar.

¿Y has pensado Antonio en dedicarte un poco más a la escultura, más allá del Belén?

No. Creo hay que ser consciente de las limitaciones de cada uno. Tengo mucha vocación como artista y me maravilla la escultura, para el soporte tridimensional tengo nociones pero no para hacer esculturas de forma directa, es algo que me causa mucho respeto. No descarto el poder hacerlo en un futuro, pero a día de hoy soy consciente de las limitaciones que tengo. En el futuro no lo sé.

Eres un habitual de las exposiciones, sobre todo las colectivas. Hay quienes las siguen viendo insuficientes y quienes creen que se está recuperando el espíritu de las exposiciones del siglo XIX en las que los artistas presentaban cada cierto tiempo sus obras. ¿Qué piensas tú de eso?

En mi caso es muy positivo. Yo por ejemplo como pintor no he realizado ninguna exposición individual seria, aunque estoy en ello, intentando buscar un hueco para hacer una gran exposición más allá del arte que más trabajo. No me ha dado tiempo, gracias a Dios, porque como sabéis me dedico profesionalmente a muchas cosas diferentes del campo artístico y no he parado nunca unos meses para centrarme en la pintura. En ese sentido, como no tengo tiempo para hacer una exposición individual a día de hoy, me parece muy positivo buscar siempre una excusa para participar en colectivas que son, además, un punto de encuentro con otros compañeros. Siempre que me lo proponen, y si me cuadra el tema y la fecha, voy adelante, y sin preguntar siquiera quién va. Luego es una grata sorpresa coincidir con compañeros a los que quiero y admiro y con los que en muchas ocasiones tengo relación. Se aprende mucho. De todas formas, muchas veces organizamos estas exposiciones de modo amateur y olvidamos un poco el tema del comisariado. Y en esto sí tendríamos que plantearnos cambiar y replantearnos este aspecto. Nosotros somos pintores, artistas, escultores, pero no somos comisarios al uso. Creo que debemos formarnos en el tema del comisariado para ofrecerle al público una exposición de calidad, no solo de obras, sino también del montaje, de la idea y del concepto.

 

 
     
     
Mural del Santo Ángel (ejecución)
 
Martyrium (detalle)

 

Has dicho que no has celebrado ninguna exposición de pintura, pero nosotros tenemos publicada una muestra de hace ocho años que, aunque pequeña, se centró en tu obra pictórica.

Sí, sí. Pero no es la exposición que yo quiero hacer, en un sitio importante y bien comisariada. Para eso hay que dedicar mucho tiempo, dinero y muchos meses de trabajo. Es una ilusión que creo haré alguna vez y espero no tardar mucho. Como has dicho antes, he hecho exposiciones pero no una de calidad para ofrecer al público mi trabajo en sus muchas facetas. No descarto incluir el tema sacro, porque es mucho de lo que hago últimamente, pero tengo otras inquietudes pictóricas y quiero ofrecerlas al gran público en una exposición.

Me ha llamado la atención lo que has dicho del comisariado, una tarea nada fácil en absoluto. ¿Crees entonces que muchas de las exposiciones que se hacen actualmente no están bien estructuradas en cuanto a espacio, discurso, etcétera, porque no hay un comisario que se encargue de eso?

Creo que es manifiestamente mejorable, y que conste que lo digo en tono de autocrítica, porque cuando yo participo en exposiciones colectivas, lo hago con compañeros a los que casi siempre conozco, y aunque haya el natural "compadreo" en estos casos, intentamos aportar cosas relativas al comisariado. Tampoco me atrevería yo a organizar una exposición, porque no soy comisario y creo que el comisariado en sí es un oficio. Hay gente que se dedica exclusivamente a eso, aunque sean pintores pero tienen esa función de comisariado. No sé, yo veo otras exposiciones en galerías y espacios de arte que sí están bien organizadas gracias a un comisario. Muchas veces hemos realizado exposiciones con muy buenas obras, no hablo de las mías, hablo en general, pero creo que a las que se les podría haber sacado mucho más partido con un montaje específico y unas mejores condiciones museográficas. Es algo que no se hace del todo mal pero sí es algo en lo que debemos de mejorar.

Nos consta, como has dicho antes, que trabajas muchísimo. Tu actividad, tanto como artista como restaurador, es muy prolífica. Quizás por eso mucha gente nos comenta cómo puedes trabajar tanto y tan bien y al mismo tiempo ser una persona tan activa en Internet y en las redes sociales, en las que participas activamente tanto con obras tuyas como con obras ajenas que también te gusta divulgar.

Aunque entré realmente tarde en el mundo de las redes sociales, las considero una herramienta muy útil. Yo las tengo enfocadas para temas artísticos, no personales porque no me interesa. Aprendo mucho con las redes sociales, considero que es una ventana abierta y una herramienta que, bien utilizada, ofrece muchas posibilidades, entre otras que tus obras lleguen a muchos sitios y que la obra de mucha gente, de muchos lugares, te llegue a través de esos canales. Es cierto que soy activo y procuro buscar hueco tanto para poder publicar mi trabajo y que la gente lo conozca, como para conocer el trabajo de mucha gente que se mueve, no solo en la restauración, si no en pintura, en escultura y en todas las facetas artísticas. La Hornacina es también parte importante de mi formación artística, de ahí que me ilusione especialmente esta entrevista.

Esta es la segunda entrevista que hacemos forzosamente por este medio debido a las medidas contra la pandemia del COVID-19. No quisiera terminar sin preguntarte cómo lo estás llevando, en qué trabajas actualmente en tu estudio y qué proyectos no has podido publicitar en estas fechas.

Para después de Semana Santa teníamos planteado la restauración de los ángeles lampadarios de la Iglesia del Santo Ángel de los carmelitas descalzos de Sevilla. Una restauración que vamos a realizar "in situ" en las dependencias del convento, donde siempre habilitamos un taller a la hora de intervenir su patrimonio. En el estudio se han quedado algunas pinturas, y bueno, pero he procurado traerme a casa material de dibujo, sobre todo, de hecho estoy dibujando mucho, que es algo que nunca viene mal pues el dibujo es la base de todo trabajo artístico. Dibujo por gusto muchas cosas y estoy también con algunos encargos de pequeño formato que los puedo afrontar en casa. Este año estrenábamos seis cartelas para el misterio de la Sagrada Cena de Huelva, que estrenará otras diez para el año que viene cuyos bocetos me encuentro realizando. Cuando podamos salir de este claustro, empezaré ya a pintarlas. En fin, de momento lo llevo bien, pintando y entretenido. El otro día reflexionaba sobre lo denostado que está el arte en general dentro del sistema educativo español, cuando el arte es lo que está haciendo que no nos volvamos realmente locos encerrados en las casas: la música, la pintura, la literatura, el dibujo, el cine... Espero que de las cosas positivas que nos deje esta tragedia, si es que nos deja alguna, sea que se valore el arte en la medida de lo su dimensión realmente merece. Así que mientras no se me acaben el papel de dibujo, los lápices y las pinturas, de momento lo llevo bien.

 

 

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