BARROCO: EL GRAN TEATRO DE LAS IDEAS. 11 OBRAS MAESTRAS
26/04/2026
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Alessandro Algardi Crucifijo de marfil. Museo Nazionale di Mileto |
Hasta el 28 de junio de 2026, la exposición Barroco: El Gran Teatro de las Ideas presentará más de 200 obras excepcionales en el Museo Cívico San Domenico de la ciudad italiana de Forli. Concebida y organizada por la Fondazione Cassa dei Risparmi di Forlì en colaboración con el Ayuntamiento de Forlì, se despliega como un viaje a través de las ideas e imágenes que dieron forma al Barroco, revelando la profunda interacción entre arte, poder, fe, ciencia y sociedad en uno de los periodos más complejos y fascinantes de la historia europea. Esta muestra destaca por ofrecer una visión integral de la cultura barroca: desde los debates intelectuales que la originaron hasta los artistas que definieron su lenguaje, pasando por el papel crucial del mecenazgo y el poder en su desarrollo. |
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Gian Lorenzo Bernini La tensión física del cuerpo emerge en el Cristo atado (hacia 1630) de Bernini, obra de pequeño formato que se conserva en la Galleria Nazionale dell'Umbria (Perugia), donde la terracota, que conserva restos de color y se dispone sobre una base de pizarra, plasma la inmediatez de un movimiento interior capturado en el instante. |
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Giovan Battista Foggini Esta suntuosa pila bautismal (1704) de bronce dorado, diseñada por Foggini para la devoción particular, formaba parte de una colección de obras maestras elaboradas con un amplio uso de piedras semipreciosas, que fueron enviadas a la ciudad alemana de Düsseldorf como regalo de Cosimo III de Médici a su hija Anna Maria Luisa, quien se había casado con Juan Guillermo de Neuburgo, el príncipe elector del condado Palatino del Rin. Finalmente, fueron devueltas al Palacio Pitti con su séquito en 1717, cuando la princesa Médici, ya viuda, regresó a Florencia. |
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Caravaggio La sección "Visiones místicas. El espíritu, la carne, el éxtasis" de la exposición explora la experiencia del éxtasis en la pintura barroca, a la luz de la espiritualidad de la Contrarreforma. La conexión entre santos y divinidad se traduce en imágenes de gran interacción emocional y física. El San Francisco en meditación (hacia 1606) de Caravaggio (Pinacoteca Ala Ponzone de Cremona) traduce la experiencia mística en una meditación silenciosa y concreta, jugando con los contrastes de luz y sombra. |
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Joachim Fries Esta pieza cuenta con un mecanismo que le permite girar sobre sí misma. Representa a la diosa cazadora Diana montada en un ciervo. En la base vemos otros animales: perros, liebres, reptiles, escarabajos... Este singular objeto se utilizaba para agasajar a los invitados durante la cena y lleva las iniciales del artista que lo creó. Labrada en plata dorada, hierro, citrina y esmaltes, es una muestra de la alta calidad de la joyería de la ciudad de Augsburgo, donde fue realizada a principios del siglo XVII. |
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Andrea Sacchi El periodo posterior al Concilio de Trento confió a la imagen la tarea de hacer tangible la experiencia espiritual. Otra sección de la muestra, "Formas de devoción. Culto y piedad", destaca cómo los éxtasis, las visiones y las conversiones se convierten en el escenario de la transformación interior: la fe ya no es mera doctrina, sino una experiencia sensorial, y el cuerpo se convierte en el lugar donde se manifiesta lo invisible. Esto se demuestra en Las tres Magdalenas (1633-1634) de Andrea Sacchi (Gallerie Nazionali d'Arte Antica de Roma), donde el contraste entre la sensualidad y la meditación sobre la muerte alude a la tensión entre la carne y la redención. |
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Anónimo del primer cuarto del siglo II d.C. La exposición comienza en Roma, ciudad donde finales del siglo XVI y principios del XVII se produjo una transformación radical. Las ruinas de la antigüedad, las esculturas helenísticas y los recuerdos imperiales no eran solamente un repertorio decorativo, sino también una presencia viva. El Laocoonte, con su intrincada red de giros, se convierte en un modelo de patetismo, y el Torso del Belvedere sugiere una concepción plástica en la que la tensión muscular se transforma en expresión interior. La antigüedad no es nostalgia, sino un detonante. En la muestra, otros grandes testimonios antiguos, como el del Gálata moribundo del Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, son esenciales antes de adentrarse en la exploración de las figuras clave que marcaron el comienzo del siglo XVII. |
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Baciccio El siglo XVII fue también un siglo de poder centralizado. Papas y soberanos comprendieron que las imágenes eran lenguaje político, como aclara la tercera sección, "El rostro del poder: mecenazgo y representación". Los retratos oficiales construían identidades públicas. Un ejemplo lo tenemos en el Retrato del papa Clemente IX, de Baciccio (Giovanni Battista Gaulli, Gallerie Nazionali d'Arte Antica de Roma), que enfatiza el gesto de la bendición. |
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Pedro de Mena La presencia española en la exposición se manifiesta ejemplarmente en obras maestras como el retrato del papa Inocencio X (hacia 1650) de Diego Velázquez, el Cristo muerto sostenido por un ángel (hacia 1646-1652) de Alonso Cano o este Ecce Homo (1673), talla policromada de Pedro de Mena que se conserva en el Museo Nacional de Artes Decorativas (Madrid). |
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Bartolomé Esteban Murillo Desde su epicentro romano, el lenguaje barroco se extendió rápidamente por toda Europa, como explica la sección "La difusión de modelos: de Roma a Europa". Artistas y modelos circulaban entre cortes y ciudades, adaptándose a los contextos locales: en Francia, el barroco se entrelazó con el absolutismo monárquico, adquiriendo un carácter festivo y monumental; en España, se impregnó de una intensidad mística, traduciendo la tensión espiritual en un drama luminoso -como observamos en esta Inmaculada Concepción de Murillo del Museo de Arte de Ponce (Puerto Rico); y en Europa Central, la escultura y la arquitectura acentuaron los giros y el dinamismo hasta un grado casi febril. |
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Gian Lorenzo Bernini De nuevo Bernini; en este caso, dentro de la sección "Escenografía de lo cotidiano. Nuevos estilos decorativos", en la que se aprecia claramente cómo la espectacularidad barroca impregna los interiores aristocráticos. Consolas con tableros de mármol policromado, armarios con incrustaciones, copas de nautilo, platería cincelada y tapices heráldicos transforman los hogares en espacios de representación, donde se disuelve la frontera entre lo natural y lo artificial. El Relicario de la Vera Cruz (1644-1645), diseñado por Bernini (Museo Diocesano de Osimo), traduce la teatralidad barroca en un objeto precioso mediante la combinación de bronce dorado, plata, oro y cristal. |
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