EL LAVATORIO DE ORIHUELA, OBRA DE FRANCISCO SALZILLO

Textos de Jorge Belmonte Bas
Fotografías de Juan José García Sánchez


 

 
 
 

El pasado 24 de febrero se presentó en la Parroquia de las Santas Justa y Rufina de Orihuela el grupo escultórico de El Lavatorio, una vez concluido el proceso de restauración al que se le ha sometido en los últimos meses.

La intervención ha sido realizada por el restaurador José Vicente Bonete, con la supervisión técnica de Carmen Pérez, directora del Instituto Valenciano de Conservación y Restauración de Bienes Culturales

 
 
 

 
 
 

El grupo, hoy titular de la Real Cofradía de El Lavatorio de Orihuela, es la única obra de esta temática que podemos encontrar dentro de la extensa producción de Francisco Salzillo. El paso fue concebido para los cortejos procesionales que la Real Congregación de Nuestra Señora del Pilar contra el Pecado Mortal de Orihuela, fundada en 1758, organizaba cada Jueves Santo.

 
 
 

 
 
 

Según el historiador dieciochesco José Montesinos, ese mismo año de la fundación de la Congregación fue el de la realización de las imágenes, cronología que, a la espera de futuras aportaciones documentales, habría que aceptar con cautela, dados los errores en los que incurrió este autor.

La escena del Lavatorio (Juan 13: 1-20), fue uno de los pasajes evangélicos que gozó de especial predilección a lo largo de los siglos en el arte cristiano debido a la importante significación moralizante del mismo como ejemplo supremo de humildad por parte de Cristo. 

 
 
 

 
 
   

En el grupo oriolano, Salzillo centra la acción en el encuentro entre Jesús y san Pedro. Por un lado, el Maestro se arrodilla para lavar los pies del discípulo, alzando su cabeza y conversando con él afectuosamente. 

Por su parte Pedro, sentado en un taburete, levanta sus brazos (que en el codificado lenguaje gestual de la época indicaba asombro o sorpresa) y atiende finalmente, pese a su reticencia inicial, la indicación de Jesús, alzando un pie.

 
 
 

 
 
   

La restauración ha permitido sacar a la luz en toda su dimensión la maestría del artista murciano en el tratamiento y las calidades de las partes talladas, es decir, aquellas que requerían especial atención al ser las únicas visibles ya que se trata de dos imágenes de vestir.

A través de estos aspectos se pone de relieve el gusto del escultor murciano Francisco Salzillo y Alcaraz en la confrontación de contrarios dentro de una armonía estilística general, haciendo uso de tipos humanos perfectamente reconocibles a los fieles. 

 
 
 

 
 
 

De esta manera, observamos el contraste entre la juventud espléndida de un Cristo sereno de gran belleza, perfecta dentadura, amplia cabellera y piel tersa y luminosa; y un san Pedro anciano y ajado, desdentado, calvo y canoso, con múltiples arrugas y tez más morena, perteneciente a un prototipo que repitió en otras ocasiones y sin apenas variantes a lo largo de su carrera.

 
 
 

 
 
 

En definitiva, se trata de una importante recuperación dentro del patrimonio de una ciudad que conserva una de las más importantes colecciones de obras de este escultor.

En breve, junto a tallas de otros autores, podrán ser contempladas en una exposición que tendrá lugar a partir del mes de marzo en la Iglesia del Carmen de Orihuela.

 

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