EL ARTE SACRO DE PROPIEDAD PARTICULAR (XXI)


 

     
     
Especial interés artístico y anecdótico tiene este pequeño conjunto escultórico, integrado dentro del llamado Oratorio de la Vera Cruz, actualmente al culto doméstico en un domicilio particular de la provincia de Sevilla. Representa a Cristo Crucificado en el Monte Calvario, con las figuras de la Virgen Dolorosa, Santa María Magdalena, arrodillada, y San Juan Evangelista, todas ellas dispuestas a los pies del Redentor. La escena queda enmarcada en un retablito de madera dorada con dosel y flanqueada por ángeles.
     
     
 
     
     
Según nos cuenta su propietario, hace unos 25 años, aproximadamente, acompañó a un amigo, profesional de la compra de antigüedades, a una propiedad en ruinas, que iba a ser demolida y desalojada en breve. En su interior, en una habitación a la que faltaban partes del techo, se encontraba este pequeño grupo con un deteriorado retablo, donde incluso anidaban animales. Albergaba lo que, originalmente, pudo ser un Calvario, del que sólo estaban el Cristo Crucificado y la Virgen Dolorosa en un estado reconocible, mientras que San Juan Evangelista y Santa María Magdalena se encontraban prácticamente destrozados. De ambas estatuillas sólo se conservaban trozos sucios, roídos por las alimañas e irreconocibles.
     
     
 
     
     

A pesar de que la visita del actual propietario sólo tenía como objetivo la adquisición de un Crucifijo, al ver aquel conjunto, machacado por el olvido y por los estragos del paso del tiempo, cambió radicalmente de idea y decidió, en ese instante, devolver al oratorio su esplendor original. Durante todos estos años, poco a poco, se han ido restaurando las ropas de las piezas, pasando los bordados que existían a nuevas telas, restaurando las imágenes que estaban completas y completando con otras piezas las imágenes rotas, se ha dorado el retablo, se le han hecho nuevas las partes desaparecidas, al estilo de las que existían, y se ha recuperado todo el grupo, adquiriendo piezas acordes a la época y terminando en esa composición que vemos en las fotografías. A falta de algún pequeño detalle, el propietario da por terminada una empresa en la que confiesa haber invertido gran cantidad de tiempo y dinero, pero haber disfrutado mucho más de ella.

     
     
     
     

Se cree que las imágenes son del primer tercio del siglo XIX. Miden, en términos aproximados, 65 cm de altura, y se ha procurado en todo momento mantener sus indumentarias y ornamentaciones originales, tales como el Crucificado con faldellín a modo de perizoma, larga cabellera natural y su cruz con paño de tinieblas y manguilla, recordando al cordobés Cristo del Remedio de Ánimas; el rostrillo de la Dolorosa, que ahora es de plata (antes era de maderilla forrada), y la particular forma del mantolín de San Juan, del que sólo quedaba parte de la cara y tuvo que recomponerse prácticamente de nuevo. Con respecto a la Magdalena, sólo se pudieron recuperar una mano, parte del cuerpo y las dos piernas.

     
     
 
     
     

La entrada al Oratorio de la Vera Cruz está flanqueada con tres lámparas de aceite, de las que son de especial interés la pareja más pequeña, del siglo XIX, en bronce policromado. Sobre el retablo figura un Lignum Crucis de la época, con una reliquia sellada, procedente del Monasterio de Santa Clara de Lyon (Francia). Las sacras, relicarios, jarrones, copas de aceite, ciriales, etcétera, son también antiguos y del estilo y época aproximada al resto del oratorio, no así los candelabros, que son de factura actual así como los ángeles pasionarios (que interpretan eucarísticamente la muerte de Cristo) y los votivos.

     
     
 
     
     

En la parte derecha al retablo hay una consola y cornucopia de los años 50 del siglo XX; sobre ella, un llamado “juego de monaguillos”, que consiste en un juego con los vasos, ornamentos sagrados y sacras en miniatura que se usaban en el pasado para enseñar a los niños el oficio de monaguillo. Otros muebles del oratorio son una mesa de San Antonio, una lámpara de cristal de roca, dos galerías para las cortinas, una de ellas de la época, un sillón frailero, un reclinatorio y un estandarte del siglo XIX en cuya parte superior hay cincelada una frase evangélica que evoca al calvario (Cristo murió por nosotros…. y una muerte de cruz).

     
     
     
     
El oratorio está dedicado a la Pasión de Cristo; por ello, en la parte posterior, frente al altar, se representa un cuadro con la Entrada de Jesús en Jerusalén (fechado a finales del siglo XVIII o principios del XIX), y en la parte central, el altar que representa el descrito Calvario como momento culmen de la Pasión de Jesús.
     
     
 
     
     
En la parte izquierda posterior del oratorio hay una cruz vacía, que rememora la Resurrección y en la anterior está la cruz alzada y los ciriales. En la parte derecha, nos encontramos con una consola con cornucopia y repisa. El techo del oratorio es de fábrica de madera encerado.
     
     
 
     
     

Bajo el altar del Oratorio de la Vera Cruz hay unas cajoneras en las que se encuentran los ornamentos sacerdotales y unos sencillos vasos sagrados, con sus correspondientes paños, todo también de la época. Ello se debe a que el oratorio se encuentra bendecido y consagrado a la oración y al culto privado.

     
     

 

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