RESTAURACIÓN DE RAFAEL MARTÍN HERNÁNDEZ

Con información de Rafael Martín Hernández y Sergio Cabaco


 

 

Breve reseña histórico-artística de la obra

Co-titular de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Sangre y Nuestra Señora de los Dolores del municipio onubense de Palos de la Frontera, esta imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que procesiona cada Jueves Santo por las calles palermas, es una escultura anónima fechable a principios del siglo XVIII según su cofradía, de tamaño ligeramente inferior del natural (actualmente mide 150 cm de altura).

Labrada en madera de pino para vestir, ha sido intervenida anteriormente: consta que en 1988 el escultor palmerino Joaquín Moreno Daza le dio mayor altura y talló nuevas manos, y que entre mayo y agosto del año 2000 PROARTE, empresa dirigida por Víctor Manuel Pérez, realizó una limpieza de la policromía, estucó y reintegró las lagunas pictóricas existentes, fijó los ensambles y realizó nuevas cogidas para las potencias.

 

 

 

Estado de conservación

Tres han sido los meses durante los que fue sometida la imagen de Jesús Nazareno a una primera fase de intervención restauradora y adaptación de nuevos elementos, tales como nueva corona de espinas, cruz procesional, nuevo juego de potencias y monte empedrado.

Tras una inspección visual y la obtención de un estudio radiológico de la talla, le fueron diagnosticados diferentes daños que requerían de una intervención tanto a nivel estético como estructural.

En cuanto al soporte, presentaba una fractura en el dedo índice de la mano derecha, gran presencia de clavos y elementos metálicos, además de espigas de madera embutidas en el cuerpo que producían un levantamiento de la preparación y la encarnadura. A ello hay que sumar multitud de pequeñas fisuras que recorren distintas partes del cuerpo, muchas de ellas producto de desafortunadas intervenciones realizadas en el pasado.

A nivel de la preparación, presentaba lagunas en el cabello, peana, tronco, abdomen y talón derecho, producto de la manipulación, el roce de la cruz y los alfileres empleados para fijar sus vestiduras.

La superficie pictórica del Nazareno revelaba lagunas en las zonas antes citadas, así como multitud de repintes que desvirtuaban el modelado, localizados mayoritariamente en las manos. A ello se sumaba la oxidación de los barnices aplicados en el pasado, los cuales presentaban un visible amarilleado y opacidad. En cuanto a las acumulaciones de suciedad, estaban localizadas principalmente en los pies y en las manos.

 

 

 

Proceso de Intervención (I)

En esta primera fase de restauración efectuada desde principios del mes de noviembre de 2012 hasta finales de enero de 2013, la imagen fue sometida a las siguientes intervenciones:

 

- Consolidación de la fractura localizada en el dedo índice de la mano derecha.

- Eliminación de la pletina y del espárrago de metal que servían para atornillar la cruz a la imagen. Este elemento metálico fue sustituido por otro inoxidable que, a diferencia del anterior, permite la extracción del espárrago a la hora de exponer al Cristo sin cruz.

- Eliminación de los casquetes primitivos de las potencias y obturación de los conductos para abrir nuevos orificios, dos centímetros más retrasados que estos.

- Limpieza de la suciedad presente en las manos y eliminación de aquellos repintes que desvirtuaban su modelado. A solicitud de la Junta de Gobierno de la cofradía, le fueron añadidos regueros de sangre semejantes a los presentes en la cabeza y pies de la imagen. Para ello se empleó una técnica pictórica reversible.

- A nivel de la preparación y de la policromía, Martín Hernández procedió al sellado de las lagunas de estuco localizadas en la cabellera y reintegró, también con técnica pictórica reversible, el color en las pérdidas antes citadas.

 

 
 

 

Proceso de intervención (II)

Además de las intervenciones acordadas contractualmente, el escultor Rafael Martín Hernández efectuó una reintegración de las lagunas localizadas en la peana y en la cruz de camarín, así como la oclusión de los agujeros de fijación con el antiguo perno del hombro.

También le fue incorporado un vástago metálico a nivel del abdomen, con el fin de sustentar la obra, fijándola a su peana. De esa forma se reduce también el peso que recae sobre los delgados tobillos del Cristo. El anclaje de dicho elemento metálico se halla oculto en el interior de una piedra móvil, que posibilita su manipulación.

Por otro lado, aparte de la intervención restauradora, se aprovechó la presencia de la talla en el estudio del artista para la realización de una corona de espinas tallada separadamente de la pieza, que se pueda adaptar al modelado de la cabeza con el fin de potenciar sus volúmenes y expresividad.

 

 

 

Conclusiones (I) (por Rafael Martín Hernández)

Para concluir, quisiera agradecer a la Junta de Gobierno su confianza depositada en mi trabajo. Han sido tres meses en los que he disfrutado de la presencia de esta bella e interesantísima imagen del Nazareno, de la cual emanan un sentimiento y solemnidad incuestionables.

En Nuestro Padre Jesús Nazareno siguen presentes las huellas de algunas intervenciones efectuadas en el pasado, que han desvirtuado partes de su anatomía; sin embargo, no han conseguido borrar los caracteres que definen su gran calidad en el modelado de rostro y pies.

Dicho esto, considero primordial salvaguardar este patrimonio, para que aquellos que contemplen esta bella imagen de Jesús Nazareno en el futuro, sigan conmoviéndose con su expresión de honda tristeza.

 

 
     
     
Estado final
     
     

 

Conclusiones (II) (por Sergio Cabaco)

En opinión de otros autores, esta imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno -que recibe culto en una capilla situada a los pies del templo palermo de San Jorge Mártir- fue realizada en un taller de arte religioso, seguramente catalán o valenciano, a finales del siglo XIX o principios del XX.

Su existencia en la iglesia gótico-mudéjar no se documenta hasta 1929, fecha en la que aparece inscrito, por primera vez, en el Inventario de Bienes de la parroquial de Palos de la Frontera.

Encorvado su cuerpo por el peso de la cruz, que porta sobre el hombro izquierdo, mantiene la cabeza frontal e inclina suavemente la mirada. Muestra una cabellera lisa y pegada al bloque craneal -sin apenas insinuar las fibras capilares-, que cae hacia atrás por ambos lados del cuello y deja visible parte de la oreja izquierda y el lóbulo de la derecha. Los ojos son de cristal y están enmarcados por unas cejas pintadas y muy enarcadas para expresar su dolor. La nariz es recta y la boca, jadeante por la agonía física que soporta, presenta tallados los dientes superiores y el extremo de la lengua. El suave modelado de la bífida barba y la simplicidad de sus dulces rasgos remiten a las creaciones salidas de las factorías levantinas de arte religioso de la época; según, como hemos apuntado anteriormente, otros expertos.

Las enjutas manos abrazan el madero, de tipo cilíndrico y arbóreo. La actitud itinerante se consigue avanzando la pierna izquierda, en moderada zancada. Las carnaciones han sido aplicadas en tonos pálidos. Hasta la presente intervención eran más frecuentes los regueros de sangre en la lacerada frente.

Al realizar hace unos años el análisis de la obra, hallamos testimonio de la restauración efectuada por Joaquín Moreno Daza (1987), quien también manifestó que la imagen fue realizada a principios del siglo XX.

 

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