TALLAS DESTRUIDAS O DAÑADAS POR EL FUEGO (I)

Sergio Cabaco y Jesús Abades


 

El lamentable suceso ocurrido el 26 de febrero de 2007 en la sede canónica de la malagueña Cofradía del Monte Calvario, con las imágenes del Cristo Yacente de la Paz y la Unidad y la Dolorosa de Fe y Consuelo seriamente dañadas por el fuego, nos ha llevado a realizar un ejercicio de memoria histórica y a recoger otros incidentes causados fortuitamente por las llamas que afectaron en su día a varios titulares de la Semana Santa andaluza.

Como podremos observar, el fuego, el gran enemigo de los enseres pasionistas junto con la lluvia, afecta más a las imágenes de vestir que a las de talla completa, por lo inflamable de sus ropajes. En algunos casos, afortunadamente, se limita a dañar la encarnadura de las imágenes, formando una serie de ampollas muy parecidas a las que se producen en la piel humana al quemarse, mientras que en otros, atendiendo a la virulencia del incendio, acaba por carbonizar la estructura interior de madera, cuando no destruye la imagen por completo.

 

 

 

A la izquierda, estado en el que quedó el paso de palio de la Cofradía de la Amargura de Sevilla tras el pavoroso incendio fortuito que sufrió en 1893 al atravesar el cortejo la Plaza de San Francisco y que llegó a ser reflejado en la pintura costumbrista de la época. La Dolorosa roldanesca perdió las manos, teniendo que labrar unas nuevas el escultor Antonio Susillo, y la mitad derecha de su mascarilla quedó también muy afectada por las llamas. A la imagen de San Juan también le hizo nuevas manos el mencionado artífice sevillano.
En la fotografía de la derecha se puede apreciar la mascarilla de la Virgen de la Paz, de la sevillana cofradía del Barrio del Porvenir, dañada por el fuego. Original del imaginero Antonio Illanes Rodríguez (1939), tras ser reencarnada por Sebastián Santos Rojas, en 1979 el restaurador Francisco Arquillo Torres volvería a intervenirla debido a los daños en su encarnadura producidos como consecuencia de un incendio fortuito en el altar de cultos montado en el templo para el quinario. Finalmente, Juan Manuel Miñarro volvería a restaurarla en el año 2002.

 

 

 

Un incendio fortuito también fue el causante de que la Virgen de los Desamparados, titular de la Cofradía del Cristo de las Penas de Córdoba, perdiera la policromía original que su autor, el sevillano Antonio Eslava Rubio, le aplicara al ejecutarla en el año 1973, tal y como podemos observar en la fotografía de la izquierda, realizada pocos años después de su bendición. Fue el escultor e imaginero sevillano Juan Ventura, discípulo de Francisco Buiza, el encargado de restaurarla y encarnarla de nuevo en 1990, así como a la imagen de San Juan Evangelista de la misma corporación, que también sufrió desperfectos por las llamas.
A la derecha, paso de palio de la Virgen de la Victoria, de la Cofradía de la Cena de Granada. Esta imagen, original de Eduardo Espinosa Cuadros (1939), fue intervenida por su propio autor en el año 1951 para reparar los daños ocasionados por un incendio provocado por un cirio dos días antes de su estación de penitencia el Domingo de Ramos. Posteriormente, la imagen sería retocada por Antonio Barbero Gor (1987) y por el cordobés Miguel Ángel González Jurado (1998), quien le confirió gran parte de su fisonomía actual.

 

 

 

La noche del 29 de octubre de 1942, un incendio fortuito ocurrido en la Capilla de la Cofradía de las Aguas, del templo de San Jacinto de Sevilla, destruyó la totalidad de las imágenes titulares, entre ellas la talla de la Virgen del Mayor Dolor, magnífica obra de José Montes de Oca que podemos contemplar en la fotografía de la izquierda. La labor en común del ceramista José Romero Murillo, quien modeló en barro la mascarilla a imitación de la imagen destruida, y del imaginero Antonio Eslava Rubio, quien la pasó a la madera y labró nuevo juego de manos, dio como resultado la actual Dolorosa que procesiona en el paso de misterio de la corporación.
A la derecha, antigua fotografía del paso de misterio de la sevillana Cofradía de la Mortaja. En el año 1915, la hechura cristífera, obra de Cristóbal Pérez (1677), resultó afectada por un incendio fortuito que se provocó en la Iglesia de Santa Marina, por entonces sede canónica de la hermandad. Juan Luis Guerrero reparó de inmediato los daños, que afectaron a la policromía, a la mascarilla y al brazo izquierdo de la imagen, viéndose obligado a reponer dos dedos de esta mano que quedaron arrasados por las llamas.

 

 

 

El escultor e imaginero sevillano Antonio Joaquín Dubé de Luque tuvo que restituir, para la Cofradía del Prendimiento de Almería, las imágenes titulares de Jesús Cautivo de Medinaceli y la Virgen de la Merced (fotografía de la izquierda) al quedar destruidas en un incendio fortuito del que se salvó milagrosamente la talla de Jesús del Prendimiento, tercer titular de la cofradía, así como las imágenes de la Cofradía de la Esperanza, cuyos pasos estaban montados junto a los de la corporación del Miércoles Santo cuando tuvo lugar el suceso.
En la fotografía de la derecha, observamos a la Virgen de la Soledad de Córdoba, de la hermandad del mismo nombre, cuya encarnadura quedó sensiblemente dañada en un incendio ocurrido cinco años después de que el escultor e imaginero Luis Álvarez Duarte la ejecutara en el año 1975, debiendo correr también el artista sevillano con las labores de restauración y reencarnado como consecuencia del incendio.

 

 

 

La primitiva Virgen de la Esperanza de Triana (Sevilla), labrada por Juan de Astorga Cubero (1816), resultó gravemente dañada en 1898 a consecuencia de un incendio fortuito, debiendo ser prácticamente reconstruida por Gumersindo Jiménez Astorga, sobrino-nieto del autor. Ante el mediocre resultado, José Ordóñez Rodríguez la remodela en 1913 y le otorga su actual fisonomía, probablemente inspirada en la Divina Pastora que se conserva en el trianero templo de Santa Ana, labrada por Gabriel Astorga Miranda, hijo de Juan de Astorga, en 1865. Finalmente, Antonio Castillo Lastrucci labra nuevas manos y hace una réplica de la cabeza, aprovechando ciertos elementos del busto y mejorando las facciones que en su día le imprimera José Ordóñez.
A la derecha, estado en el que quedó la Virgen de la Victoria de Huelva tras el incendio producido en su paso de palio durante el discurrir de la cofradía por las puertas del Barrio Obrero, en el año 1953. Ofreciendo una dramática y conmovedora estampa, la imagen quedó expuesta en el templo tal y como podemos observar en la fotografía, con el cirio que cayó del candelero y prendió sus ropas entre las manos. El artista ayamontino Antonio León Ortega la restauraría ese mismo año con discretos resultados, de ahí que la hermandad se decidiera a encargar al escultor e imaginero sevillano Luis Álvarez Duarte una nueva Dolorosa en 1968.

 

 

 

A la izquierda, la Virgen del Mayor Dolor, de la Cofradía del Calvario de Córdoba, una interesante imagen tallada en el año 1945 por Francisco Díaz Jiménez y Antonio Castillo Ariza (tomando como modelo la espléndida titular de la Cofradía de Jesús Nazareno), que resultó dañada por un incendio fortuito en 1995, teniendo el artista cordobés Miguel Ángel González Jurado que restaurar su encarnadura y realizarle nuevas manos.
A la derecha, la Virgen del Valle de Sevilla antes del incendio que, en 1909, se desencadenó en su altar de la Iglesia del Santo Ángel, templo en el que la cofradía se hallaba establecida por esas fechas. La restauración que el IAPH acometió en el año 2007 reveló que, bajo capas de yeso y policromía que incluyen sus famosos ojos de tonos verdosos, la Dolorosa conservaba más impronta original mesina de la que se pensaba, pese a la profunda remodelación efectuada por el imaginero José Ordóñez a raíz del lamentable incidente.

 

 

 

A la izquierda, antigua instantánea del paso de palio de la Cofradía de Montserrat, de Sevilla, cuya Dolorosa montañesina quedó afectada en su policromía a causa de un incendio ocurrido en el año 1899 que prendió fuego al manto procesional a la entrada del cortejo penitencial en la calle Murillo, teniendo la imagen que ser restaurada ese mismo año por el escultor e imaginero Manuel Gutiérrez Reyes, hermano de la cofradía.
Por último, a la derecha, primer plano de la Dolorosa de la Paz, inmortalizado por el fotógrafo Juan Carlos Gallardo Ruiz, de la Cofradía de Olivareros de Utrera (Sevilla), cuyas mascarilla y manos resultaron dañadas en el año 2006 como consecuencia de un incendio fortuito declarado en su parroquia. Es una de las primeras obras del artista sevillano Manuel Ramos Corona (1985), muy influida aún por la estética de su maestro Luis Álvarez Duarte.

 

Dossier Relacionado en este

 

Volver         Principal

www.lahornacina.com