SAN SERVANDO Y SAN GERMÁN, PATRONOS DE CÁDIZ. FRANZ XAVIER RIEDMAYER (1806)
CONTEXTO HISTÓRICO Y ORIGEN DEVOCIONAL DE UNA OBRA RESTAURADA POR ARS NOVA

Fabián Pérez Pacheco (31/10/2018)


 

     
     
 
     
     

Cuadro de Los Santos Patronos de Cádiz, San Servando y San Germán

Franz Xavier Riedmaÿer
1806
Catedral de Cádiz

 

Introducción

Entre los meses julio y septiembre de 2018, en Ars Nova Restauraciones hemos recuperado un cuadro para la catedral de Cádiz que representa a los Santos Patronos de la ciudad, San Servando y San Germán, obra de Franz Xavier Riedmaÿer, pintor alemán afincado en Cádiz desde finales del siglo XVIII, y que firmó y fechó en 1806.

En este artículo, intentamos contextualizar la obra dentro del marco histórico de la Contrarreforma, de algunos de los textos publicados en la época y los hallazgos arqueológicos encontrados acerca de las santas reliquias de estos mártires, entendiendo todos ellos como revulsivo devocional que favoreció su culto y la realización y difusión de imágenes artísticas.

 

 
 
Firma del cuadro: "Pintado por Fran co Xavier Riedmaÿer, / Cadiz año de 1(8)06"

 

San Servando y San Germán, nombrados patronos de la ciudad de Cádiz

Estos santos mártires Servando y Germán, hermanos e hijos de san Marcelo y santa Nonia, sufrieron el martirio a finales del siglo III o a principios del siglo IV, en el conventus gaditano en tiempos del emperador romano Diocleciano, y según dice la tradición, en el collado Ursoniano, que ahora conocemos como Cerro de los Mártires en la Isla de León, actual ciudad de San Fernando.

Desde finales del siglo XVI se levantaron voces en la ciudad de Cádiz decididas a favorecer el culto a estos santos mártires y al pronunciamiento de su patronazgo para la ciudad, lo que ocurrió finalmente en 1616 durante el pontificado de Pablo V y el episcopado de Juan de Cuenca en la sede gaditana. Suárez de Salazar en su Grandezas y antigüedades de la Isla y ciudad de Cádiz (1610), fue el primero en proponer su patronazgo, dando a conocer noticias acerca de estos santos mártires. Agustín de Horozco inicia este resurgimiento con su Historia de la ciudad de Cádiz (1598), donde habla por primera vez de sus vidas y martirio, y posteriormente, en 1619, con su más extensa Historia de la vida y martirio de los gloriosos santos Servando y Germano, patronos de la ciudad de Cádiz, refuerza dicha devoción en la ciudad, siendo el Emporio del Orbe (1690), de Gerónimo de la Concepción, la máxima expresión literaria de exaltación hacia estos santos mártires.

Sería Suárez de Salazar en su obra Grandezas y Antigüedades de la Isla y ciudad de Cádiz, publicada en 1610, el que defendería que estos mártires se convirtieran en patronos de la ciudad, pues no sólo reconoce el olvido de la ciudad hacia ellos, sino que tilda de desagradecidos a los gaditanos por no conservarlos en la memoria, frente a ciudades como Sevilla, Mérida o Toledo que dice, se precian de "tan ilustres y valerosos españoles" pues los honran con sus fiestas y rezos. De este modo, Suárez de Salazar redacta ese primer alegato público acerca de alzar el patronato de estos santos mártires para la ciudad de Cádiz: "siendo esta ciudad la más obligada; que no sólo debía hacer lo que otras ciudades, sino elegirlos por sus Patronos, y Defensores; pues hasta hoy no ha honrado santo alguno con este título (quizás providencia del Altísimo) que no ha permitido se les quite a estos gloriosos mártires lo que les está justamente debido, teniendo vacante, y suspenso por tantos años este título de Patrono. Diera yo por bien empleado el trabajo de esta pequeña obra, cuando no tuviera de fruto más que servir de motivo a Cádiz, para que diese a estos gloriosos santos la honra que por tan grandes favores se les debe".

Este marco histórico, de finales del siglo XVI y siglo XVII, favorecía dicha devoción en una doble línea. Por un lado, las directrices de Trento profundizan en la tradicional función intercesora de los santos, de manera que su devoción se convierte en un rasgo de reafirmación de la iglesia romana frente a la luterana, siendo la hagiografía y el culto a María, expresión de una sensibilidad devota basada en la exhibición pública, el culto comunitario y el exorno envolvente que interacciona con el fiel por vías emotivas y sensibilistas. Esto ocurría frente a la estrategia anicónica, individualista e intelectualizada, basada en la palabra, de las iglesias reformadoras.

A este movimiento cultural de la contrarreforma, se une una realidad local que no hace sino profundizar en esta necesidad de intercesión y protección de estos santos personajes, así como de advocaciones protectoras de la Virgen María. Las guerras de religión en Europa, y el poderío militar que adquiere la corona española con la anexión del reino de Portugal, provocan enfrentamientos militares con Inglaterra. Cádiz sufre asedios y asaltos ingleses por mar, con flotas reforzadas con su aliada protestante Holanda. Así hubo asaltos a finales del siglo XVI incluso en el XVII (de manos de Francis Drake, en 1587, o del conde de Essex en 1596, o el sí fallido ataque de 1625) que justifican estas devociones protectoras en una ciudad como Cádiz abierta al mar.

 

 
 
 
 

El cuadro de Riedmaÿer, de 1806, reproduce las esculturas que la escultora sevillana Luisa Roldán realizó para la catedral de Cádiz en 1687.

 

Las esculturas de La Roldana: imágenes icónicas de los santos Servando y Germán

A partir de ese momento, fueron numerosas la producción de imágenes de estos santos patronos, producción casi exclusivamente escultórica y no tanto pictórica (la capacidad devota del "bulto redondo" ha sido y es un rasgo característico, con contadas excepciones, de la tradición piadosa de la religión católica). Sin duda, las más destacadas de estas imágenes fueron las realizadas por la escultora Luisa Roldán en 1687 para el cabildo de la catedral gaditana, adquiriendo estas imágenes de "La Roldana" un verdadero carácter icónico de los santos patronos en Cádiz.

Quizás por ello, cuando se decide dar expresión pictórica a esta devoción de San Servando y San Germán, se toma como referencia figurativa las mismas esculturas de la catedral, como es la obra que presentamos de Franz Xavier Riedmaÿer, y que hemos restaurado en los últimos meses. En esta obra, Riedmaÿer no recrea a los santos personajes en sí, sino las esculturas de Luisa Roldán, es decir, lo que Riedmaÿer realmente pinta son unas esculturas; incluso los atributos no aparecen como elementos naturales, de manera singular las palmas del martirio o los sencillos nimbos, sino que son representados como elementos de orfebrería, es decir, como atributos escultóricos. Ambas esculturas forman una imagen especular una junto a la otra, aunque actualmente, al ser dispuestas en retablos gemelos pero en capillas separadas, dicha composición e imagen de conjunto, queda parcialmente rota. El cuadro, sin embargo, reproduce de modo perpetuo esa exacta composición.

 

 
 
 
 

Fotografía del Catálogo Monumetal de Romero Torres del pedestal de la desaparecida ermita de los Santos Nuevos de Alcalá de los Gazules (tomo VII, nº 663), junto con el dibujo de dicho pedestal y de la excavación realizada que fue publicado en la revista Semanario Pintoresco Español, nº 52, de 1850 (p. 410).

 
 
 
 
Reproducción de los dibujos realizados por Torcuato Cayón en 1779 del pedestal visigodo, de origen romano, del siglo VII, que fue encontrado en la ermita de Nuestra Señora de la Oliva del municipio gaditano de Vejer de la Frontera. Esta reproducción fue publicada en Historia de los santos mártires Servando y Germán, patronos de Cádiz en 1798 por Melitón Memige, y en ella se puede leer: "En el nombre del Señor Jesús. Aquí se han depositado las reliquias de los Santos Esteban, Servando, Germán, Justa, Rufina, mártires, el día 18 de las Kalendas de febrero, año de la era 712, y séptimo de Don Teodoracio, Obispo" (15 de enero de 674).

 

Renovada devoción a finales del siglo XVIII: el texto de Melitón Memige y los hallazgos de Vejer de la Frontera y Alcalá de los Gazules

De este modo, a lo largo de los siglos XVII y XVIII la devoción de los santos Servando y Germán fue afianzándose en la ciudad. Pero ciertamente, a finales del siglo XVIII se produce otro renacimiento de su devoción, siendo éste el marco histórico directo en el que fue pintado el cuadro de Riedmaÿer que está ahora en la catedral de Cádiz.

La historia de estos santos mártires y su devoción se construyó en base a testimonios litera-rios, fuentes antiguas, martirilogios y breviarios que entremezclaban lo legendario con lo histórico. Pero en 1779, se produce el primer testimonio material acerca de estos santos hermanos, pues en la ermita de Nuestra Señora de la Oliva en Vejer de Frontera (Cádiz), apareció un cipo romano con inscripción funeraria, que había sido trasformado en pedestal visigodo en el siglo VII, con una leyenda en la que se lee una referencia a la disposición de las santas reliquias de San Servando y San Germán: "En el nombre del Señor Jesús. Aquí se han depositado las reliquias de los Santos Esteban, Servando, Germán, Justa, Rufina, mártires, el día 18 de las Kalendas de febrero, año de la era 712, y séptimo de Don Teodoracio, Obispo", lo que con el cambio de calendario se puede fechar en el 15 de enero del año 674. El hallazgo de este pedestal (temporalmente se puede contemplar formando parte de la exposición Traslatio Sedi en la catedral de Cádiz que celebra el 750 aniversario del traslado de la sede episcopal gaditana de Sidonia a Cádiz) fue supervisado por el arquitecto de la catedral nueva de Cádiz Torcuato Cayón, el cual levantó un minucioso dibujo que permitió la divulgación del descubrimiento.

Más profunda devoción debió crear el hallazgo acontecido en 1800 en las inmediaciones de Alcalá de los Gazules, cuando fortuitamente, en vísperas de la festividad de los mismos Santos Patronos, fue encontrado un pedestal romano reaprovechado como estela visigoda en el que se lee "En el nombre del Señor aquí están depositadas las reliquias de los Santos Servando, Germán, Saturnino, Justa, Rufina mártires y Juan Bautista en el día noveno de las calendas de junio del año 33 del Señor Pimenio como pontífice en el año 700 de la era", lo que debió corresponder al año 657 de nuestra cronología. Actualmente este pedestal queda integrado en la fábrica de la iglesia de San Jorge de la localidad de Alcalá de los Gazules. El arquitecto Pedro Albisú fue comisionado para indagar acerca del lugar donde se había producido el hallazgo del pedestal, encontrando en aquel lugar una necrópolis dispuesta en torno a una construcción antigua en el que le pareció observar, y así lo recoge en el informe emitido al respecto en diciembre de ese mismo año, las tumbas de los mismos patronos de Cádiz, al encontrar en una de ellas, la primera que abrió, dos esqueletos juntos: "ordené se levantase la losa núm. I, que era la que solamente se hallaba entera. Aún no se había verificado del todo, más había visto yo ligeramente los huesos que en él se comprehendían, quando sobrecogido de un pavor respetuoso, me encontré sin otro arbitrio que para prorrumpir indeliberadamente de los Santos Patronos de Cádiz, y para disponer que se dejase la losa en la situación que estaba (...) condescendí con las súplicas de todos levantando enteramente la losa, y conjeturándose podrían ser los dos esqueletos que se advertían los de San Servando y San Germán por la analogía que tenía con la inscripción" (1). Algunos testimonios de la época, incluso hablan de ciertos efectos sanadores en vecinos enfermos al entrar en contacto con aquellas tierras removidas. El propio arquitecto Albisu reconoce no poder constatar la veracidad de dichos relatos.

Estos hallazgos reavivaron el espíritu de los devotos, que hicieron de nuevo a San Servando y San Germán objeto de sus rezos; con todo esto, el culto a sus santos patronos se vio fortalecido en la ciudad de Cádiz. De este modo, en 1798, Francisco Melitón Memige, escribe una nueva recopilación de la Historia de los santos mártires Servando y Germán, patronos de Cádiz. Refiriéndose a las fuentes antiguas, dice que los patronos fueron hijos de "Marcelo Centurión que padeció por fe en la Tingitana, y de Nonna, mujer muy santa". Algunas fuentes describen su familia, en un número de doce hermanos mártires, aunque Melitón Memige, cuadrando las fechas de martirio con las persecuciones de los emperadores romanos, concluye que no podían ser todos ellos hermanos. Continuando con sus críticas indagaciones, empeñado en alcanzar la verdad, hace hincapié en la apelación de "soldados" de ambos hermanos, mártires patronos de Cádiz. Si bien observa que reciben dicho calificativo de algunas fuentes antiguas, Melitón afirma que debe ser interpretado realmente como soldados de la fe, enfrentados a los paganos sólo con las armas de sus convicciones cristianas, por lo que se les representan como "guerreros esforzados, aunque no hayan sido militares". Melitón, en el apéndice de su publicación, da noticia, además, de la estela de Vejer anteriormente descrita, y publica el dibujo que realizara Cayón casi veinte años antes, en 1779. En la advertencia inicial, Melitón contextualiza su Historia de los Santos Mártires en un marco de restauración del culto y devoción de la ciudad de Cádiz hacia sus santos patronos, y dice cómo el cura del Sagrario, asignado a la parroquia de Santiago, don Pedro Bueno, "proporcionó muy en breve una pequeña estampa, para satisfacer al ansia de común de los fieles", dándonos a conocer la necesidad piadosa del culto privado o doméstico que se demandaba por los fieles. Incluso describe cómo "otros devotos tenían encargada otra lámina de mayor lucimiento a uno de los célebres Profesores, que ha tenido España en el grabado, después del restablecimiento de las Artes", incluso habla del acuñado de unas medallas para uso devocional.

 

 
 
 

El cuadro de Riedmaÿer junto a un grabado del Convento de Nuestra Señora de Trápana de Osuna. La simetría compositiva entre ambas obras es evidente.

 

El cuadro de Riedmaÿer y su relación con un grabado de Osuna

En el año 2012, Pedro Jaime Moreno de Soto dio a conocer un grabado que identificó con una de estas estampas calcografiadas de las que da noticias Melitón Memige (2). Dicho grabado forma parte de la colección de grabados del convento de Nuestra Señora de Trápana de Osuna (Sevilla), y éste pudo servir de inspiración inmediata para el cuadro que nos ocupa de la catedral de Cádiz, como fue dinámica frecuente en la producción de imágenes y composiciones devocionales desde el renacimiento. La exacta composición del grabado, realizado por José Rico que parte de un dibujo de José García, y el cuadro de Riedmaÿer, pone en relación ambas obras de manera evidente. Según el acotado cronológico que Moreno de Soto propone, este grabado debió ser realizado entre los años 1787 y 1827 o próximos, atendiendo al período en los que realizaron su actividad artística tanto el pintor como el grabador de la estampa. Incluso, dada la calidad artística del mismo, Moreno de Soto entiende que "la lámina de mayor lucimiento" de uno "de los más célebres Profesores de España en el grabado" que dice Melitón, pudiera ser, tal vez, el de Osuna.

Atendiendo a la franja cronológica propuesta por Moreno de Soto, y entendiendo que el cuadro se fecha en 1806 por un pintor ya de reconocimiento asentado en la ciudad de Cádiz, pudiera ser que Riedmaÿer realizara la obra inspirada en la imagen icónica de las esculturas de la Roldana, y esta recreación fuera tomada como acertada escena pictórica para representar a los santos patronos San Servando y San Germán, y fuera entonces calcografiada. De este modo, podríamos pensar que el pintor José García, dibujara para el grabado de Osuna el modelo pictórico de Riedmaÿer, que habría realizado, entonces, con anterioridad. En cualquier caso, es una conjetura difícil de constatar.

 

 
 
 
El cuadro de Riedmaÿer (1806) reproduce las esculturas de Luisa Roldán (1687) de la catedral de Cádiz, pero lo hace evitando las modificaciones realizadas por Mortola en 1756 que reformó la policromía de las esculturas.

 

Una comparación historicista: las esculturas de La Roldana y el cuadro de Riedmaÿer

En el cuadro de Riedmaÿer, y por ende en el grabado de Osuna, las figuras de los santos patronos pisan en una franja de tierra que se abre al mar sobre el que se alza un amplio fondo de cielo. De él desciende un ángel que, portando sendas coronas de laurel, se dispone a coronar a los santos mártires. Su representación tiene el interés ya descrito anteriormente de mostrar las esculturas realizadas por "La Roldana" para la catedral de Cádiz.

Sin embargo, observamos destacadas e interesantes diferencias entre la obra de Riedmaÿer y el aspecto actual de las esculturas. Por ejemplo, una de estas diferencias se refiere a la paleta de color. Las esculturas muestran una policromía de gama apastelada, de colores suaves y luminosos, característicos del arte galante del siglo XVIII, pero sin duda dichos tonos no serían los característicos de la obra original de finales del XVII que realizara Luisa Roldán. Claro es que el color no puede ser observado en el grabado de Osuna, pero otras diferencias sí son aplicables a ambas obras, en algunas de las cuales repara Moreno de Soto. No aparecen en el cuadro, ni en el grabado, las decoraciones en bajo relieve que presentan las esculturas, como en las corazas, que reproducen motivos de rocalla y otras decoraciones que no responden a la obra original de Luisa Roldán, pero que fueron añadidas posteriormente en las imágenes. Incluso en el cuadro y en el grabado se ha omitido el aspecto barbilampiño de San Servando que no muestra el bozo de la barba y fino bigote que sí tiene policromada la escultura de la catedral. Parece que el modelo que reproduce Riedmaÿer y el grabado, sea un estado anterior a las modificaciones de policromía que realizó en 1756 Francisco María Mortola, pintor-policromador italiano afincado en Cádiz, y que retocó la escultura cincuenta años antes que las pintara Riedmaÿer.

Es de interés reseñar que esta obra no reproduce el estado real de las esculturas en el momento en el que Riedmaÿer pinta el cuadro, sino, suponemos, un estado previo a la intervención de Mortola. Quizás el aspecto de barroco galante, y colores apastelados que adquirió la imagen no era del agrado del momento, a principios del siglo XIX, imbuidos plenamente ya de un gusto neoclasicista, y se prefirió reproducir su estado previo, según le indicaran al pintor cuál era aquel estado previo.

Atendiendo a sus dimensiones, la obra de Riedmaÿer pareciera que fue realizada para el culto individual, y en este ámbito de la devoción doméstica o de una capilla particular, es cómo parece se explica. Igualmente la obra se explica en este momento histórico, donde se observa una devoción renovada desde finales del siglo XVIII, debido a los descritos textos y hallazgos arqueológicos que pusieron la historia y testimonio de estos santos mártires de intensa actualidad.

 

 
     
     
 
     
     
 
     
     
Fotografías comparativas de los estados de la obra finalizados los trabajos de restauración y los momentos previos a ella.

 

Trabajos de restauración

La obra mostraba defectos de conservación en su estructura (bastidor y lienzo) así como en su capa pictórica (con exfoliaciones encrestadas con riesgo de desprendimiento, pérdidas puntuales de la capa de color e intensos depósitos de suciedad y barniz oxidados que velaban la superficie pictórica). Por ello, realizamos trabajos de consolidación en el bastidor, adaptados sus ensambles para disponer sistema de doble cuña, ya que no realizaba adecuadamente su función de conservación del lienzo pues no ejercía la tensión necesaria. Los rotos de la tela fueron también intervenidos. La firma en el reverso del lienzo, quedaba parcialmente afectada por algunos de estos desgarros y rotos de la tela, por lo que se decidió intervenir en ellos mediante su consolidación con la restitución de hilos, para de este modo conservar el exacto documento histórico. La capa pictórica, que mostraba unos craquelados muy encrestados, requirió trabajos de consolidación con la finalidad de asentar y readherir dichas exfoliaciones. Realizamos trabajos de limpieza mediante disolución del producto de deformación y su eliminación manual mediante picado estático a punta de bisturí. El marco, aunque reaprovechado de alguna otra obra anterior, sí mostraba virtudes estéticas por su antigüedad, lo que justificaba, a pesar de su mal estado de conservación, trabajos de res-tauración tendentes a recuperar su unidad volumétrica (mostraba pérdidas del soporte y de elementos decorativos) y superficie dorada (mostraba intensos desgastes, capa de suciedad y presencia de purpurinas fuertemente oxidadas y enverdecidas). Por ello se realizaron trabajos de consolidación del soporte, de reintegración volumétrica, así como de limpieza y retocado puntual del dorado, conservando un aspecto noble y de sereno envejecimiento.

 

 
     
     
Pormenores donde se aprecian desperfectos en la capa pictórica, en el lienzo y suciedad en la superficie pictórica.

 

BIBLIOGRAFÍA

(1) Da noticia de este informe de Albisu, Enrique Romero de Torres en Epigrafía romana y visigótica de Alcalá de los Gazules, Boletín de la Real Academia de la Historia Tomo 53. 1908. pp. 514-523.

(2) MORENO DE SOTO, PEDRO JAIME. "Los grabados barrocos del convento de Ntra. Sra. de Trápana de Osuna", Cuadernos de la Amigos de los Museos de Osuna, 14. 2012. pp. 75-83.

 

 
     
     
Fotografías comparativas de la trasera del cuadro, finalizada la restauración y antes de realizarse los trabajos.
     
     
     
     
     
     
Trabajos de consolidación de uno de los rotos del lienzo mediante la restitución de hilos.
     
     
     
     
     
     
Dos de los rotos del lienzo que fueron consolidados mediante la restitución de hilos. Este tratamiento fue realizado en los rotos de la tela que afectaban al entorno de la firma del pintor.

 

Nota de La Hornacina: Fabián Pérez Pacheco es Historiador del Arte y Restaurador de Obras de Arte en Ars Nova Restauraciones S.L.

 

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