LA IMAGEN DE SANTA TERESA DE JESÚS
DEL CONVENTO SEVILLANO DEL BUEN SUCESO

13/10/2006


 

La santa española fue labrada por el maestro granadino Alonso Cano (1601/1667) para ostentar la presidencia de un retablo, también labrado por el autor (1628-1629), en la sevillana Iglesia de San Alberto. En el siglo XIX, fue trasladada junto a una imagen de San Alberto de Sicilia, realizada también por Cano, a su actual emplazamiento, el sevillano Convento del Buen Suceso, regido por Padres Carmelitas Calzados. El retablo fue expoliado y las pinturas que lo decoraban se dan por desaparecidas.

La imagen de Santa Teresa, prototipo de posteriores creaciones sobre el tema, sufrió daños durante los mencionados disturbios, teniendo que ser restaurada posteriormente para hacerle nuevas manos, reparar desperfectos en los ropajes y, de paso, eliminar repintes y postizos de la mascarilla. Mide 148 cm de altura. Recientemente, hemos localizado otra imagen realizada siguiendo el estilo de la sevillana en el municipio onubense de Ayamonte, fechada en el siglo XVII y muy restaurada por el imaginero José Vázquez Sánchez (fotografía de abajo).

La espléndida santa de Alonso Cano se halla representada en su papel de escritora o maestra de las almas que quieren entregarse a una vida del todo espiritual, con la pluma y el libro en sus manos. A través de las revelaciones experimentadas durante su retiro de la vida mundana, Teresa de Jesús llevó a cabo una prosa de gran misticismo dirigida a la perfección del alma. La otra representación más frecuente de la santa en el arte cristiano es la de su Transverberación, traspasada por un dardo de amor divino que le asesta un ángel enviado por Dios, tal y como la propia Teresa de Jesús narra en sus escritos: "Se encendió en mi corazón como un fuego abrasador, y encerróse en mis huesos, y desfallecí porque no podía resistirlo".

La talla fue concluida en 1629, año en el que Alonso Cano añade a su curriculum de maestro pintor los títulos de maestro de escultura y arquitectura. Con la mencionada imagen de San Alberto de Sicilia comparte la riqueza cromática en el hábito, la abundancia de paños y la calma que emana del bello rostro, tal y como ha afirmado Pedro López López en un reciente estudio sobre la obra del poliédrico artista: "la serenidad de rostros y manos contrasta con lo movido del ropaje, que es evidente pero nunca violento".

 

 

Fotografía de Sevilla de Oronoz

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