LA BAILARINA RUSA Y SU MANTILLA
Con información de Fuencisla Muñoz
El retrato de Olga
Koklova, primera mujer de Picasso y la única con la que el pintor llegó a
casarse, es una de las joyas del Museo Picasso de Málaga. El artista la
conoció en Roma cuando ella formaba parte de los ballets rusos. Picasso
colaboraba entonces en el decorado de los escenarios del ballet Parade,
dirigido por el mítico Diaguilev.
El retrato de Olga, madre de su hijo Pablo, realizado en Barcelona en 1917, sorprende por su realismo y su frontalidad. Sin embargo, el hecho de vestir a la bailarina rusa con una mantilla típicamente española lo convierte también en una alegoría del ideal español.
Años más tarde, el pintor retrataría de la misma manera a su segunda mujer, Jacqueline. La obra es el reflejo, además, de una etapa feliz y fructífera (de 1917 a 1923) en que Pablo Picasso fue pasando del cubismo al realismo y después al manierismo.
En las obras de este periodo se aprecia además la influencia de lo personal en lo artístico. El embarazo de Olga y su interés por el cuerpo humano se reflejan en esas figuras de mujeres de aspecto casi escultórico y que enlazan por un lado con la tradición clásica griega y romana, y por otro, con las venus prehistóricas que exaltan la fecundidad.
Como curiosidad, y a través de un sobrino de Picasso, se sabe que la mantilla de Olga era en realidad un tapete de mesa. Olga Koklova desaparece de la obra del pintor a partir de 1924.
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