EL MONASTERIO DE SAN JERÓNIMO DE VALPARAÍSO

Gloria Lora Serrano, Isabel Mateos Gómez, Amelia López-Yarto y José María Prados García

 

Con el fin de contribuir a que Córdoba sea Capital de la Cultura en el año 2016, se realizó este especial formado por 20 entregas en el que haremos un repaso por el rico patrimonio de la ciudad andaluza. Los mejores historiadores e investigadores sobre la ciudad, junto con nuestras modestas aportaciones, darán forma a un interesante recorrido que podrán consultar a través del banner correspondiente en la página principal de contenidos. Al mismo tiempo, tendrán un enlace de cada entrega en la sección Atajos, donde quedará definitivamente inserto una vez concluido.

 

 

En 1405, coincidiendo con una época de renovación eclesiástica general en toda la Península, un grupo de monjes, en su mayor parte portugueses, llegaron a Córdoba, y con la generosa ayuda material prestada por doña Inés Martínez de Pontevedra y su hijo Martín Fernández, Alcaide de los Donceles, fundaron en las faldas de la Sierra, en el lugar llamado de Valparaíso, el Monasterio de San Jerónimo. Está muy cerca de la ciudad califal de Medina Azahara, cuyos materiales se aprovecharon para su construcción.

Pasados sus humildes inicios, el monasterio alcanzó gran prestigio entre los cordobeses de la época, sobre todo entre las capas más favorecidas de su sociedad, quienes le donaron parte de sus bienes, formando así un rico y extenso patrimonio que no cesó de agrandarse durante los últimos años del Medievo.

La crisis que afectó a todos los monasterios a fines de la Edad Media parece que no interesó en lo más mínimo a nuestro monasterio, pues el crecimiento económico de Valparaíso resulta evidente. Y es más llamativa esta boyante situación si tenemos en cuenta los gastos tan considerables en los que San Jerónimo se vio envuelto: en el siglo XV es cuando se comienza a construir la colosal fábrica del Monasterio, que supuso una sangría permanente en las arcas de Valparaíso; pero no sólo se construía el edificio del Monasterio, sino que también debemos tener en cuenta los gastos de conservación del mismo y la construcción de otros edificios (casas de labor, cobertizos, etcétera). Además en el capítulo de gastos, hemos de incluir la alimentación de los monjes, servidores y numerosos peregrinos que acudían pidiendo comida y cama en la hospedería; las cuantiosas limosnas que se repartían en Córdoba; los gastos del culto (cera); los que ocasionaban las labores agrícolas; la compra de animales de labor, etcétera.

Y es que Valparaíso fue el monasterio preferido por la nobleza de Córdoba. A principios del siglo XVI se construyó de nuevo la iglesia, siendo ampliada y renovada en el año 1704, a excepción de la portada. Cuando quedaban libres de sus piadosos ejercicios, los jerónimos se dedicaban a escribir e iluminar códices, al bordado, la forja, la relojería, carpintería, encuadernación, hacer lucernas, etcétera. Particularmente se distinguieron en la arquitectura, sobre todo en los siglos XV y XVI, en que se hicieron los claustros, templo, dormitorios y celdas.

Con la invasión francesa, los frailes se vieron obligados a dejar el monasterio, y aunque con la expulsión de los franceses se restauró la vida monástica, muy pronto hubo una nueva exclaustración, la de Riego, durante el trienio liberal (1820-1823). Cuando los jerónimos se establecieron de nuevo en Valparaíso, después que Fernando VII recobrara la plenitud de sus facultades soberanas, ya el monasterio había sufrido grandes destrozos en las dos ocasiones en que estuvo abandonado. Luego vinieron la exclaustración definitiva de Mendizábal con la venta de bienes y, finalmente, la venta del monasterio, que pasó por diferentes manos privadas. Todo ello provocó la desaparición de códices, armas, libros, pinturas, esculturas y objetos de culto de incalculable valor. Hasta se profanaron sepulturas y la misma fábrica sufrió los efectos del vandalismo.

Al adquirir Valparaíso el Marques de Mérito, se emprendió la tarea de reconstrucción y embellecimiento del viejo solar, adaptándolo para vivienda propia. Consta documentalmente que, en el año 1901, el que fue el mejor monasterio de la Orden de los Jerónimos en Andalucía se hallaba casi en estado ruinoso.

Actualmente, de la antigua edificación, la primera del Gótico en Córdoba y una de las mejores en su estilo de la provincia cordobesa, solo se conservan algunas dependencias, especialmente el magnífico claustro gótico, ejemplar único en la ciudad con grandes contrafuertes que sostienen galerías de arcos ojivales en la planta baja y arcos de medio punto en la alta; la sala de profundis con su portada tardogótica; el refectorio; y la celda prioral y la sala capitular, cubiertas ambas con bóvedas de crucería, estas últimas visibles también en la planta baja del claustro. Destacan también la portada barroca del compás, la portada de la iglesia en estilo gótico florido, relacionada con Hernán Ruiz I, y la torre, con el cuerpo superior girado, la cual nos remite a las obras de Hernán Ruiz II.

 

 

FUENTES: LORA SERRANO, Gloria. "El Dominio del Monasterio de San Jerónimo de Valparaíso (Córdoba)", en En la España Medieval, volumen II, Madrid, 1982, pp. 667-690; MATEO GÓMEZ, Isabel, LÓPEZ-YARTO ELIZALDE, Amelia y José María PRADOS GARCÍA. El Arte de la Orden Jerónima: Historia y Mecenazgo, Madrid, 1999, pp. 143-145; DAROCA BRUÑO, Francisco, YLLESCAS ORTIZ, María y Felipe DE LA FUENTE DARDER. Córdoba, Guía de Arquitectura, Córdoba, 2003, p. 244.

 

Fotografía de www.rutasdelsur.es

 

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