PONTIFICIA, REAL Y PRIMITIVA ARCHICOFRADÍA DE
NAZARENOS DEL
SANTÍSIMO CRISTO DE LA CORONACIÓN DE ESPINAS, NUESTRO PADRE JESÚS
CON LA CRUZ AL HOMBRO, NUESTRA SEÑORA DEL VALLE Y SANTA MUJER VERÓNICA
Templo: Iglesia de la Anunciación.
Fundación: En 1590 se fusionaron la Cofradía de la Santa Faz, fundada en 1450, y la de la Coronación de Espinas, erigida en el año 1540.
Pasos: Tres.
CRISTO
DE LA CORONACIÓN DE ESPINAS
Autor: Agustín de Perea Sánchez.
Cronología: 1687-1688.
Material: Madera policromada.
Medidas: 134 cm.
Pasaje Evangélico: "Los soldados trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza, y le vistieron de un manto de púrpura, y acercándose a Él le decían: "Salve, Rey de los Judíos", y le daban bofetadas" (Jn 19, 2).
Restauraciones: En época indeterminada, le reemplazaron los antiguos ojos de talla por otros de cristal -para lo cual se abrió la mascarilla a golpe de formón-, retallaron el cabello y sustituyeron la corona de espinas labrada en el mismo bloque craneal por otra tallada separadamente de la pieza. Francisco Espinosa de los Monteros (1918). IAPH (1999-2000), donde irradiaron la talla con rayos gamma para frenar el fuerte ataque de prudición parda que padecía la madera, repusieron fragmentos perdidos, consolidaron los ensambles de la talla, limpiaron la policromía y reintegraron las lagunas pictóricas en aquellas zonas donde era estrictamente necesario.
Análisis Artístico: Dramática imagen que supone una interesante conjunción del estilo roldanesco, propio de la época, y los famosos prototipos sobre el tema establecidos por el granadino Pedro de Mena, maestro del escultor. Sedente sobre un sitial, el sumiso Varón inclina la cabeza hacia la derecha para permitir que uno de los verdugos le acabe de encajar brutalmente la corona de espinas con un palo, lo que provoca la contracción del lado izquierdo del cuello y el resalte de la fosa supraclavicular. El rostro aparece abatido y extenuado por la tortura infligida, con los párpados vencidos, los ojos entornados y los labios secos y jadeantes. Tanto el perfil recto y afilado, como el modelado del cabello y, sobre todo, del bigote y la bífida barba, empastados por la sangre que mana de las heridas producidas por la corona, remiten directamente a los grafismos impuestos por Pedro Roldán. Los brazos aparecen cruzados y atados con un cíngulo por su condición de reo. Resulta admirable el virtuosismo del escultor malagueño a la hora de modelar ambas manos, con gran resalte de tendones y venas, portando la derecha una caña a modo de cetro. Óptima es también la resolución del torso y de los miembros inferiores y superiores, salpicados de contusiones, regueros de sangre y heridas sanguinolientas como consecuencia de los maltratos. El dorso, de anatomía más esquemática por hallarse cubierto con la clámide de color púrpura, aparece surcado por un copioso caudal de sangre que parte de la cabeza. El sudario es un paño que cubre con varias vueltas la desnudez de Cristo
Preseas: Potencias de plata de ley y pedrería, de autor anónimo (siglo XVIII).
Figuras Secundarias: Dos verdugos le introducen con palos la corona de espinas a Jesús en el cráneo, mientras otro le tira del cordón de la clámide y el cuarto, arrodillado, se burla de su realeza. Todos ellos fueron realizados por Joaquín Bilbao Martínez (1922). En 1967 fueron restaurados por José Rivera García y entre 2002 y 2003 fueron intervenidos por Enrique Gutiérrez Carrasquilla, quien sustituyó el candelero del sayón arrodillado -formado por varios tablones de madera, forrado con cartón fuerte pintado y relleno de estopa- por otro realizado íntegramente en madera, aprovechando la estructura del anterior, y al igual que el sayón que tira de la soga de Cristo -imagen de talla completa- le ha limpiado la policromía y reintegrado las lágunas pictóricas que presentaba la talla.
JESÚS
CON LA CRUZ AL HOMBRO
Autor: Anónimo sevillano.
Cronología: Segunda mitad del siglo XVII.
Material: Madera de cedro policromada.
Medidas: 176 cm.
Pasaje Evangélico: "Le seguía una gran multitud de pueblo y de mujeres, que se dolían y se lamentaban por Él. Jesús, volviéndose a ellas, dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Porque llegarán días en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron! Y se pondrán a decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros!, y a las colinas: ¡Cubridnos! Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿Qué se hará?" (Lc 23, 27).
Restauraciones: Juan Manuel Miñarro López (1991).
Análisis Artístico: Cristo, cargando con la cruz sobre el hombro izquierdo, recibe la compasión de las Santas Mujeres en la Calle de la Amargura. La noble cabeza del Varón se inclina hacia delante y al lado derecho, al tiempo que extiende el brazo en dirección a la Verónica que, postrada de hinojos, acaba de enjugarle su ensangrentado rostro. Muy acertadamente, el historiador Hernández Díaz vio un tratamiento diferenciado entre el rostro y los ensortijados rizos de la barba -de clara estirpe mesina- y el modelado más liso y apelmazado de la cabellera -inmerso en los modelos roldanescos-, aunque hay que puntualizar que en fecha indeterminada fue mutilada para eliminarle un mechón que caía sobre el hombro derecho. Por su parte, Romero Torres encuentra semejanzas con varias obras de Alonso Cano y considera que es obra de un miembro del círculo de Mesa que ha evolucionado hacia fórmulas más expresivas, propias de la segunda mitad del Seiscientos. El dolorido semblante posee el entrecejo en forma de uve, los ojos y las pestañas policromados en la madera, perfil semítico y labios resecos y dialogantes con las figuras que salen a su encuentro. Los músculos del cuello se hallan muy resaltados por la violenta postura que adopta el Varón. Su tronco aparece también ladeado hacia el lugar donde se encuentra la figura femenina para no perder el equilibrio, mientras que la mano izquierda abraza suavemente el travesaño del madero y las piernas se muestran en decidida actitud itinerante, con el talón derecho levantado y el pie izquierdo apoyado con fuerza en el suelo. Las carnaciones son atezadas, ofreciendo grandes heridas en la frente por la superpuesta corona que se extienden hacia el rostro y el cuello. La imagen presenta totalmente tallados el busto, las manos y los pies, teniendo el resto del cuerpo anatómicamente abocetado y los brazos articulados. Aparece al culto revestido con una espléndida túnica de terciopelo morado bordada en hilo de oro a realce por Teresa del Castillo (1881) según diseño de Antonio del Canto.
Preseas: Potencias de plata dorada.
Figuras Secundarias: Las Santas Mujeres, que salen al encuentro de Jesús, y la Verónica que, arrodillada, muestra el lienzo con el que ha secado el sudor y la sangre que manchan la faz de Cristo. Todo el conjunto escultórico es obra del imaginero genovés, afincado en Sevilla, Juan Bautista Patroni (1805). Destaca poderosamente la magnífica talla de la Verónica, restaurada en el año 2002 por Enrique Gutiérrez Carrasquilla, quien hizo nuevo candelero, reforzó el torso -que estaba totalmente hueco y presentaba unas débiles cogidas en su parte inferior-, sustituyó los brazos ortopédicos que poseía -realizados en material plástico- por otros de madera, repuso piezas perdidas, limpió la policromía y reintegró las lagunas pictóricas que presentaba la talla.
VIRGEN DEL
VALLE
Autor: Atribuida a Juan de Mesa y Velasco.
Cronología: Hacia 1618-1627.
Material: Madera de cedro policromada. Imagen de candelero para vestir.
Medidas: 168 cm.
Restauraciones: La mascarilla fue remodelada por José Ordóñez Rodríguez en 1909 a consecuencia de un incendio fortuito que dañó gravemente la talla. Posteriormente, ha sido restaurada en numerosas ocasiones: en 1946 por manos anónimas; en 1980 por José Rivera García, quien bajo la supervisión de Enrique Pérez Comendador restañó varias grietas y levantamientos de la policromía en el cuello; en 1981 por Roberto Jiménez, quien hizo nuevo candelero metálico; en 1984 y 1986 por Manuel Rodríguez Piñero, quien hizo nuevos brazos articulados, y en el año 2006 por el IAPH, donde se ha ejecutado nuevo candelero y brazos articulados; se ha limpiado superficialmente la policromía de la Dolorosa, fijando también los estratos polícromos y reintegrando las lagunas pictóricas; se han eliminado elementos metálicos de su interior y se ha restañado una grieta en el cuello, además de consolidar la estructura de la talla.
Análisis Artístico: Considerada una de las Dolorosas más sobresalientes de la Semana Santa sevillana, su fisonomía actual obedece a la remodelación efectuada por Ordóñez sobre una imagen atribuida al cordobés Juan de Mesa y Velasco (hacia 1618-1627) que resultó gravemente afectada en un incendio fortuito. El escultor reconstruyó la mascarilla, aunque conservó los ojos de cristal bajo los actuales, de característicos tonos verdosos. El espléndido juego de manos que presenta actualmente también era asignado a José Ordóñez -salvo por el escultor Juan Manuel Miñarro, quien tras revisar la talla afirmó que fue labrado por Enrique Pérez Comendador-, pero tras la última restauración efectuada por el IAPH parece confirmarse que perteneció a una Dolorosa del siglo XVIII. El bello y angustiado semblante recuerda al de la mesina Virgen de las Angustias de Córdoba, con las cejas pintadas y ligeramente elevadas, el entrecejo fruncido formando un triángulo, las pestañas finamente pinceladas en la madera, las cuencas orbitales hundidas y enrojecidas por los sollozos, recta nariz, labios entreabiertos que dejan ver la lengua y la dentadura talladas en la madera, y óvalo redondeado y rematado con un puntiagudo mentón. La suave contracción del arco nasolabial delata la actitud dialogante de María dentro de la aflicción que la embarga. Lleva cinco lágrimas de cristal en alusión a las Cinco Angustias padecidas por la Virgen, dos en la mejilla derecha y tres en la izquierda. La cabeza aparece inclinada hacia la izquierda, dirigiendo la expresiva mirada al mismo lado, aunque Miñarro considera que ello obedece a la modificación practicada en el largo y esbelto cuello para eliminar su primitiva frontalidad. El modelado del cabello, ondulado, peinado al centro y recogido a la altura de la nuca, remite también al que ofrece el prototipo cordobés. La mano izquierda aparece extendida y porta una rosa de pasión cincelada por Emilio García Armenta (1957), mientras los dedos de la derecha se recogen para sostener el manípulo. Las carnaciones son cálidas y en semibrillo.
Preseas: Corona de oro de ley, diamantes y esmaltes, cincelada por el joyero cordobés Manuel Valera Pérez (2002).
Paso
de la Coronación de Espinas: De estilo
neorrocalla, fue diseñado por el pintor Gonzalo Bilbao en el año 1918. Lleva
cartelas de Antonio Vega Sánchez (1967), espejos en los huecos y se alumbra con
faroles cincelados en metal plateado por Manuel Seco Velasco (1974). La
Verónica lleva vestiduras bordadas por Teresa del Castillo bajo diseño de
Antonio del Canto (1881). Respiraderos de los faldones bordados en hilo de oro y
sedas de colores sobre terciopelo rojo por Jesús Rosado Borja.
Paso de la Calle de la Amargura: De estilo neobarroco, diseñado por Antonio del Canto y estrenado en el año 1898. El actual dorado corresponde a Manuel Peralta (1963). Lleva cartelas antiguas que fueron policromadas y estofadas en 1963 por José Rivera García. Se alumbra con faroles cincelados en metal dorado y plata de ley por Manuel Seco Velasco (1963).
Paso de Palio: Magnífico conjunto que supone una sugestiva mezcla de los estilos barroco y oriental en su estilo. Lleva respiraderos cincelados por Eduardo Seco Imberg (1927) bajo diseño de Cayetano González, quien labró la peana (1935). La candelería es de Jorge Ferrer, las jarras pertenecen a Marmolejo (1948) y los faroles de entrevarales son obra de Manuel Seco Velasco (1957). Palio de cajón, con valiosas bambalinas exteriores bordadas en hojilla de plata sobre terciopelo carmesí que pertenecieron a la extinguida Cofradía de la Antigua y Siete Dolores y son la pieza de bordado más antigua de la Semana Santa de Sevilla (último tercio del siglo XVII). Bambalinas interiores y techo de palio bordados en hojilla de plata y sedas de colores por manos anónimas en 1805, siguiendo el diseño de las caídas exteriores. La Gloria representa al Espíritu Santo en forma de paloma y posee cabezas de querubines labradas en marfil por Miguel Alonso (1951). Manto bordado en hojilla de plata y sedas de colores sobre terciopelo carmesí por Juan Manuel Rodríguez Ojeda (1920), restaurado en los talleres de Carrasquilla (1982-84).
Enseres Destacados:
Simpecado, bordado en hojilla de plata sobre terciopelo azul por Juan
Manuel Rodríguez Ojeda (1923), con imágenes de la Inmaculada y ángeles
querubines labradas en plata de ley y marfil por Cayetano González. Paños
de Bocinas, bordados en hilo de oro por Juan Manuel Rodríguez Ojeda (1923).
Observaciones: La imagen del Nazareno presidió el Via Crucis de las Cofradías del año 2007. Cada año, la imagen de la Santa Mujer Verónica estrena un nuevo lienzo pintado por un prestigioso artista sevillano. La Dolorosa fue Coronada Canónicamente en 2002. Muy característico e imitado es el exorno floral de su paso de palio, con ramos en forma de doble cono. En el cortejo de la cofradía figura una reliquia de la Santa Espina portada sobre andas por cuatro acólitos. El segundo paso procesiona sin música y el primero lleva una capilla musical con niños cantores. En 1799, Juan Bautista Patroni hizo para la hermandad las interesantes tallas de San Juan Evangelista y Santa María Magdalena que procesionaban junto a la Dolorosa y que acabaron desapareciendo del cortejo.
Costaleros: 36 (Coronación), 48 (Cruz al Hombro) y 35 (Virgen).
Flores: Claveles rojo sangre (Coronación de Espinas); magnolias, claveles rojos, calas, cardos y lirios morados (Cruz al Hombro), y claveles rosas y flor de inca (Virgen).
Salida Procesional: Jueves Santo.
Fotografías a color de los titulares cristíferos de Roberto Villarrica
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