REAL E ILUSTRE HERMANDAD DE NUESTRO PADRE
JESÚS DESCENDIDO DE LA CRUZ
EN EL MISTERIO DE SU SAGRADA MORTAJA Y MARÍA SANTÍSIMA DE LA PIEDAD
Templo: Iglesia de Nuestra Señora de la Paz.
Fundación: 1592.
Pasos: Uno.
JESÚS
DESCENDIDO DE LA CRUZ
Autor: Cristóbal Pérez.
Cronología: 1677.
Precio: 1.600 reales.
Material: Madera de pino de Flandes policromada.
Medidas: 155 cm.
Pasaje Evangélico: "Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús y lo amortajaron con lienzos y aromas, según acostumbran los judíos enterrar" (Jn 19, 40).
Precedentes Procesionales: Grupo escultórico de pequeño tamaño, labrado en terracota policromada y de procedencia centroeuropea (siglo XVI).
Restauraciones: Fernando Díaz Reinoso (1864), quien modificó la posición de las piernas y repuso un dedo. En el año 1892 fue restaurado por manos anónimas. Juan Luis Guerrero (1915), quien debido a un incendio fortuito que afectó gravemente a la imagen la repolicromó de nuevo, reparó la mascarilla, restañó una fractura del brazo izquierdo y repuso dos dedos de esta mano. Juan Manuel Miñarro López (1994), quien eliminó repintes, fijó y limpió la policromía, eliminó elementos metálicos y estableció un nuevo sistema de sujeción de la talla.
Análisis Artístico: En opinión de los historiadores García de la Concha y Romero Mensaque, la imagen es una libre versión del primitivo titular, sin imprimir en ella la impronta goticista del conjunto pero tampoco plasmando escrupulosamente las maneras del barroco dinámico que empleaban contemporáneos como Arce o Roldán. Representa el momento en que el cuerpo inerte de Cristo, depositado en el regazo materno tras ser descendido del arbóreo madero, queda dispuesto para ser amortajado por la comitiva fúnebre. La cabeza de Jesús, carente de potencias y corona de espinas, aparece caída hacia atrás y ladeada a la derecha. Cabello y barba, modelados a base de suaves ondas, se hallan partidos al centro, quedando despejada la oreja izquierda entre la abundante melena. El dramático rostro conserva el rictus de dolor y la boca desencajada por el violento fallecimiento. Los ojos, semicerrados, se encuentran policromados en la madera; la nariz es recta y en el pómulo izquierdo, muy huesudo, el espectador advierte una contusión sangrante. Se observan rigideces cadavéricas en los músculos del cuello y el hombro derecho, mientras que los brazos -alineados con el cuerpo-, las abiertas manos y el tórax aparecen relajados, con las costillas y los músculos epigástricos marcados y el vientre algo abultado. El paño de pureza es cordífero y forma un lazo en la cadera derecha, descubriendo el costado. Las piernas se disponen flexionadas sobre el lienzo, lo que también puede suponer que guardan cierta rigidez por la postura adoptada en la cruz. La imagen presenta actualmente los pies paralelos, aunque hasta el siglo XIX el derecho iba montado sobre el izquierdo. Las oscuras carnaciones presentan numerosas livideces, amoratamientos, manchas hipostáticas y regueros de sangre coagulada repartidos por el cuerpo del Varón.
Figuras Secundarias: La Virgen de la Piedad, San Juan Evangelista, las Tres Marías y los Santos Varones. A excepción de la Dolorosa, todo el grupo escultórico ha sido recientemente atribuido a Pedro Roldán El Mozo (hacia 1700-1713) por los historiadores García de la Concha y Romero Mensaque, basándose para ello tanto en la condición de miembro de la cofradía del escultor como en las semejanzas con otras de su obras. En efecto, el parecido entre José de Arimatea con el Nazareno de Osuna es evidente. Han sufrido varias restauraciones: en 1868 manos anónimas reencarnan las manos de San Juan y las Tres Marías, en 1886 fueron restauradas María Salomé y María Cleofás por Manuel Gutiérrez Reyes, Gumersindo Jiménez Astorga restaura el San Juan (1886) y los Santos Varones (1889) y en 1986 Juan Manuel Miñarro reemplaza la peluca postiza de la Magdalena por una cabellera tallada.
VIRGEN DE LA
PIEDAD
Autor: Taller de Pedro Roldán.
Cronología: 1676.
Material: Madera de cedro policromada. Imagen de candelero para vestir.
Medidas: 182 cm.
Precedentes Procesionales: Grupo escultórico de pequeño tamaño, labrado en terracota policromada y de procedencia centroeuropea (siglo XVI).
Restauraciones: En 1868, un escultor anónimo reencarnó sus manos. En 1885 fue retocada por Manuel Gutierrez Reyes, tal y como consta en una inscripción situada en el dorso de la imagen.
Análisis Artístico: La Madre inclina ligeramente la cabeza hacia la derecha y dirige su desconsolada mirada al maltrecho cuerpo del Hijo que reposa sobre su regazo. De acusado estilo roldanesco, su semblante encuentra analogías en los de la famosa Esperanza Macarena, la Dolorosa de San Alberto y en la Virgen que figura en el retablo mayor de la Parroquia del Sagrario, todas ellas relacionadas con el maestro del barroco dinámico. Las maduras facciones muestran el ceño muy fruncido en señal de intenso dolor, cejas pinceladas en la madera, ojos de cristal, pestañas postizas en los párpados superiores y finamente pintadas en los inferiores, clásico perfil, mejillas carnosas, hoyito bajo marcado, boca menuda con el labio superior muy picudo, dentadura tallada en la madera, redondeado mentón y notable papada que da paso a un cuello de sección tubular. La Virgen lleva cinco lágrimas de cristal, tres en el lado izquierdo y dos en el derecho. Las carnaciones son nacaradas, con las cuencas orbitales enrojecidas por el llanto. Las manos aparecen extendidas sobre el pecho y el brazo izquierdo de Jesús, en actitud de sostener su cuerpo para amortajarlo. El candelero es de base cuadrada, típico de los simulacros de la Sexta Angustia de María para vestir, y está formado por cuatro listones.
Preseas: Diadema de plata dorada y pedrería, cincelada por Emilio Landa (1939).
Paso de Misterio:
Joya barroca de la talla procesional (1710), lleva
ángeles atribuidos al Taller de Pedro Roldán, restaurados por Manuel
Gutiérrez Reyes (1884). Fue ampliado entre los años 1865 y 1866, tallándose
la guardilla y colocándosele nuevas molduras. Entre 1881 y 1884
Domínguez talla nuevos candelabros de guardabrisas y esquinas para el canasto,
y se eliminan dos de los ocho relieves que lo exornan, atribuidos recientemente
a Pedro Roldán El Mozo (hacia 1700-1713) por García de la Concha y Romero
Mensaque. En 1929 se labran nuevas esquinas para los respiraderos a juego con
las del canasto. La última intervención corrió a cargo de Francisco Bailac y
Manuel Calvo (1980-1981), quienes renuevan ensambles y dorado, respectivamente. La
Dolorosa lleva manto bordado en hilo de oro y sedas de colores sobre terciopelo
azul por el Taller de Caro (1979), reproduciendo en su mayor parte los bordados
anteriores de Rodríguez Ojeda (1906), autor de los bordados de las vestiduras
del resto del misterio (1906) que fueron pasados a nuevo terciopelo por el
Taller de Caro (1976).
Observaciones: La cofradía lleva musica de capilla durante su estación de penitencia. Su cortejo presenta singulares detalles dieciochescos que han sido imitados hasta la saciedad por otras corporaciones de dentro y fuera de la provincia de Sevilla, caso del muñidor que abre el cortejo tañendo lugubremente una campana, la cruz de enagüillas inspirada en una Cruz Alzada de la Divina Pastora de Santa Marina o los 18 ciriales que anteceden al paso de misterio, simbolizando el número de personas que asistieron al Entierro de Cristo.
Costaleros: 40.
Flores: Claveles rojos.
Salida Procesional: Viernes Santo.
Fotografías a color de los titulares de Roberto Villarrica
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