PONTIFICIA Y REAL HERMANDAD DE NAZARENOS DE NUESTRO PADRE JESÚS
DEL GRAN PODER Y MARÍA SANTÍSIMA DEL MAYOR DOLOR Y TRASPASO


 

Templo: Basílica de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder.

Fundación: 1477.

Pasos: Dos.

 

JESÚS DEL GRAN PODER

Autor: Juan de Mesa y Velasco.

Cronología: 1620.

Precio: 2.000 reales, incluida la talla de San Juan Evangelista.

Material: Madera de cedro (cabeza, manos y pies) y pino de Flandes (resto del cuerpo) policromada por Francisco Fernández de Llera.

Medidas: 181 cm.

Pasaje Evangélico: "Tomaron, pues, a Jesús, que, llevando su cruz, salió al sitio llamado Calvario, que en hebreo se dice Gólgota" (Jn 19, 16-17).

Precedentes Procesionales: Nazareno, labrado en pasta y con pies y manos de madera policromada, tal y como se desprende del inventario de 1620.

Restauraciones: Blas Molner (1776), quien colocó las espinas de la corona. José Ordóñez (1910), quien restañó unas grietas en los pies. Antonio Castillo Lastrucci (1962). José Rivera García (1976), quien restauró las manos. Francisco Peláez del Espino (1977). Raimundo y Joaquín Cruz Solís (1983), quienes eliminaron gran cantidad de elementos metálicos introducidos en la pésima intervención anterior; eliminaron cincuenta y cuatro puntas de acero, emplastes, serrín y cola que formaban relleno; repusieron elementos perdidos mediante el empleo de maderas nobles; labraron nueva peana; colocaron el cincho o varilla a modo de tercer punto de apoyo a la venerada imagen; limpiaron la talla y fijaron las capas pictóricas; consolidaron la estructura de la efigie a base de la aplicación de resinas, y mantuvieron las pérdidas de policromía y preparación que mantiene a los devotos desde hace siglos, dejando al descubierto la madera. Isabel Pozas y Raimundo y Joaquín Cruz Solís (2006), quienes fijaron el conjunto polícromo; eliminaron los depósitos superficiales de polvo y humo en la superficie; limpiaron la policromía de la cabeza, pies y mano derecha, con eliminación de repintes y barnices posteriores a la ejecución de la pieza, lo que ha permitido descubrir una serie de regueros de sangre que permanecían ocultos en la zona de la nariz, oreja derecha, frente, cuello y lacrimales; rescataron del pie derecho buena parte de la policromía original; recuperaron el tono verdoso de la corona y colocaron nuevas espinas de madera.

Análisis Artístico: La magistral hechura cristífera, de rostro abatido pero sereno, desfila en la Madrugada del Viernes Santo por las calles sevillanas, en una densa atmósfera de penitencia y recogimiento. En su decidido caminar, adelanta y flexiona ligeramente la pierna izquierda, soportando la misma el peso de su cuerpo y del madero, mientras extiende totalmente la derecha y levanta sutilmente su talón, en amplia zancada, lo que otorga la sensación de fuerza y gran poder en su tragedia que caracteriza a la imagen. Las facciones semíticas, recias y viriles, no representan a un joven de apolínea belleza, sino a un maduro miembro de la raza judaica, humillado por el vil escarnio al que es sometido. Las cejas, finamente gubiadas, enmarcan un semblante demacrado por los tormentos, a lo que contribuye el aspecto de Divino Leproso que le confiere el desgaste de la policromía por el paso del tiempo; los ojos se hallan policromados en la madera y circundados de pronunciadas ojeras, las mejillas se muestran descarnadas y la boca, entreabierta, muestra unos labios carnosos pero resecos por el suplicio, con los dientes superiores tallados. Cabellera y barba aparecen partidas a dos aguas y modeladas mediante ensortijados bucles que, a pesar de su proyección hacia delante, dejan despejados el rostro y la oreja izquierda del Varón, cayendo un grueso y apelmazado mechón por el hombro derecho. La nariz es hebraica y el espeso bigote, sesgado al centro, casi oculta la visión del labio superior. La voluminosa corona de espinas, muy ceñida al cráneo, ha sido labrada en el mismo bloque de la cabeza, terminando en cabeza de serpiente (símbolo a la vez del poder divino y del pecado original) y perforando una espina suelta la ceja izquierda y otra la oreja del mismo lado. Las cetrinas carnaciones de Jesús se ven manchadas por finos hilos de sangre, provocados en su mayoría por los afilados pinchos de la corona. Al portar la cruz sobre el hombre izquierdo, el Nazareno ladea la cabeza hacia la derecha, con la consiguiente contracción del músculo esternocleidomastoideo izquierdo. La mirada, muy baja, permanece fija, abstraída de la cruda realidad y concentrada en profunda reflexión interior. Las manos, grandes y desolladas, muestran unos dedos tensos y flexionados que apenas rozan el travesaño del madero. La imagen presenta totalmente esculpidos cabeza, manos, piernas y pies, teniendo el resto del cuerpo anatómicamente bien modelado, aunque no al completo. Los brazos se hallan articulados. Jesús del Gran Poder, que goza de extraordinaria devoción más allá del territorio sevillano, aparece revestido con túnica lisa de terciopelo púrpura. La cruz, realizada en poliéster por Juan Carlos Castro (1977) para aligerar lo máximo posible su peso, es de sección cilíndrica y arbórea.

Preseas: Potencias en oro de ley (1915).

 

VIRGEN DEL MAYOR DOLOR Y TRASPASO

Autor: Anónimo.

Cronología: 1798.

Material: Madera de cedro policromada. Imagen de candelero para vestir.

Medidas: 174 cm.

Precedentes Procesionales: Dolorosa, cuya sustitución o reforma se venía barajando, al menos, desde el año 1720, tal y como se desprende de un acuerdo capitular adoptado por los cofrades.

Restauraciones: La composición actual de la Dolorosa se debe a la remodelación practicada por el imaginero sevillano Antonio Illanes Rodríguez (1955) sobre una talla cuya mascarilla se halla documentada en el año 1798. Entre otras reformas, Antonio Illanes le retalló la boca y la policromó de nuevo. Francisco Peláez del Espino (1978), quien le hace nuevo candelero metálico y brazos y la policroma de nuevo en unos tonos oscuros que no fueron del agrado de los cofrades. Luis Ortega Bru (1979), quien aplicó nueva encarnadura, similar a la primitiva, hizo nuevo candelero de madera, retocó los párpados y le colocó nuevas lágrimas y pestañas postizas. Luis Álvarez Duarte (2002), quien volvió a colocarle pestañas a la imagen.

Análisis Artístico: Dolorosa de belleza clásica y madura que inclina la cabeza hacia la izquierda y dirige la mirada hacia abajo y al lado derecho. Pese a las profundas transformaciones sufridas para acercarla a los cánones del neobarroco sevillano, conserva cierta sobriedad señorial en su impronta, propia del arte neoclásico. La talla posee peluca de pelo natural, peinada al centro, con el fin de realzar su naturalismo. Los párpados se hallan vencidos sobre los ojos de cristal, enmarcados por unas cejas finas y elevadas, en señal de aflicción. Las pestañas son postizas en los párpados superiores y pinceladas en los inferiores. Seis lágrimas de cristal corren por sus mejillas, cuatro en la derecha y dos en la izquierda. La nariz es recta y prominente, y los labios, desde la intervención de Illanes, se hallan entreabiertos, dejando ver tallada la corona dentaria superior. El mentón es discreto y carece de hoyuelo. El cuello, de corte tubular, se encuentra erguido. Como imagen de devanadera, posee un candelero de ocho listones y base ovalada. Las manos aparecen extendidas, portando la derecha un manípulo dirigido a la piedad popular, y la derecha un rosario. Originalmente tenía la boca cerrada y los párpados semicerrados, en afán de representarla casi desmayada por el dolor y asistida por el fornido Evangelista, cuyas robustas formas y cetrinas carnaciones contrastan con la delicadeza y palidez de María.

Preseas: Magnífica corona en plata dorada y blanca y pedrería, cincelada por el maestro platero Juan Ruiz (1798).

Figuras Secundarias: San Juan Evangelista, labrado por Juan de Mesa y Velasco (1620), a quien se le encargó junto con la imagen del Nazareno.

 

Paso de Misterio: Joya del arte barroco, estableció en su momento un prototipo que ha sido continuado por la mayoría de los pasos procesionales andaluces. Fue diseñado por Francisco Antonio Ruiz Gijón (1688), quien también realizó gran parte de las ocho cartelas, los ángeles pasionarios (restaurados en 1776 por el valenciano Blas Molner), las águilas bicéfalas y los numerosos querubines que adornan el canasto, correspondiendo las labores de talla a Bernardo Simón de Pineda, entallador y colaborador habitual de Pedro Roldán en la ejecución de retablos. En el año 1853 fue restaurado, debido a su mal estado, elevándose la altura de la parihuela. Lleva moldurón de Manuel Guzmán Bejarano (1969) y faroles de plata dorada, cincelados por Rafael León (1908) e inspirados en el paso del Cristo Yacente, de Écija (Sevilla). Faldones-Respiraderos bordados en oro a realce y milanés sobre terciopelo granate por Juan Manuel Rodríguez Ojeda (1909), siendo pasados y restaurados por el Taller de Caro (1988). Mide 400 cm de costado por 240 de frente.

Paso de Palio: De estilo neobarroco, se trata de una pieza fundamental dentro de los palios de corte de cajón. Posee una espléndida peana rocalla, cincelada en plata de ley por Juan Alexandre (siglo XVIII), que inspiró el diseño del paso de misterio de la Cofradía de la Amargura. Orfebrería en plata en los varales (1940), candelabros de cola (1935), jarras (1938) y faroles de entrevarales (1938), todo ello cincelado por Jorge Ferrer. Palio y manto se hallan bordados en hilo de oro sobre terciopelo granate por Juan Manuel Rodríguez Ojeda (1903-1904), autor de la saya de la Dolorosa y de las ropas bordadas del Discípulo Amado. La Gloria del techo, bordada en milanés, representa la Asunción de la Virgen. Todo el conjunto fue restaurado por los Talleres de Fernández y Enríquez (1990), quienes bordaron otro manto de salida para la Virgen en 1991, siguiendo un diseño de Antonio Garduño Navas. Faldones bordados a imitación de los del paso del Cristo por el Convento de Santa Isabel (1959), donde también se pasó el manto a nuevo terciopelo, siendo pasados y restaurados por el Taller de Caro (1988).

Enseres Destacados: Cruz de Guía, atribuida a Francisco Antonio Ruiz Gijón (1715), presenta símbolos pasionistas labrados en la madera policromada y dorada. Simpecado, bordado en hilo de oro y sedas de colores sobre terciopelo azul por Juan Manuel Rodríguez Ojeda (1908). Túnica del Cristo, bordada por Manuel Ariza (1854) en hilo de oro sobre terciopelo morado y popularmente conocida como La Corona de Espinas. Estandarte, con bordados en oro y sedas de colores de Esperanza Elena Caro (1965). Túnica del Cristo, bordada en hilo de oro sobre terciopelo granate por Juan Manuel Rodríguez Ojeda (1908) y popularmente conocida como La Persa. Senatus y Paños de Bocinas, con bordados de Juan Manuel Rodríguez Ojeda (1908). Túnica del Cristo, bordada en hilo de oro a realce sobre terciopelo morado por las Hermanas Antúnez (1881) y llamada popularmente Los Cardos. Guión de La Epifanía, labrado por Emilio García Armenta (1969).

Observaciones: Según algunos historiadores, la imagen del Nazareno llevó durante algún tiempo la cruz en postura inversa a la habitual. Antonio Illanes Rodríguez sacó una cabeza de la obra en madera de cedro sin encarnar, en poder de la hermandad desde 1954. La cofradía venera en la llamada Capilla de los Beatos las efigies del Beato Diego José de Cádiz, obra de Antonio Castillo Lastrucci (1971) y del Beato Marcelo Spínola, tallado por José Antonio Navarro Arteaga (2002-2003). Éste último fue realizado en madera de cedro real policromada, con detalles trabajados al oro fino, presentando un interesante tratamiento de los pliegues y encajes de las ropas cardenalicias. También poseen un magnífico busto de Dolorosa, obra del Taller de Pedro de Mena (finales del siglo XVII).

Costaleros: 42 (Cristo) y 36 (Palio).

Flores: Claveles rojos (Cristo) y claveles blancos (Palio).

Salida Procesional: Madrugada del Viernes Santo.

 

 
 

 

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