REAL, ILUSTRE, ANTIGUA, FERVOROSA Y
FRANCISCANA HERMANDAD SACRAMENTAL
Y COFRADÍA DE NAZARENOS DEL SANTO SUDARIO, SANTÍSIMO CRISTO
DEL BUEN FIN, NUESTRA SEÑORA DE LA PALMA CORONADA, SAN FRANCISCO
DE ASÍS Y SAN ANTONIO DE PADUA
Templo: Iglesia Conventual de San Antonio de Padua.
Fundación: 1590, reorganizada en 1882.
Pasos: Dos.
CRISTO
DEL BUEN FIN
Autor: Sebastián Rodríguez.
Cronología: 1645.
Precio: 150 ducados.
Material: Madera de cedro policromada.
Medidas: 176 cm.
Pasaje Evangélico: "Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo" (Jn 17, 3).
Precedentes Procesionales: Crucificado de pasta de madera que recibía culto en la Iglesia del Divino Salvador.
Restauraciones: Luis Ortega Bru (1979), quien reforzó los ensambles de la talla y limpió su policromía.
Análisis Artístico: Discípulo de Juan Martínez Montañés, el cordobés Sebastián Rodríguez se adhiere al avance realista de su compañero Juan de Mesa respecto a las fórmulas escultóricas del maestro y realiza siguiendo los esquemas mesinos la única de sus obras documentadas que ha llegado por el momento hasta nosotros. Cristo aparece fijado al madero por tres clavos, con la cabeza desplomada hacia el lado derecho y la corona de espinas labrada en el mismo bloque craneal. El rostro advierte del sufrimiento padecido por el Varón en vida mostrando las cejas fruncidas, los ojos semicerrados, los pómulos magullados y los labios entreabiertos, dejando ver en su interior los dientes esculpidos en la madera. Cabello y barba, partidos al centro, se hallan modelados con gran laboriosidad. Pese a la notoria relajación post-mortem del cuerpo de Jesús, los brazos se encuentran bastante alineados al travesaño del arbóreo madero -de corteza tallada y nudos dorados-, notándose aún la hinchazón de las venas y la flexión de los dedos de las manos. El vientre queda muy hundido y las piernas se alinean para no romper la marcada frontalidad del simulacro, montando el pie derecho sobre el izquierdo. Las tostadas carnaciones de la figura ofrecen copiosas hemorragias en las llagas y las descarnadas rodillas, así como finos regueros de sangre causados por la corona de espinas que se extienden por el rostro, el cuello y los dos hombros.
Preseas: Potencias de plata dorada, cinceladas por Seco Imberg.
VIRGEN
DE LA PALMA
Autor: Anónimo.
Cronología: Siglo XVII.
Material: Madera policromada. Imagen de candelero para vestir.
Medidas: 168 cm.
Restauraciones: Se sabe que manos anónimas la restauraron en el año 1909, interviniendo en los brazos y colocándole nuevas pestañas postizas. En 1944, José Paz Campano le hizo nuevo candelero, otorgándole una inclinación que resultaba bastante artificiosa y fue suprimida en 1979, al ser reemplazado por otro ejecutado por Luis Álvarez Duarte, quien le devolvió su frontalidad primitiva. Por último, en 1980, fue intervenida por el gaditano Luis Ortega Bru, quien retocó la policromía del rostro, atenuando el tono sonrosado de las mejillas, y abrió ligeramente las comisuras de los labios.
Análisis Artístico: Es imagen de candelero para vestir, con bastidor o devanadera de base ovalada y estructura de ocho listones. Presenta un rostro ligeramente alargado, cuyas suaves facciones quedan enmarcadas por una cejas rectas, apenas elevadas en su nacimiento para ofrecer una sosegada expresión de dolor. Los ojos son de cristal, al gusto del naturalismo barroco, entreabiertos y con los párpados hinchados por el llanto. El iris ha sido pintado en color castaño oscuro. Las pestañas son muy largas y de pelo natural en su parte superior, y pintadas las inferiores. Muestra una mirada baja y ausente, absorta en su propio sufrimiento. La nariz es recta y ancha, de rotunda personalidad. Cinco lágrimas vítreas surcan sus mejillas, alusivas a las Cinco Angustias que padeció María, dos en la mejilla izquierda y tres en la derecha. La boca, semicerrada y levemente curvada hacia arriba, apenas deja ver los dientes superiores finamente tallados. El mentón, pronunciado, se halla centrado por un hoyuelo de gran tamaño aunque no demasiado señalado. El cuello es de sección tubular, con una papada incipiente que, al igual que las mejillas, denota carnosidad en el modelado. La cabeza, de marcada posición frontal, suele cubrirse de peluca postiza en tonos castaños. Las manos, muy estilizadas, aparecen con las palmas extendidas y los dedos rígidos pero bien anatomizados, presentando el meñique izquierdo una curiosa disposición de fuga. Las carnaciones actuales son pálidas y aplicadas en semibrillo. Todo el conjunto, relacionable con la Virgen de la Piedad de Albaida del Aljarafe (Sevilla) y con la Virgen de los Dolores de Carmona (Sevilla) -muy reformada ésta última por Buiza- expresa una angustia silente e íntima, muy alejada de efectismos dramáticos.
Preseas: Corona diseñada por Antonio Joaquín Dubé de Luque y cincelada por Orfebrería Andaluza (2005).
Paso de Misterio: De estilo neobarroco,
es obra de Antonio Cruz (1881), restaurado posteriormente por Francisco Ruiz
Rodríguez (1944) y por Antonio Díaz Fernández (1981). Lleva figuras y
relieves de Manuel Domínguez Rodríguez y José Rivera García.
Paso de Palio: La Virgen estrenó paso de palio en 1930, tras figurar en el paso de misterio a los pies del Cristo del Buen Fin y junto a un nutrido grupo de figuras del Duelo. Es una gran obra de tipo procesional, donde se mezclan el arte neobarroco con las trazas neorrenacentistas. La orfebrería es de varios autores, destacando los respiraderos, cincelados en metal plateado por Manuel Seco Velasco (1962), y los candelabros de cola, labrados por Orfebrería Andaluza (1990) siguiendo el diseño de Vallejo Blanco, quien se inspiró en unos púlpitos conservados en la Catedral de Pisa. Seco Velasco es también el autor de la corona cincelada en plata dorada. La peana es de Seco Imberg, las jarras son de Manuel de los Ríos (1990) y la candelería fue cincelada por Jiménez (1979). Los varales son también de Seco Imberg, con reformas posteriores de Manuel de los Ríos. La miniatura que se halla en la delantera del paso fue labrada por Ángel Gabella y representa el Abrazo de San Francisco de Asís a Cristo Crucificado. Las piezas de tela son las que llaman más la atención del conjunto por su originalidad: el palio fue bordado en el Taller de Esperanza Elena Caro (1929), según diseño de Ignacio Gómez Millán y empleando hilo de oro y sedas de colores sobre terciopelo azul y malla del mismo metal. La pieza está compuesta por una singular crestería adornada con perillas y unas bambalinas caladas de las que cuelgan veinte corbatas. Lleva tallas de ángeles, realizadas en madera policromada por Antonio Castillo Lastrucci. El manto fue bordado también en oro sobre terciopelo azul, siguiendo un diseño a modo de abanico de Rafael Vallejo Blanco, por Sobrinos de Caro, herederos de la bordadora (1958).
Enseres Destacados: Simpecado, bordado en hilo de oro y sedas de colores sobre terciopelo azul por Esperanza Elena Caro (1952). Lleva tallas de Enrique Orce y el asta, en plata de ley, fue cincelada por Manuel Seco Velasco. Paños de Bocinas, con bordados en oro de Caro y orfebrería en plata de Seco Velasco (1948). Sagrario, labrado en plata de ley por Seco Velasco (1955). Manto de Camarín, bordado en hilo de oro sobre terciopelo negro (siglo XIX).
Costaleros: 34 (Cristo) y 35 (Palio).
Flores: Claveles y rosas rojo sangre (Cristo) y flores blancas (Palio).
Observaciones: Gracias al contrato descubierto por la historiadora María Teresa Dabrio conocemos la autoría del Cristo del Buen Fin. Actualmente, el Crucificado procesiona solo, aunque antaño llevó numerosas figuras de vestir a sus pies, bien formando un Calvario con la Virgen, San Juan Evangelista y las Marías, bien recreando el pasaje de la Quinta Palabra o bien recreando la escena en que un centurión concede a José de Arimatea y Nicodemo la autorización para descender el cuerpo de Jesús, incluyendo una imagen de Santa María Magdalena arrodillada a los pies del madero. Todo este último grupo fue labrado por el imaginero sevillano Luis Álvarez Duarte. La Dolorosa fue Coronada Canónicamente el 8 de octubre del año 2005.
Salida Procesional: Miércoles Santo.
Fotografías a color de Roberto Villarrica
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