INSIGNE Y REAL CONGREGACIÓN DEL SANTO SEPULCRO
Y SIERVOS DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES


 

Templo: Parroquia de San Juan y San Pedro.

Fundación: 1580.

Pasos: Tres.

 

CRISTO DEL CALVARIO

Autor: Atribuido a Sebastián de Solís y a Juan de Solís.

Cronología: Hacia 1580.

Material: Madera policromada.

Medidas: 143 cm.

Pasaje Evangélico: "Al mismo tiempo fueron crucificados con él dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda" (Mt 27, 38).

Restauraciones: En 1965 fue restaurado por el imaginero sevillano Juan Abascal Fuentes, quien fijó los brazos articulados del Crucificado, usados para adaptarlos a la iconografía de Cristo Yacente.

Análisis Artístico: Espléndida representación manierista de Cristo muerto en la cruz, con la cabeza desplomada hacia la derecha y los ojos, tallados en la madera, muy abiertos como consecuencia de la violencia de la muerte. La imagen, asida al madero con tres clavos y de un tamaño levemente inferior del natural, carece de potencias y corona de espinas. Cabellera, bigote y la afilada barba, ralos ambos, presentan un minucioso tratamiento, dejando la larga melena al descubierto la oreja izquierda y cayendo un mechón por el lado derecho. El dramático semblante presenta rasgos hebraicos, con frente despejada, las pestañas finamente pinceladas en la madera y los labios abiertos, mostrando claramente los dientes superiores tallados. El modelado anatómico ha sido concebido el suave realismo tan propio del periodo, con los brazos colgantes del travesaño, las manos abiertas, los dedos dispuestos en señal de bendición, las piernas juntas y paralelas, y el pie derecho montado sobre el izquierdo. El paño de pureza, lamentablemente mutilado en una antigua restauración, se presenta recogido a la espalda del Varón y ceñido con varias vueltas a la cintura por una especie de cinta que simula cuero. Abundantes llagas se reparten por las pálidas carnaciones, destacando el reguero de sangre que brota de la herida del costado, curiosamente dispuesto de manera oblicua al perizoma. El madero del que pende es cilíndrico y arbóreo.

Figuras Secundarias: La Virgen del Silencio, San Juan Evangelista y los dos Ladrones crucificados, éstas tres últimas de modelado marcadamente romanista. Dimas y Gestas, restaurados en el año 1982 por el ICROA, se atribuyen, al igual que el Discípulo Amado, a Sebastián de Solís (hacia 1580).

 

VIRGEN DEL SILENCIO

Autor: Anónimo sevillano.

Cronología: Último tercio del siglo XVIII.

Material: Madera policromada. Imagen de candelero para vestir.

Restauraciones: María José López de la Casa (1990).

Análisis Artístico: Magnífica talla, de nacaradas carnaciones, que representa a la Virgen arrodillada al pie de la cruz. Podemos relacionarla con otras Dolorosas de la escuela sevillana de finales del XVIII que se encuentran a medio camino entre el barroco y el academicismo, caso de la Virgen de la Soledad, venerada en el municipio sevillano de Fuentes de Andalucía. La imagen eleva la cabeza hacia la izquierda y dirige la desconsolada mirada al cielo. Sus ojos son de cristal, con pestañas postizas en los párpados superiores y sutilmente pintadas en los inferiores. Los párpados y las mejillas se muestran ligeramente enrojecidos por el llanto. La nariz es recta y los labios aparecen muy abiertos, dejando ver claramente los dientes superiores tallados. Lleva también como aditamento postizo cuatro lágrimas de cristal, dos en cada mejilla. La cuadratura del óvalo de María se compensa con un redondeado mentón, habiendo quedado el ancho cuello sin anatomizar. Las manos aparecen extendidas, portando un pañuelo en la derecha y un rosario en la izquierda.

Preseas: Corona cincelada en plata dorada.

 

CRISTO YACENTE

Autor: Juan Abascal Fuentes.

Cronología: 1965.

Material: Madera policromada.

Pasaje Evangélico: "Presentóse entonces un sanedrita llamado José, varón bueno y justo. Por lo demás éste no había dado su voto ni a lo decidido ni a lo ejecutado por ellos. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y aguardaba el Reino de Dios. Se llegó a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Lo descendió, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en roca viva, en el cual aún no se había puesto a nadie" (Lc 23, 50-53).

Restauraciones: Carmen Bermúdez Sánchez, quien realizó una limpieza general de la policromia y eliminó la suciedad superficial de la imagen, así como una gruesa capa de cera que ocultaba sus calidades.

Análisis Artístico: Cristo yace en el sepulcro, representado en forma de urna. La imagen responde a las formas tradicionales de la iconografía en la escuela sevillana, con la cabeza reclinada sobre un almohadón de tejido natural; los brazos alineados con el cuerpo; las manos semicerradas, con los dedos flexionados, y las piernas ligeramente encogidas, conservando cierta rigidez de la postura del madero. Cabello y barba, abundantes, se parten a dos aguas. De la talla, que carece de potencias y corona de espinas, sobresalen el minucioso estudio anatómico, la perfección de un perizoma ceñido con varias vueltas a la cintura del Varón y la cruenta policromía, con heridas cuidadosamente recreadas y marcadas livideces propias de los momentos posteriores a la muerte. El rostro, de rasgos semíticos y recios, se muestra aún muy dolorido, con los ojos y las pestañas pintados en la madera y los labios entreabiertos, permitiendo ver en su interior la dentadura y la lengua talladas.

 

VIRGEN DE LOS DOLORES

Autor: Atribuida a Sebastián de Solís.

Cronología: Hacia 1580.

Material: Madera policromada. Imagen de candelero para vestir.

Medidas: 150 cm.

Análisis Artístico: Esta recreación de la Mater Dolorosa desfila bajo palio y sigue un modelo de acentuado dramatismo, con la cabeza inclinada hacia la derecha, los párpados vencidos y semicerrados por el llanto, y la boca muy abierta, emitiendo un fuerte lamento, lo cual permite ver claramente la lengua y los dientes superiores tallados en su interior. Pese a tan sentida angustia, el autor, en un alarde de ingenio, omite el tan manido recurso de elevar las cejas y fruncir el ceño, logrando imprimir a la talla la sensación de desfallecimiento y de estar al borde del desmayo. Los ojos son de cascarilla, siendo postizas las pestañas superiores y apenas policromadas las del párpado inferior. La Virgen lleva cuatro lágrimas de cristal, dos corriendo por cada mejilla. Su nariz es larga y afilada. El mentón culmina el marcado óvalo del rostro y da paso a un cuello esbelto y sin anatomizar. Las manos, rígidas y toscas, aparecen extendidas, portando un pañuelo en la derecha y un rosario en la izquierda. Al hallarse en posición estante, el candelero es de estructura cónica y base ovalada.

Preseas: Corona de plata dorada.

 

Paso del Yacente: La urna es una espléndida obra barroca del siglo XVIII que fue intervenida en el año 1991 por Carmen Bermúdez Sánchez, quien eliminó repintes de purpurinas y repolicromados, consolidó la estructura, reintegró elementos decorativos perdidos, fijó los dorados, eliminó barnices oxidados y suciedad, reintegró lagunas de policromia y dorados y aplicó una capa final de protección. Asimismo, se le eliminó un obsoleto y pésimo sistema de iluminacion, se retiraron los antiestéticos cristales que la cerraban y se la dotó de un nuevo sistema de iluminación, mas acorde con la categoria de la pieza, esto último realizado por Germán Bermúdez Melero.

Curiosidades: Sobre la autoría de los titulares, existen varias teorías. López Pérez sólo relaciona los magníficos Ladrones con Sebastián de Solís, considerando el Crucificado como obra de su hijo, Juan de Solís, y el San Juan Evangelista con la labor de su hermano, Francisco de Solís, aunque este último dato debe considerarse a todas luces erróneo ya que recientes estudios han demostrado que Francisco nunca se dedicó a la escultura. Así mismo, rechaza la atribución a Sebastián de Solís de la Virgen de los Dolores, a pesar del evidente parecido que guarda con la imagen de San Juan Evangelista, y la cataloga como pieza anónima del siglo XVIII. El Crucificado era usado también para la iconografía de Cristo Yacente. Hasta hace unos años, la cofradía procesionaba la imagen de San Juan en un paso independiente. Poseen una talla de Santa María Magdalena, atribuida también a Sebastián de Solís, que no procesiona por su mal estado de conservación.

Salida Procesional: Viernes Santo.

 

Fotografías de Joaquín Fernández Reyes

 

 

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