PONTIFICIA, REAL E ILUSTRE HERMANDAD DEL SANTO SEPULCRO
Y NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD DEL CALVARIO
Templo: Parroquia de San Gil y Santa Ana.
Fundación: 1925.
Pasos: Dos.
CRISTO YACENTE
Autor: Anónimo
Cronología: Siglo XVII.
Material: Madera policromada.
Medidas: 155 cm.
Pasaje Evangélico: "Y José, tomando el cuerpo, lo amortajó con un sudario limpio y lo puso en su sepulcro nuevo, que había excavado en la peña" (Jn, 19, 40).
Análisis Artístico: Cristo yace en el sepulcro, representado a modo de urna donde descansan sus restos mortales. La cabeza de Jesús, carente de potencias y corona de espinas, se halla reclinada sobre un almohadón de tejido natural. El semblante, aún dolorido, muestra las cejas arqueadas, la nariz afilada, y los ojos y labios entreabiertos, dejando ver éstos últimos la dentadura tallada. El cabello, partido al centro y pegado al caso, se organiza en suaves guedejas, recibiendo la bífida barba idéntico tratamiento. La anatomía del Varón es enjuta y sumariamente detallada, con los brazos alineados a lo largo del cuerpo, las palmas de las manos abiertas y las piernas, semiflexionadas, conservando signos de rigidez por la postura del madero. El sudario es una banda muy simple que cubre la desnudez del Varón y se halla cubierto con otro natural, confeccionado en encaje.
VIRGEN DE LA SOLEDAD
Autor: José de Mora.
Cronología: Hacia 1671.
Material: Madera policromada.
Medidas: 124 cm.
Restauraciones: José de Mora (1707), quien sustituyó las originales manos entrecruzadas por las actuales. Barbara Hasbach (1996).
Análisis Artístico: Una de las creaciones más celebradas de Mora que, al igual que ocurrió con el Crucificado del Silencio, inauguró un prototipo pasionista, inspirado en La Soledad del jiennense Gaspar Becerra, imitado hasta la saciedad. Representa a la Virgen, sola y arrodillada al pie de la cruz, de la que pende un sudario, tras la Crucifixión de Cristo. La Dolorosa inclina solemnemente la cabeza hacia el lado derecho y dirige la mirada perdida hacia el suelo. La composición resulta austera y el rostro, conmovedor. Los ojos son de cristal y las pestañas superiores, postizas. La nariz es alargada y la boca, semicerrada, apenas deja ver los dientes superiores insinuados. Lleva cinco lágrimas de cristal, dos en la mejilla derecha y tres en la izquierda. Las manos aparecen extendidas y cruzadas sobre el pecho, recurso empleado por el autor para dejar totalmente visible el rostro de la Señora. La efigie es de talla completa, presentando la toca monjil, túnica y manto impecablemente esculpidos en la misma madera y policromados en severos tonos blancos y negros, respectivamente.
Preseas: Diadema de plata, cincelada por manos anónimas en el Seiscientos y restaurada por Moreno (1996).
Paso de Cristo: La urna en la que se deposita la imagen es obra de Manuel Valdés (1675), quien empleó para su ejecución madera de ébano, plata, carey y bronce. Fue concluida en 1691. El severo canasto, en madera de caoba y plata, fue labrado por Navas Parejo (1929). Lleva ángeles plateados en las esquinas, obra de Rafael Moreno. Llamador cincelado por Eleuterio Aragón (1992).
Paso de Virgen: Al igual que el Cristo, la Dolorosa posee unas andas de aires neorrenacentistas. Fueron talladas en madera oscura por Antonio Díaz (1991). Se alumbra con faroles plateados, de Rafael Moreno. Lleva figuras académicas de Jesús García Ligero y Antonio Díaz.
Observaciones: A efectos procesionales, utilizan una efigie mariana que es réplica realizada por Antonio Barbero Gor (1982) mediante el sacado de puntos de la original.
Salida Procesional: Viernes Santo.
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