LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS

Texto de José María Ruiz Montes. Fotografías de Ruperto Leal (29/10/2014)


 

 

INTRODUCCIÓN

Más que una alegoría es una gran metáfora sobre la forma de ser de la condición humana hacia el prójimo, con todo lo que le rodea y la propia naturaleza. Luego, analizando los elementos que nos muestra el evangelista Juan en sus Revelaciones hechas por el Todopoderoso, el jinete a lomos de un caballo es pura fuerza, ímpetu, velocidad, inmediatez, y es la misma potencia con la que cabalgan nuestras propias penurias por el planeta, generado por las ansias de poder, de dinero, por las tierras, el egoísmo, ligadas con las vanidades y maldades. Atrae de esta manera los conflictos personales y plurales entre los pueblos que conforman nuestro planeta, con guerras constantes que empiezan y terminan y otras que nunca parecen tener fin, afectando a un sinfín de facetas humanas y terrenales, pero sobre todo a las generaciones venideras.

Sobre el último libro que aparece en la Biblia, el Apocalipsis, las Revelaciones de Dios al discípulo y evangelista Juan, escrito históricamente a finales del siglo I, en la isla de Patmos del mar Egeo, está considerado de los escritos más ricos de la Biblia en simbología. Es difícil tarea interpretar la totalidad de la Revelación y, como tal, ha sido objeto de numerosas investigaciones, de forma pretérita, idealista, futurista e historicista.

Por parte de los padres de la Iglesia y de los beatos, entre las interpretaciones que se realizan destaca como una de las obras más importantes de la literatura Comentario al Apocalipsis, del Beato Liébana, elaborado en el siglo VIII en el norte de España y considerada una de las joyas bibliográficas de Europa. Fue escrito para explicar a los monjes de su época los pasajes indescifrables del Libro de la Revelación, tomando como referencia también a los autores anteriores que han llevado a cabos otras interpretaciones, como San Jerónimo, San Agustín, San Ambrosio, San Fulgencio, San Gregorio y San Isidoro.

Cuando San Juan comienza a abrir los cuatro primeros sellos del Libro donde reposa el Cordero Pascual, a cada sello abierto uno de los seres tetramórficos se dirige al evangelista y surge un hombre a caballo, hasta completar los cuatro primeros. Para el Beato, el que monta sobre caballo blanco lleva un arco tensado y sobre su cabeza una corona representa a la Iglesia y sus conquistas a través de su evangelización por el mundo; el segundo, el de la Guerra, es el pueblo contrario a la Iglesia y el que monta el propio Diablo sanguinolento, e indica las guerras futuras; respecto al tercer caballo, negro y portando una balanza, para el Abad estamos ante el falso profeta que será cuestionado más adelante y el caballo es el hambre espiritual dentro de la Iglesia; finalmente, el cuarto jinete surgió después de que el Cordero abriera el cuarto sello y se oyera la voz del cuarto ser, que le dice a San Juan: "Ven y verás", cabalga sobre un caballo, y su nombre es Muerte. Para el beato, las plagas y las bestias son herejías y herejes, está claro que las interpretaciones realizadas sobre un mismo texto original, van cambiando, influenciadas con matices políticos humanos y espirituales, según la época en que estén hechas.

Estudiadas las lecturas realizadas por los diferentes autores en épocas similares, pero, sobre todo, haciendo mi propia interpretación sobre las lecturas originales del Apocalipsis del evangelista Juan, expreso lo siguiente:

 

 

Cronología de las visiones de los jinetes
Es la insaciedad de la condición humana por parte, sobre todo, del capitalismo, por conquistar con fines de enriquecimiento económico y materialista, tierras, inmuebles, petróleo... Es el verdadero generador de las luchas constantes, enfrentamientos absurdos en guerras interminables, atrayendo el desequilibrio económico, personal, cultural y espiritual. Con ello, viene el Hambre, por el cual se roba lo verdaderamente primordial, que es el sustento alimenticio, culminando en nuestra propia autodestrucción, representada en el jinete macilento llamado Muerte.

 

     
     
 
     
     

 

JINETE DEL PODER Y LA VICTORIA (LA PESTE) CAUSA

 

"Primer jinete blanco, y el que lo monta tenía un arco, y diósele una corona, y salió victorioso para continuar las victorias"

(Apocalipsis de San Juan)

 

 

El color blanco en el caballo se suele identificar con la pureza de espíritu o con todo lo que está relacionado con la benevolencia, pero también tiene una lectura de poder, de status económico; de hecho, la corona ya nos da una pista, expresando de esta manera el poder.

El arco y las flechas simbolizan la ambición, incluyendo en este último elemento un saco cargado a las espaldas del propio jinete, expresando la acumulación de riquezas. Este elemento se repite en el pecado de la Avaricia, en el motivo de los siete Pecados Capitales.

La herramienta del arco tiene el mismo significado, pero no explícitamente negativo, en la figura de Sagitario, que compone el signo astrológico del zodíaco, teniendo su lectura como una cualidad alta y de conciencia superior; es decir, es un instrumento que simboliza la sublimación de los deseos, de grandes aspiraciones.

Este jinete se ubica en la izquierda frontal del trono del Crucificado de la Redención, titular de la cofradía malagueña de los Dolores de San Juan, situándolo de esta manera cronológicamente el primero de todos, colocado de manera que el peso del jinete queda en la parte interna y el caballo en el exterior, compactando de esta manera con el propio blandón como generador o causa.

En actitud de disparar las flechas, continuando sus conquistas, es sorprendido por la imagen de Cristo; percatándose de su presencia se aterroriza, y el caballo, con gesto de miedo, frena la eminente caída al vacío.

 

 
     
     
 

 

SEGUNDO JINETE (LA GUERRA) CAUSA

 

"Caballo bermejo, y al que lo montaba se le concedió el poder de desterrar la paz de la tierra, y hacer que los hombres se matasen unos a otros, y así se le dio una gran espada"

(Apocalipsis de San Juan)

 

 

El color rojo está vinculado a la pasión, la energía y la fuerza, pero en este caso se adapta a la ira y a la sangre derramada entre nosotros.

Representado como Marte, dios de la Guerra, con armadura y yelmo, emblema del carnero que aparece en su pecho, igual que en La Peste se dispone el jinete en la parte interior y el caballo en la exterior, poseyendo una gran espada como redactan las Sagradas Escrituras. Aquí la espada está enfundada en la cintura, porque sus manos están ocupadas con un gran "contrapposto", girándose.

Su brazo izquierdo le cubre de la gran luz antagónica que proyecta Jesús; el otro, cogiendo fuertemente las riendas del caballo desbocado, que gira con fuerza su testa hacia la izquierda ante la grandeza del precipicio.

Bajo los lomos del caballo aparece arrollada la bola del Planeta Tierra con grietas y, dividida, expresa la destrucción de los pueblos que dejan los conflictos violentos, el mundo tras las guerras.

 

     
     
 
     
     

 

TERCER JINETE (EL HAMBRE) REPERCUSIÓN

 

"Caballo negro; y el que lo montaba, tenía una balanza en su mano. Y oí cierta voz en medio de los cuatro animales, que decía: dos libras de trigo valdrán un denario, y seis libras de cebada a denario también, mas al vino y al aceite no les hagas daño"

(Apocalipsis de San Juan)

 

 

De los cuatro hombres a caballo, el caballo negro y su jinete son los únicos que su aparición va acompañada de pronunciación verbal. Este símbolo nos dice que tras las rupturas promovidas por las distintas guerras, traen los desequilibrios y la hambruna, habla de la subida de los precios del trigo y la cebada, expresando así la crisis económica y afectando a los alimentos de más susceptibilidad y de primera necesidad, haciendo mayor mella a la humanidad, pero comenta que no toque ni el vino ni el aceite.

Lo anterior puede tener un significado u otro, o los dos unidos. Estos dos alimentos, en comparación con los otros dos, se podrían calificar de mayor lujo y, por otro lado, la preservación del aceite y el vino podría simbolizar la protección de los fieles cristianos, que utilizan el aceite y el vino en sus sacramentos. Esta última interpretación está basada en el profeta Ezequiel.

El color negro del caballo simboliza la desolación y la miseria. Compuesto en sentido opuesto a los jinetes delanteros, por lo cual el caballo queda en la parte interna y el jinete en la exterior. El hombre gira su rostro con gesto de miedo y desprecio hacia el Señor, creando con esto una diagonal en el trono con La Peste.

Porta este jinete del Hambre en su brazo derecho una filacteria con el texto en latín de la pronunciación que se redacta en el Apocalipsis: "Bilibris tritici denario et tres biliares hordei denario". El caballo, en una postura de derrota absoluta, va desbordándose por la cornisa del edificio. El jinete alza la cabeza y su mirada al cielo, con gesto de súplica. Con ello se adopta un alargamiento horizontal en la composición.

 

     
     
 
     
     

 

CUARTO JINETE (LA MUERTE) REPERCUSIÓN

 

"Caballo pálido y macilento cuyo jinete tenía por nombre Muerte, y el Infierno le iba siguiendo, y diósele poder sobre las cuatro partes de la Tierra, para matar a los hombres a cuchillo, con hambre, con mortandad, y por medio de las fieras de la Tierra"

(Apocalipsis de San Juan)

 

 

Este jinete está muy vinculado a la figura de Saturno y Cronos. Saturno era un importante dios de la agricultura y la cosecha, ligándose en la antigüedad con el titán griego Crono, dios del Tiempo. Saturno es representado como un anciano con larga barba, con una guadaña en la mano, instrumento para la cosecha que se utiliza para cortar y segar la hierba y el trigo. Es el emblema del tiempo, simboliza que todo se destruye y acaba.

En el dios Cronos, este instrumento fue el que utilizó para castrar a su padre Urano. Cronos fue venerado como dios del Trigo, por su asociación a la edad dorada. También era un dios de la Cosecha, el Grano y la Agricultura, vinculándolo de esta manera al tiempo. Por lo tanto, la representación gráfica de la Muerte se apoya básicamente en estos dos personajes mitológicos.

El color macilento y pálido al que se refiere las Escrituras se halla relacionado con el color de un cadáver, con la muerte al fin y al cabo. La composición, junto al Hambre, se sitúa en la trasera del trono del Santísimo Cristo de la Redención y va acorde con dicho jinete, rigiendo el orden de volúmenes entre el cabalgador y su montura. Los dos traseros son de una composición horizontal, y los dos delanteros de una construcción vertical. Esto crea una armonía bastante agradable cuando lo contemplamos en los distintos perfiles.

Este último caballo, representado tal cual aparece en las Escrituras, con aspecto demacrado y macilento, como decía, con una actitud de desborde por el precipicio, la cabeza hacia abajo y los ojos desencajados.

El jinete está en un momento de desequilibrio, a punto de caer. En su brazo izquierdo porta la guadaña a la que hemos hecho referencia anteriormente, y en el extremo inferior, como aparece en los textos, la serpiente enrollada en el vástago de la misma. Con aspecto sombrío y frío, el jinete aparece aterrado por lo que se aproxima poderosamente en su contra.

El tiempo agotado está representado en el reloj de arena que cae por la cornisa. Es la síntesis de que la muerte de Jesucristo en la cruz venció y vencerá todo mal y los pecados que cabalgan por el mundo.

 

 

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