¿QUIÉN HIZO LA MACARENA?
Jesús Garrido Pérez
A
lo largo de la historia, la autoría de la popularmente conocida como Reina de
San Gil ha suscitado gran interés. Numerosas han sido las atribuciones,
barajándose imagineros como Pedro Roldán, su hija Luisa, Martínez Montañés,
Juan de Mesa, Ruiz Gijón, Hita y Castillo, Felipe Morales o Cristóbal Pérez;
la mayoría con probadas facultades para llevar adelante el encargo de dar vida,
mediante un simple trozo de madera de pino, a la gran Dolorosa sevillana.
Fueron humildes los orígenes de la Hermandad de la Madrugada. Sus primeros hermanos eran hombres de labranza y hortelanos que, a finales del siglo XVII o comienzos del XVIII, veneraban ya en la sevillana Parroquia de San Gil a su titular mariana, la Virgen de la Esperanza Macarena.
En este período de tiempo, en el cual tuvo su momento de esplendor Luisa Roldán, comenzaba a labrar sus primeras obras el joven José Montes de Oca, siendo sus gubias un reflejo de lo aprendido en el taller de Pedro Roldán, mezclado con una impronta característica del por entonces joven escultor sevillano, esbozo de lo que sería posteriormente un estilo propio, cargado de fuerza, belleza y majestuosidad, más propio de Mesa y Montañés que del maestro Roldán y demás artífices del barroco dinámico de la segunda mitad del XVII.
Por otro lado, en este mismo lapsus temporal, existe casi un vacío documental en la Hermandad de la Sentencia y la Esperanza, etapa donde no hay ninguna referencia sobre la talla de la Macarena y en la que el joven Montes de Oca comienza a despuntar como imaginero.
Todos estos datos nos llevan a lanzar una
pregunta al aire: ¿puede tratarse la Macarena de una obra de José Montes de
Oca? Recordemos el origen humilde de la Hermandad de la Macarena, hecho que
no hace descabellada la idea de que se encargase la talla a un imaginero de
“menor categoría” que estuviese empezando su carrera como tallista, un
imaginero de entusiasta, inspirada y audaz juventud,
considerado "imaginero menor" hasta que Don Antonio Torrejón Díaz,
Conservador del Patrimonio Histórico de la Consejería de Cultura, valorara su
trabajo y maestría a raíz de la tesis de licenciatura que realizó en la década
de los 80 del pasado siglo.
Estilísticamente
la talla de la Macarena no se aparta de la producción pasionista de Montes de
Oca, una producción que describe de forma sublime el gran investigador de la
obra del imaginero sevillano, Don Antonio Torrejón: “Las cabezas de sus
Dolorosas presentan un doble giro, hacia abajo y hacia la izquierda
preferentemente; la boca de correcto diseño, aparece entreabierta y dibuja un
rictus de dolor, permitiendo observar la talla de los dientes superiores e
inferiores y, en ocasiones, hasta la lengua en un alarde de virtuosa ejecución.
La mirada es baja; los párpados superiores aparecen caídos, lo que otorga a
sus Dolorosas una profunda sensación de tristeza. El ceño aparece fruncido, el
surco nasolabial marcado, la barbilla redondeada y prominente, en muchas
ocasiones con el habitual y marcado hoyuelo. Presentan un excelente tratamiento
anatómico del cuello, lo que no fue usual en las tallas coetáneas del mismo
tema; las manos finas y elegantes, de delicada traza y muy expresivas,
apareciendo los dedos anular y corazón unidos. Las imágenes se complementan
con el uso de postizos, frecuentes desde la segunda mitad del siglo XVII: pestañas
de pelo natural, ojos y lágrimas de cristal” (1).
Esta descripción no se aleja de los grafismos que presenta actualmente la talla de la Esperanza Macarena, incluso aspectos como la doble inclinación de la cabeza no rompe con esta idea de “Macarena monteoquina”, ya que en grabados antiguos aparece la Señora de San Gil con esta peculiar característica.
La falta de documentación nos hace recurrir a la comparación de la venerada Dolorosa con otras obras sobre el mismo tema de Montes de Oca, en particular con la Virgen de los Dolores de la Cofradía de los Servitas, la Magdalena de la misma corporación -en origen, una Santa Juliana de Falconieri (2)- y la desaparecida Virgen del Mayor Dolor de la Cofradía de las Aguas, siempre teniendo presente que todas ellas han sido objeto de diversas restauraciones a lo largo de la historia.
Preguntar quién hizo la Macarena forma parte del mito que rodea a esta hermosa talla; una talla que, sin lugar a duda, fue labrada por soberbias manos tocadas por la gracia de Dios.
BIBLIOGRAFÍA
(1) TORREJÓN DÍAZ, Antonio. José Montes de Oca. Escultor, Sevilla, 1987, p. 45.
(2) MONCLOVA GONZÁLEZ, Francisco Javier y Antonio PÉREZ CAMACHO. Recuperación de dos imágenes de Montes de Oca, en Tabor y Calvario, nº 15, Sevilla, 1991, pp. 27-29.
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Fotografías cedidas por Roberto Villarrica
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