LA PAUSA. CRISTO Y DIONISOS

17/12/2025


 

 
 

 

Las afiliaciones iconográficas entre Dionisos y Cristo son ahora un patrimonio compartido de la crítica literaria, la historia y los estudios comparativos de las experiencias religiosas, así como de la reflexión antropológica y el simbolismo. Desde las "Dionisíacas" de Nono de Panópolis, hasta la filosofía cosmológica de Friedrich Nietzsche, autor de la famosa frase "Dionisos contra el Crucificado", pasando por los ritos teofágicos diseccionados por Elémire Zolla, las investigaciones de Mircea Eliade, "La rama dorada" de James George Frazer y "Dionisios. Raíz de la vida indestructible" de Karl Kerényi, un estudio que atestigua la multiplicidad y multifuncionalidad del significado dionisíaco no solo desde el punto de iconográfico, desde sus orígenes minoicos.

Los cantos órficos hablan de Dionisos asesinado y desmembrado por los Titanes, de quienes se convierte en alimento, si bien un rayo desgarrará a estas deidades por tal afrenta, así como el velo del templo se rasgó de lado a lado tras la muerte de Jesús en la cruz, según narra la tradición sinóptica.

Por otro lado, la muerte de Dionisos, como la de Cristo, es el resultado de una traición. Y Dionisos, tras recomponer sus miembros, ascenderá al Olimpo a la diestra de Zeus, prefigurando una resurrección, al igual que Cristo, como Hijo inmolado en aras de la redención humana, ascenderá a la diestra del Padre.

El dios cristiano se convierte, en el momento de la revelación, en cuerpo de muerte y objeto del milenario rito eucarístico, compartiendo con Dionisos y, por extensión, con Panteo, el rito teofágico. También hay fuentes iconográficas que representan a Baco, nombre por el que conocían los romanos al dios griego Dionisos (o Dionisio), crucificado entre sarmientos trepadores de vid que se enroscan en la cruz.

 

 
 

 

La presente obra escultórica, creada por la italiana Maria Laura Previdi, se inspira visualmente en esta certeza arquetípica. Observamos a Cristo en un sofá con un diseño absolutamente contemporáneo, símbolo del paso de los eones en los que operan todos los mitos. Su color turquesa es una clara referencia a los colores del pavo real en el bestiario, símbolo a su vez del Salvador resucitado y triunfante sobre la muerte. Reclinado sobre este diván, el propio Cristo, despeinado y visiblemente ebrio, con un brazo colgando flácido y el otro sosteniendo temblorosamente un cáliz lleno de símbolos de la Pasión -la corona de espinas, sarmientos, hojas y racimos de uvas-, ya devenido ??un claro objeto litúrgico.

La figura muestra el vientre regordete, casi turgente, de un bebedor, y su rostro esboza una sonrisa casi despreocupada. La cruz, prefigurando el destino de la muerte, reposa en el sofá como si hubiera sido "descartada" temporalmente, abandonada como un estorbo durante una pausa de descanso, de ahí el título de la obra, La Pausa. Cristo, permitiéndose un respiro, decide hacer una pausa, un intervalo en la peregrinación hacia el destino de la finitud en el Gólgota.

El rostro revela una euforia embriagadora, irresponsable e inconsciente, típica del estado de alteración inducido por el vino. Sin embargo, en el fondo también se percibe la inseguridad y la culpa que surgen del torpe intento de retrasar y evitar, ahogándose en vino, la certeza del propio destino de muerte, así como toda la angustia y la ira de quien es consciente que esta breve pausa no podrá detener ni cambiar el destino asignado de muerte y finitud.

La pausa constituye un intervalo. La pausa temporal es la fijación del tiempo en la existencia, en la presencia, en lo óntico... Pero, como para toda la humanidad, este es un mero intervalo, suspendido y comprimido entre dos nadas. Incluso el acontecimiento de Cristo encarnado es un intervalo de desvelamiento del ser, pero solo transitorio, una pausa, precisamente una pausa desde y en una nada eterna e inexorable.

 

 
 

 

Dice el Evangelio de san Mateo: "Y tomando una copa, y habiendo dado gracias, se la dio, diciendo: Bebed todos de ella; porque esto es mi sangre" (Mt 26, 27-28). Dentro de la copa brillaba un muy puro y rojo vino, puede imaginarse que era el más sabroso de los vinos tintos que alguien ya había probado nunca, pues era metáfora de la propia sangre de quien pronunció estas palabras: Cristo.

Dos mil veinticinco años después, este ritual se perpetúa cada eucaristía en las ceremonias cristianas. Pero la relación de Cristo con el vino ya había sido narrada en las escrituras, incluso antes de la Última Cena: en las bodas de Caná. Al transformar el agua en la bebida sagrada, las nupcias pudieron continuar. La transmutación del agua en vino es un símbolo arcaico de la arrebatadora embriaguez de la transformación espiritual. En éxtasis, se conduce al devoto del vino hacia la lucidez. Estar en trance es ser tomado por un delirio sagrado.

Dionisos, el dios griego del vino y del éxtasis, transformó agua en vino en su boda con Ariadna. En el misterio de Eléusis, la diosa Deméter era representada por el pan y Dionisos por el vino. Pan y vino son los representantes del cuerpo y sangre de Cristo. Ambos dioses sufren actos simbólicos de desmembramiento, devoración que conducen a la inmortalidad. Sacrificio, muerte violenta, entierro, creación, procreación, volver a vida, integran los relatos de mitos cíclicos.

Cristo y Dionisos son dioses de las metamorfosis, de la transformación, tal y como queda plasmado en los textos míticos y en las obras de arte en las que el vino comparece como protagonista desde el Prerrenacimiento hasta el Barroco. Así pretendemos tejer los encuentros estéticos y estructurales de estos dos mitos, siempre considerando el mito como un discurso verdadero. Y con el vino surge la verdad, pues del zambullido interior proviene la revelación. Con el vino la verdad del sujeto aflora. In vino, veritas.

 

 
 

 

La Pausa también forma parte del proyecto de Previdi titulado APOCALIPSIS de lo ÓNTICO. EPIFANÍAS de lo SAGRADO. Contrapuntos hiperrealistas sobre la FINITUD, compuesto por numerosas instalaciones que se enriquecen cada año con dos o tres piezas, y que conjuga la iconografía de la tradición sacra con materiales y estilos contemporáneos, en concreto de cariz hiperrealista, para transmitir notas y reflexiones sobre el pensamiento existencialista de la muerte.

El término "óntico", opuesto a "ontológico", es el adjetivo de ente y toma su significado de la existencia en sí de las cosas. Esta existencia constituye un dato independiente de lo que el hombre puede saber acerca de ella, de forma que nuestro pensamiento ni la hace ni la deshace. Digamos que ónticamente vemos al ente desde afuera, con pasividad (idealmente total), en forma contemplativa, tocado por su presencia y por nada más, en tanto que ontológicamente el ente es visto desde adentro de él mismo, merced al despliegue de una actividad que lo proyecta como logos sobre la evidencia irrebasable de que todo cuanto existe, existe consistiendo en algo.

 


 

FUENTES

Con información de Maria Laura Previdi.

BRASIL CAMPOS RODRÍGUEZ, Vanessa. "¡In vino veritas!" Dionisos y Cristo: bebida sagrada, sangre y verdad: encuentros míticos y estéticos del vino con sus dioses", en Trama & Fondo, n º 50, Madrid (Universidad Complutense), Asociación Cultural Trama & Fondo, 2021, p. 23.

COSSÍO, Carlos. "La racionalidad del ente: lo óntico y lo ontológico", en Estudios en honor del doctor Luis Recaséns Siches, tomo I, Ciudad de México, Universidad Autónoma de México, 1980, p. 197.

 

 
 

 

Volver          Principal

www.lahornacina.com