SAN ANTONIO ABAD. UNA TALLA EN ESTADOS UNIDOS ATRIBUIDA A TORRIGIANO

Con información de Michael Riddick (30/10/2020)


 

 

Esta escultura ha sido atribuida a Pietro Torrigiano (Florencia, 1472 - Sevilla, 1528), uno de los escultores más importantes del Renacimiento, por Michael Riddick, coleccionista e investigador especializado en las artes decorativas del periodo renacentista. De confirmarse, estaríamos ante la primera escultura en madera conocida de Torrigiano, cuyos trabajos conservados hasta la fecha fueron realizados en bronce, terracota y mármol.

La estimación del talento de Torrigiano ha sido históricamente enturbiada, entre otros factores, por la deficiente evidencia documental sobre su vida y actividad y por el desdén que Giorgio Vasari y Benvenuto Cellini le dieron en sus escritos. Ambos relatan cómo, siendo jóvenes, Torrigiano le rompió la nariz a Miguel Ángel en una pelea a puñetazos después de que se burlasen el uno del otro sobre las habilidades que tenían para copiar obras de Masaccio en la capilla Brancacci del templo florentino de Santa Maria del Carmine.

A pesar de ello, Torrigiano fue reconocido como un escultor talentoso, e incluso el mismo Vasari elogió su habilidad "audaz y excelente" con obras tenidas en "gran estima". Francisco de Holanda, en 1548, también citó a Torrigiano como uno de los diez escultores más importantes del Renacimiento. La evidencia de esto se encuentra en los encargos que recibió de los mecenas más ricos de Europa, entre los que se incluyen Margarita de Austria, regente de los Países Bajos, los reyes Enrique VII y Enrique VIII de Inglaterra, y posiblemente también el emperador Carlos VI y la emperatriz Isabel de Portugal. La tumba de Torrigiano para el rey Enrique VII e Isabel de York en la Abadía de Westminster fue juzgada por Pope-Hennessey como "la mejor tumba renacentista al norte de los Alpes" y el propio Riddick la considera su producción más grandiosa.

La carrera de Torrigiano como artista, y durante un tiempo también como soldado, implicó muchos viajes. Sigue siendo uno de los pocos artistas del Renacimiento florentino que trabajó fuera de Italia y el primer artista del Renacimiento italiano documentado activo en Inglaterra. Históricamente se le reconoce como uno de los primeros en difundir los estilos renacentistas italianos en otras partes de Europa.

 

 

Como hemos apuntado, las esculturas de Torrigiano que han sobrevivido están compuestas por obras en bronce, terracota y mármol. Vasari destacó también su habilidad en el modelado de la terracota y comentó los pequeños bronces y mármoles que producía para los comerciantes florentinos, una clientela cuyo patrocinio supondría sus encargos más importantes y cuyos contactos internacionales le valieron su trabajo en el extranjero.

Particularmente única es la escultura atribuida por Riddick, una talla en bulto redondo que representa a San Antonio Abad, de tamaño casi natural (132 x 81 cm) y realizada en madera policromada. Más conocido por sus bustos en terracota policromada que retratan con gran realismo a comerciantes, nobles y realeza, Torrigiano no ha sido tradicionalmente considerado como un escultor de madera. Sin embargo, al igual que otros escultores del Cinquecento de origen florentino, era experto en una variedad de materiales que incluían la terracota, el bronce, la piedra y también la madera. Su formación juvenil bajo la tutela de Bertoldo di Giovanni en los jardines de San Marco de la familia Médici, lo habría preparado adecuadamente para tal condición, junto a otros futuros grandes artistas como el mencionado Miguel Ángel, Giovan Francesco Rustici, Lorenzo di Credi, Baccio da Montelupo y Andrea Sansovino, entre otros.

Si bien no se conocen obras previamente identificadas en madera de Torrigiano, Vasari menciona que hizo durante su estancia en Inglaterra "un sinnúmero de obras en mármol, bronce y madera, compitiendo con algunos maestros de ese país, a todos los cuales demostró ser superior".

Las características con las que Torrigiano habría realizado este San Antonio pertenecen a lo que Alan Darr define como la tercera etapa de su carrera: un periodo comprendido entre 1510 y 1528 en el que está activo como escultor maduro e internacionalmente reconocido. Su cariz expresivo anticiparía el magistral del San Jerónimo Penitente que labró hacia el final de su vida para el monasterio sevillano de San Jerónimo de Buenavista, actualmente en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Por tanto, el San Antonio Abad puede ubicarse en un período de actividad desconocida entre 1520 y 1527. Si Torrigiano nunca regresó a Inglaterra después de separarse en malos términos con sus patrocinadores financiados por la corona, pudo haber permanecido en Italia o en otro lugar hasta aventurarse más tarde a España, o primero a Portugal.

 

 

Se cree que Torrigiano llegó a España en algún momento entre 1522 y 1525. Se han postulado varias teorías sobre su llegada y su trabajo en nuestro país. Francisco de Holanda menciona un retrato en busto de Isabel de Portugal que Torrigiano hizo, presumiblemente, como regalo por su matrimonio con Carlos V en marzo de 1526. En octubre de ese mismo año labró una figura de terracota de San Jerónimo para el Monasterio de Guadalupe, en cuya sacristía todavía se encuentra. Las obras maestras de sus piezas en terracota son el citado San Jerónimo Penitente y la Virgen con el Niño o Virgen de Belén, ambas para el cenobio jerónimo de Buenavista que por entonces estaba en las afueras de Sevilla. Las dos ejemplifican la cumbre de su capacidad escultórica.

Por otro lado, no podemos olvidar que las obras que Torrigiano dejó en España al final de su carrera fueron una significativa influencia para artistas españoles del Barroco tan importantes como Juan Martínez Montañés, Alonso Cano o Francisco de Zurbarán, por citar solo a unos cuantos.

Es posible que la talla de San Antonio pudiera haberse realizado en España. Las semejanzas sugieren que para sus dos penitentes y el San Antonio empleó el mismo modelo humano, que según Vasari, en el caso del modelado para Buenavista, fue un mayordomo de la familia Botti, comerciantes florentinos en España. Sin embargo, la fortaleza del semblante de este San Jerónimo contrasta con el fatigado rostro del San Antonio, cuya expresión transmite lucha y esperanza, alzando la mirada hacia la gloria de Dios y no hacia adelante como el penitente a la cruz. Mayor semejanza muestra el de Guadalupe con el San Antonio: el giro de la cabeza, la mirada desesperada, la boca igualmente abierta, las arrugas cuidadosamente talladas y las facciones del rostro son casi exactas. El modelado de las cejas, los ojos muy hundidos, especialmente cavernosos donde se encuentran con el puente, la marcada delimitación de la carúncula lagrimal y el periorbitario hundido debajo de los ojos sugieren la edad real del modelo, como se observa también en sus bustos de terracota.

Otras características están presentes en otras obras documentadas de Torrigiano o a él atribuidas. Por ejemplo, el modelado de su cabellera, cuyos gruesos mechones estriados de formas onduladas terminan en puntas suavemente romas, se observa también en el del busto póstumo en terracota de Enrique VII (imagen superior). Las hebras cuidadosamente talladas y su patrón rítmico se comparan también con los ángeles de bronce situados en las esquinas de la tumba de dicho monarca (imagen inferior) y otras creaciones de Torrigiano.

 

 

Otros rasgos típicos incluyen la forma en la que se modelan los pies, con nudillos protuberantes, un dedo índice que se extiende más allá del pulgar y un regordete meñique. Finalmente, las densas vestiduras del San Antonio siguen el tipo observado en otras estatuas de tamaño natural o casi natural de Torrigiano. En particular, la cavidad dentada entre los muslos del sujeto, fruto del caprichoso plegado.

En resumen, esta talla de San Antonio puede ayudar a paliar la falta de conocimiento sobre las obras de Torrigiano en madera y, además, promover más investigaciones sobre la actividad de sus últimos años, u otros períodos de actividad en los que persisten lagunas, y mejorar la apreciación de la habilidad y el talento del escultor como uno de los artistas más finos y versátiles del Renacimiento.

El trabajo de Pietro Torrigiano se conserva en varias instituciones culturales de todo el mundo, aunque sus obras son poco conocidas en el mercado privado del arte. La presente obra, que se encuentra a la venta en la galería Old World Wonders del centro histórico de la localidad de Leesburg (Virginia, USA), ubicada a 50 minutos de Washington DC, constituye por tanto un descubrimiento único.

La escultura de San Antonio Abad parece haber sido pensada para su visión desde cualquier punto de vista por parte del espectador, y, probablemente, estuvo colocada sobre una base o pedestal. El detalle de modelar su rostro mirando hacia arriba, sugiere que podía ser visto casi al nivel de los ojos y de cerca.

 

 

El estado de la madera en la base de la escultura parece mostrar signos de daños por el agua, probablemente por haber estado expuesta a la humedad durante un periodo prolongado de tiempo. También se observan daños por el exceso de carcoma que ha sufrido, así como modificaciones en su estructura que incluyen la mutilación de pliegues en el brazo derecho y en la pierna derecha, donde seguramente estuvo la figura del cerdo, atributo de San Antonio, adosada a ella. El santo pudo haber tenido también otros atributos como el bastón, el libro o la campana. Otra vieja mutilación, menos notoria, se observa en los pliegues de la pierna izquierda. Muestra igualmente varias hendiduras, en particular una grande que parte del extremo superior de la cabeza y se extiende hasta el final de la capucha, así como un corte en forma de V en la parte derecha de la frente.

Las piernas y la parte superior del cuerpo parecen haber sido realizados utilizando al menos dos grandes bloques de madera, hábilmente unidos. Los brazos han sido tallados y unidos por separado. La terminación de las mangas también son piezas modeladas por separado para así conseguir la profunda cavidad de la que surgen las elocuentes manos, que no son las originales y datan probablemente del siglo XIX o XX. Dos de los dedos de la mano derecha se han roto en sus extremos y han vuelto a ser unidos.

El rostro de San Antonio se presume tallado también por separado. De no ser así, la profundidad lograda en la unión con la capucha es fruto de una mano realmente poderosa y firme. La boca y las fosas nasales están minuciosamente tratadas, en consonancia con el enfoque característico de Torrigiano.

Por último, la policromía parece la original en el manto de San Antonio Abad, preparada sobre una capa muy fina de yeso a la que se aplica un marrón oscuro o negro, probablemente un negro de humo de origen orgánico. La policromía del rostro, con pérdidas en algunas zonas, puede que no sea la original, sino una aplicada tal vez cuando se le añadieron las nuevas manos. Los rastros de la encarnadura original están presentes en la parte superior de las muñecas, donde se unieron las manos de reemplazo, y a lo largo de los dedos de los pies.

 

 

Nota de La Hornacina: Michael Riddick es coleccionista e investigador de artes decorativas creadas en el Renacimiento, con especial énfasis en los medallones, los portapaces y los crucifijos. Su sitio web, RenBronze.com, está dedicado al estudio de estos objetos antes mencionados. También trabaja en la galería Old World Wonders de Leesburg (VA, USA), especializada en antigüedades de la Europa Medieval, el Renacimiento y el Barroco.

 

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