LA OBRA DE DIEGO ROLDÁN EN CEUTA

Francisco de Asís Márquez Pacheco


 

Introducción

En tiempos del Obispo Martín de Barcia, que ocupó la Sede Septemse entre 1745 y 1756, se inician las obras de la nueva Capilla de San Juan de Dios. Las principales imágenes que se entronizan en ella son Nuestra Señora del Carmen, San Juan de Dios y el Arcángel San Rafael, cuya devoción se halla fuertemente ligada a la orden hospitalaria, estando considerado como Protector de la misma.

En el año 1897 se derriba la capilla y las imágenes que en ella recibían culto se reparten por otros templos de la ciudad. La Virgen del Carmen encuentra acomodo en el Santuario de África, y San Rafael en la Iglesia de los Remedios. Ambas se conservan actualmente y las atribuimos con toda seguridad al quehacer de Diego Roldán.

En cuanto a la imagen de San Juan de Dios, desgraciadamente desaparecida, no podemos emitir juicio, aunque es de suponer que se encargara al mismo taller jerezano.

 

 

Nuestra Señora del Carmen

Es, sin duda, la mejor obra de Diego Roldán que conservamos en Ceuta. Como hemos señalado anteriormente, recibe actualmente culto en el Santuario de nuestra Patrona, la Santísima Virgen de África, ocupando el primer altar de la nave de la epístola, junto al sagrario, entronizada en un retablo de sabor neoclásico, restaurado, dorado y jaspeado por el tallista sevillano Antonio Díaz Fernández en los años ochenta del pasado siglo. Luce en su nicho principal sobre fondo forrado de tela adamascada color burdeos, quedando perfectamente enmarcada la preciosa talla, de proporciones académicas.

La Virgen del Carmen aparece mayestática, con la mirada baja, tendiendo la mano derecha en un ademán de protección, entregándonos el escapulario del Monte Carmelo, mientras que la mano izquierda sostiene al Divino Niño, sentado graciosamente sobre su palma.

La policromía del Niño Jesús es muy clara, contrastando con la figura de su Madre, que muestra una tez más oscura; morenez acentuada por barnices que con el tiempo han torcido, impidiendo ver el colorido original de sus carnaciones, así como el extraordinario estofado con relieve que presentan sus ropajes, tanto la capa que se cierra bajo el cuello con un pequeño broche, como el hábito que deja ver sus pies calzados sobre la nube-peana.

Aunque no es imagen creada para ser procesionada (como muy bien lo delata su espalda, plana y terminada con poco detalle), durante muchos años protagonizó la tradicional procesión del día de su festividad.

 

 

San Rafael Arcángel

Procedente, como la Virgen del Carmen, de la desaparecida Capilla de San Juan de Dios, es la interesante y nada apreciada imagen de San Rafael que hoy podemos contemplar ocupando la hornacina izquierda del retablo principal de la Parroquia de los Remedios. Sus grafismos nos remiten claramente a Diego Roldán.

También en proporciones académicas encontramos representado a San Rafael Arcángel como protector de la Orden de San Juan de Dios, vistiendo el escapulario de los hospitalarios y manteniendo una dimánica actitud de ofrecimiento. Esta imagen no ha corrido la suerte de la anterior, ya que ha perdido las alas (elementos indispensables en su iconografía) y sufrido burdos repintes que ocultan la encarnadura original.

La túnica que viste el Arcángel se abre agitada por un viento barroco, dejando ver sus piernas y las altas botas de estirpe militar que calza. Como en el caso anterior, los pies se posan sobre una nube-peana. La cabeza repite un modelo frecuentemente usado por su autor, sobre todo en sus figuras angélicas: mechón a modo de copete sobre la frente y guedejas que caen hacia atrás como movidas por el viento. La mano izquierda recoge el escapulario sobre el pecho, formando un receptáculo para contener pan, mientras la derecha, en actitud de entrega, sostiene una porción de este alimento, que el Arcángel ofrece.

Tanto esta imagen como la de Nuestra Señora del Carmen merecerían ser restauradas con rigor y seriedad, para poner en valor dos extraordinarias obras, fruto de la capacidad creativa del último de los Roldán.

 

 

San Sebastián Mártir

Conocemos una tercera imagen de Diego Roldán en Ceuta, aunque en este caso no pueda ser apreciada por el público al formar parte de una colección particular, a la que ha llegado casualmente procedente de un anticuario donostiarra que coleccionaba imágenes de San Sebastián.

La escultura, de reducidas dimensiones (aproximadamente, 65 centímetros), ostenta los principales grafismos del imaginero, encontrándose resuelta de forma graciosa y bastante bien cuidada para su tamaño. Nos presenta al mártir en su tradicional iconografía: atado al tronco de un árbol y traspasado por las flechas. Su brazo derecho se extiende hacia arriba con la mano en actitud de alcanzar algo (la palma del martirio), mientras el izquierdo, más relajado, cae con su mano abierta en actitud de entrega y sacrificio.

Su rostro, aniñado y esquemático, nos recuerda las expresiones típicas de los angelitos y Niños Jesús creados por su autor, mostrando una incipiente sonrisa poco acorde con el pasaje que representa, ya que en su cuerpo aparecen distribuidas seis heridas discretamente sangrantes, ocasionadas por flechas que, originariamente, estarían representadas por postizos de metal. Los ojos, realizados en cristal pintado, le otorgan una viveza especial, con mirada penetrante. En general, la figura del Santo resulta amable y totalmente alejada de cualquier sensación de sufrimiento propia de una representación martirial.

El sudario, aireado y trabajado con certeros gubiazos, se encuentra policromado a base de un tono claro monocolor. La anatomía es muy efectista, con un torso de blando aunque profundo modelado que atesora los caracteres principales de este Roldán. La encarnadura es muy clara, con veladuras rosáceas que adquieren especial intensidad en las rodillas, codos, dedos y barbilla. Las mejillas se ven encendidas por dos chapetas de intenso color.

Como hemos dicho, su estado es bastante bueno, conservando casi por completo la pintura original, que muestra un ligero craquelado vertical distribuido por todas las carnaciones. La parte más dañada es la mano derecha, que se encuentra restaurada. En algún momento se limpió la imagen, arrasando partes de la policromía (como las cejas) privándonos totalmente de la pátina que normalmente envuelve las piezas de cierta antigüedad.

 

Nota de La Hornacina: Extracto de un artículo publicado en
Cruz de Guía. Semana Santa Ceuta 2009, Consejo de Hermandades
y Cofradías de la Ciudad y Obispado de Ceuta, pp. 49-51.

 

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