SOBRE LA AUTORÍA DEL CAÍDO DE CÓRDOBA

Agustín Camargo Repullo (15/09/2015)


 

 
 

Jesús Caído (Córdoba)

 

Este año, la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Caído de Córdoba celebra el CCL aniversario de su fundación, motivo por el que el próximo sábado 26 de septiembre sus titulares saldrán en salida extraordinaria desde la Mezquita-Catedral para regresar a su sede canónica, la Iglesia Conventual de San Cayetano.

Por ello, qué mejor ocasión para dar a conocer los resultados de nuestras labores de investigación sobre el Caído cordobés, una hechura conocida en un primer momento como Jesús Nazareno. La obra fue donada por el canónigo y maestrescuela de la Catedral, Francisco Antonio Bañuelos y Murillo, aproximadamente en 1670. Sin embargo, habrá que esperar hasta 1736 para que sea colocada en su capilla, cuyas obras habían comenzado cuatro años antes, ocupando hasta entonces la capilla de San José (última del lado del evangelio).

Tallada en madera de pino, con una altura que sobrepasa el metro, plasma una de las tres caídas de Cristo camino del Calvario. Se nos muestra arrodillado en el suelo, soportando la cruz sobre su hombro izquierdo, con el rostro vuelto hacia los fieles, mientras apoya su mano derecha en una piedra. De autor desconocido, se ha querido encuadrar en el entorno del escultor granadino Pedro de Mena (1628-1688), hipótesis que parece llegar con la última de las restauraciones, llevada a cabo por Miguel Arjona Navarro en 1979.

Por lo general, todos compartimos la idea de que el Caído presenta evidentes similitudes con el Señor de la Oración en el Huerto, también de Córdoba, una imagen que llega a San Francisco en 1977 procedente de la desaparecida parroquia de San Nicolás de la Ajerquía, donde recibía culto en el interior de una gran urna, en un altar de la nave del evangelio construido en 1708. Dado el gran parecido existente entre ambos, mayor aún en el pasado por el uso de pelo natural también en el caso del Huerto, es lógico pensar en un origen común, por lo que se ha apuntado igualmente al círculo de Pedro de Mena como posible autoría.

No obstante, en la provincia de Granada hallaremos una imagen que se asemeja aún más si cabe al Caído, nos referimos al Nazareno de la localidad de Alhendín. En este caso, nos encontramos con una representación de Jesús con la cruz a cuestas, una figura erguida (162 cm), aunque ligeramente encorvada y en actitud itinerante, pues adelanta su pie izquierdo. Llama la atención que el Nazareno de Alhendín, al cargar la cruz de nuevo con el hombro izquierdo, gira la cabeza a su derecha de manera similar a la talla cordobesa, lo que unido al empleo de peluca de pelo natural hace que su aspecto sea más próximo todavía.

Como era habitual en el arte sacro del barroco, dichas imágenes son de vestir, pensadas para ser ataviadas con ricos ropajes, motivo por el que presentan articulados los brazos a la altura del codo. En ellas únicamente se trabajan las partes visibles, es decir: busto que engloba hasta la parte superior del tórax, brazos y parte de las piernas, mientras que el resto del cuerpo aparece esbozado.

En los rostros de ambas domina una expresión de serenidad y cansancio. Son rostros de proporciones cuadradas, con barba muy poblada, mejillas hundidas que hacen que resalten los pómulos, ceño levemente fruncido y frente despejada. De mirada baja, casi rozando la extenuación aunque no exenta de dulzura, que busca la interacción con el fiel; los ojos son de cristal, con el iris pintado en tonos castaños, y algo hundidos en las cuencas oculares, siendo el modelado del párpado inferior, con bolsas, un rasgo distintivo; a todo esto habría que sumar la aplicación de pestañas postizas en los párpados superiores. Las cejas son largas y de trazado más bien rectilíneo, mientras que el entrecejo adopta un esquema triangular.

La nariz por su parte es recta, no demasiado prominente, de formas redondeadas, y un poco aguileña; la boca aparece entreabierta, con las comisuras hacia abajo, dejando ver los dientes superiores y la lengua tallados en su interior. En lo que respecta a la barba, ésta es bífida y más larga en la barbilla, ocupando gran parte de las mejillas y dejando libre el entorno de la boca; se trabaja mediante pequeños mechones peinados verticalmente, en los que la gubia llega a alcanzar cierta profundidad. Se termina a punta de pincel.

En cuanto a datos, la primera referencia a la talla granadina, de autor anónimo y datada en el siglo XVII, la encontramos en el inventario parroquial de 1732, que alude a "una cruz grande y pintada que porta la imagen de Jesús Nazareno". La imagen contó con hermandad propia hasta los años 70 del pasado siglo, la cual celebraba un triduo en su honor con posterior salida procesional el último domingo de enero por la mañana, a raíz del voto realizado tras el terremoto acaecido en 1884; volvía a salir a la calle el Jueves Santo para el rezo del Via Crucis. En la actualidad, y desde que en 1994 pasara a formar parte de la Hermandad del Cristo de la Expiración, realiza estación de penitencia el Viernes Santo, abriendo la procesión del Santo Entierro.

 

 
 

Caído de Córdoba y Nazareno de Dúrcal. Comparativa

 

Jesús Nazareno de Dúrcal (Granada)

A las citadas imágenes, cabría añadir una cuarta y última, de nuevo en tierras granadinas, que se ajusta en gran medida a las características descritas, tal es el caso del Nazareno de Dúrcal, resultando cuanto menos curioso al tratarse una vez más de un Cristo con la cruz. Como decimos, la obra sigue punto por punto todo cuanto hemos indicado: cuerpo algo flexionado, pierna izquierda adelantada, cruz -de sección rectangular- en el hombro izquierdo y cabeza girada a su derecha, peluca de pelo natural, etcétera.

Si bien, algunos detalles lo alejan ligeramente del resto. Entre ellos, señalar en primer lugar la barba, bastante más corta y trabajada de manera más somera, sobre todo en las mejillas, alcanzando un mayor desarrollo en la barbilla, aunque en este caso sin ese pequeño mechón bajo la boca. Los labios responden de igual modo al modelo común, más carnoso el inferior y con forma de "M" podríamos decir el superior.

Similar es también el modelado de la nariz así como el entorno de los ojos, vítreos y de color marrón, en los cuales la principal diferencia radica en los párpados superiores, más abiertos, aportando un mayor dramatismo al rostro, a lo que contribuye igualmente la pérdida de las pestañas de material. Por otro lado, si la imagen de Alhendín se encontraba estrechamente ligada a Jesús Caído, ésta de Dúrcal se nos antoja quizás más próxima al Señor del Huerto, tal y como se deduce del material gráfico adjunto.

En lo referente a la policromía, consideramos un tanto absurda su comparación, ya que es el elemento más susceptible de sufrir alteraciones con el tiempo, resultando difícil saber si se trata o no de la original. En cualquier caso, todas van a presentar los regueros de sangre producidos por la corona de espinas, a excepción lógicamente del Huerto; asimismo, en la mayoría se da la coincidencia del hematoma del pómulo izquierdo. Sobre el estado de conservación, quizás sea la imagen de Dúrcal la que más daños presenta, siendo numerosas las lagunas tanto de color como de preparación, principalmente en la frente, nariz y ambos meñiques.

Llegados a este punto, hemos realizado un análisis pormenorizado de la postura que adopta el cuerpo y la cabeza, así como de los rasgos faciales. Debido a la imposibilidad de visualizar correctamente los pies, aunque salta a la vista las semejanzas entre ambas imágenes cordobesas, sólo resta referirnos a las manos, trabajadas con suma delicadeza, en ellas también es posible establecer puntos en común, basta con observar ese estudio anatómico que resalta huesos, venas y tendones; el modo en que se doblan los pulgares será algo que se repita. De hecho, la mano izquierda del Nazareno de Alhendín, por ejemplo, el giro brusco de la muñeca en señal de crispación, recuerda y mucho a las manos del Huerto cordobés.

Finalmente, hemos de citar como aditamento la corona de espinas, de orfebrería y acompañada del típico nimbo, en lugar de las habituales potencias, en el caso de las efigies granadinas.

 

 
 

Nazareno (Alhendín)

 

Conclusiones: autoría y datación

Tal y como apuntábamos al comienzo, la imagen de Jesús Caído debió de realizarse en algún momento de la segunda mitad del siglo XVII, coincide por tanto con la fecha de ejecución estimada para el Nazareno de Alhendín, mientras que la hechura del Nazareno de Dúrcal se ha situado en el siglo XVIII, algo a todas luces erróneo, vista la afinidad existente con el resto de imágenes.

En ese periodo, el taller más activo en la ciudad de Granada era el de Pedro de Mena, esto seguramente ha llevado a relacionar la imagen del Caído con dicho escultor. Ésta es una teoría que, aunque no podemos descartar, verdaderamente me parece como poco cuestionable; pienso que carece de una base lo suficientemente sólida, por lo que puede crear confusión. Y es que, según mi criterio, este grupo de imágenes emparentadas entre sí en el que nos hemos centrado, presenta unos rasgos comunes que, en efecto, se apartan considerablemente de las características propias del estilo de Mena, claramente definido a pesar de la multitud de obras salidas de su taller y la presencia de no pocos seguidores de su estética.

De este modo, observamos como Pedro de Mena va a crear un prototipo de imagen de la pasión de Cristo, representaciones del Ecce Homo en su mayoría, bastante diferente. Diferencias que podemos apreciar en la nariz, generalmente más ancha, de tabique más grueso y con orificios nasales muy abiertos. Pero sobre todo resulta muy significativo el tratamiento de la barba, pegada al mentón, con el pelo en dirección oblicua hacia la barbilla, mientras que en los casos anteriores recordemos que era típico la división en pequeños mechones peinados hacia abajo; bien distinto es igualmente el bigote. Por otro lado, es notable también la falta de sintonía en el modelado del entorno de los ojos y el entrecejo, ahora relajado, y, en menor medida, la boca.

Finalmente, podemos comprobar lo diferentes que son otras imágenes del Nazareno relacionables con el entorno de Mena en la provincia de Granada: el caso de las tallas de Gójar, Melegís, Ogíjares, Otura o Víznar. Por todo ello, quizás sea el momento de plantear otras posibilidades en lo que a autoría se refiere.

Al respecto, no podemos dejar a un lado la figura de Bernardo Francisco de Mora (1614-1684). Formado como escultor en Baza junto a Cecilio López, se trasladará a Granada para cubrir el vacío dejado por Alonso de Mena, fallecido en 1646. Así pues, encontramos al patriarca de los Mora asociado, precisamente, al taller de Pedro de Mena, con el que había llegado a un acuerdo de colaboración, trabajando ambos como ayudantes de Alonso Cano a partir de 1652. Si bien, con la marcha de Pedro de Mena a Málaga, en 1658, para realizar la sillería del coro de la Catedral, Bernardo de Mora se hará cargo de un gran volumen de trabajo, convirtiéndose en el escultor más destacado tras la muerte de Cano en 1667.

Por tanto, debemos tener muy presente que, sin lugar a dudas, fue Bernardo Francisco de Mora quien debió asumir el grueso de la demanda escultórica en Granada de buena parte de la segunda mitad del seiscientos, periodo en el que, vuelvo a recordar, se sitúa la hechura de Jesús Caído. Es más, la morfología de la talla nos resulta más próxima al arte de la familia Mora que a la estética de Mena. De hecho, en la parroquia granadina de la Magdalena encontramos una imagen de San Joaquín, de tamaño menor que el natural (125 cm), que muestra evidentes analogías y se encuentra ubicada en la hornacina izquierda del retablo de la Virgen del Buen Parto (primera capilla del lado del evangelio). Antonio Padial identifica la talla como la encargada a Bernardo de Mora en 1663 por la desaparecida Hermandad de Nuestra Señora de la Candelaria, siendo hermano mayor Cristóbal Toscano; el artista recibiría un total de 1300 reales por la escultura.

Ponemos punto y final citando otras obras de Bernardo de Mora, quizás la más conocida sea el busto-relicario de Ecce Homo que se guarda en la sacristía de la Capilla Real de Granada, tallada en 1659 después de que Mena no pudiera cumplir con el encargo por su marcha a Málaga; igualmente destacable es el San Miguel de dos metros de altura, realizado en 1675 para la ermita del Albaicín. Por último, aludir a las imágenes de San Juan de Dios y San Rafael (1679), que reciben culto en el crucero de la basílica de San Juan de Dios.

 

 
 

Huerto de Córdoba y Nazareno de Dúrcal. Comparativa

 


 

Fotografías de Antonio Arrebola, Jorge Berrio, Agustín Camargo Repullo, Andrés Fresno, Manuel J. García, Rafael Montenegro, Antonio Padial, Web Hermandad de Jesús Caído de Córdoba, Costaleras del Nazareno de Alhendín (Facebook), Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Ánimas de Dúrcal (Facebook).

 

 
 

Huerto de Córdoba y Nazareno de Dúrcal. Comparativa

 

FUENTES

Base de Datos del Patrimonio Mueble de Andalucía. Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

Molina Valero, José. La Iglesia de Alhendín, Historia y Arte, Alhendín, 2000.

Padial Bailón, Antonio. Hermandad de Nuestra Señora de la Candelaria de la Magdalena. En Hermandades de Gloria de Granada [http://apaibailoni.blogspot.com.es/2014/01/hermandad-de-nuestra-senora-de-la.html]

Ramírez de Arellano y Gutiérrez, Teodomiro: Paseos por Córdoba, o sean Apuntes para su Historia, Córdoba, 1873. Tomo I. Edición de 2003: Editorial Maxtor, Valladolid. P. 206.

Toscano, José. Jesús Caído, en Restauración. En Alto Guadalquivir. Córdoba, 1980, Especial Semana Santa.

 

 
 

Oración en el Huerto (Córdoba)

 

Nota de La Hornacina: Agustín Camargo Repullo es Historiador del Arte. Artículo publicado,
con ligeras modificaciones, en el blog del autor https://artefeytradicion.wordpress.com

 

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