LA IDENTIFICACIÓN DEL CRISTO DE BURGOS DE CHUCENA
COMO OBRA DE PEDRO DUQUE CORNEJO POR JOSÉ RODA PEÑA

Martín Sánchez Franco


 

José Roda Peña en las páginas 215-229 de la revista Laboratorio de Arte 19 (2006) ha publicado el artículo “A Propósito de los Crucificados de Pedro Duque Cornejo: Dos Nuevas Versiones en Umbrete y Chucena”. Tan pronto como lo publicó, en diciembre de 2007, tuvo la amabilidad de remitírmelo por correo electrónico. Le agradezco tanto su atención a un tema de Chucena como su afecto para conmigo.

José Roda se refiere primero al Cristo de la Sangre de Ronda, diciéndonos que, aunque ya Juan José Moreti en obra publicada en 1867, comunicó la autoría, dando datos de fecha y de precio de la talla, hasta los últimos años del siglo XX y primeros del XXI no se ha conocido como de Pedro Duque Cornejo en los ámbitos universitarios y expertos.

La identificación del Cristo de la Sangre de Ronda le ha llevado a la de los otros dos Crucificados. En el templo parroquial de Umbrete trabajó Pedro Duque Cornejo con Felipe Fernández del Castillo en tiempos del Arzobispo D. Luis de Salcedo y Azcona, en los años 30 del siglo XVIII. Pedro Duque Cornejo fue el diseñador del retablo principal. Pero los retablos colaterales del crucero, dedicados al Calvario y a la Virgen del Rosario, han permanecido en el anonimato hasta que, en el último año del siglo XX, Herrera García (2000), haya escrito que todas sus esculturas “parecen obras del taller de Duque Cornejo” . José Roda nos aclara que la Virgen del Rosario es anterior al propio retablo y nos confirma que los rasgos estilísticos y morfológicos de las restantes esculturas de ambos retablos “pregonan su pertenencia al referido taller de Duque Cornejo” .

Nos describe los respectivos programas iconográficos para avalar la autoría de Duque Cornejo: Con la Virgen del Rosario tenemos otras cuatro esculturas (San Pedro de Alcántara y Santa Teresa de Jesús, Santa Catalina de Alejandría y Santa Inés), “escoltando el nicho mariano y flanqueando las dos columnas de espeso revestimiento ornamental que articulan este espacio” . La descripción que hace del ático me parece muy característica de Duque Cornejo en cuanto al uso de cortinajes:

 

El ático queda centrado por un gran medallón cuadrilobulado que contiene un altorrelieve de San José con el Niño Jesús, arropado por unos cortinajes a modo de pabellón que sostienen ángeles pequeños y adolescentes.

 

El otro retablo es el que más nos interesa ya que su escultura central es la del Crucificado del que confirma autoría. Comparte el nicho con la Dolorosa, en actitud de Stabat Mater (“está erguida junto a la cruz, con las manos entrelazadas y alzando su rostro contrito en dirección al patíbulo martirial” ), y con San Juan Evangelista. El manto de la Virgen...

 

desciende desde su cabeza, describiendo una amplia curvatura bajo el brazo derecho, al tiempo que envuelve el brazo izquierdo para caer en punta, fortaleciendo la movilidad de la escultura.

 

Respecto a San Juan...

 

también dirige su mirada al Crucificado, y gestualiza su dolor, no sólo mediante la expresión facial, sino con el sincopado movimiento de sus brazos, recogiendo el derecho sobre el pecho y tendiendo el contrario hacia el exterior.

 

Se completa el retablo con otras dos parejas de santos distribuidos simétricamente: San Francisco de Sales y San Felipe Neri, un Santo Obispo no identificado y Santo Tomás de Villanueva...

 

En el coronamiento, bajo el consabido pabellón de telas encoladas, se exhibe un ángel mancebo en altorrelieve ostentando el paño de la Santa Faz.

 

El Cristo de la Sangre de Ronda está muerto y sujeto por tres clavos...

 

Su cuerpo destaca por lo estilizado de sus proporciones anatómicas, particularmente alongadas en el torso y ambas piernas, trazando una moderada arcuación que se prolonga por el brazo derecho. La visión de este Crucificado transmite una impresión generalizada de serenidad, a lo que contribuye la blandura de su modelado y la dulzura de su rostro, plácidamente inclinado hacia la derecha, cayendo sobre el pecho. Los ojos casi cerrados y los finos labios entreabiertos, acusando la talla interior de la lengua, constituyen sus rasgos faciales más expresivos. De sus cabellos se desprende un mechón que desciende exento y sinuoso por la diestra, al tiempo que otra guedeja, a manera de patilla, se sitúa ante la oreja izquierda, quedando por este flanco recogida la cabellera hacia detrás, permitiendo la visión del cuello en tensión. El bigote, de bajada prolongada y curvilínea, está partido en dos, dejando libre el surco nasolabial; por su parte, las puntas de la barba, que hacen gala de un minucioso trabajo con la gubia, están dotadas de un movimiento ondulante.

 

Nos dice también que, como corresponde a su advocación, la policromía nos muestra los “regueros de sangre que manan abundantemente de las cinco llagas” , “diversas contusiones y desgarros derivados de la flagelación”, “dramáticos efectos de relieve…en los traumatismos de ambas rodillas, y del hombro, antebrazo y cadera izquierdos” ...

 

El escueto paño de pureza es el elemento que aporta mayor dinamicidad a la escultura. Exteriormente presenta un suntuoso estofado que incluye motivos vegetalizados, mientras que las vueltas están pintadas en un vistoso color rojo púrpura. Se ciñe a la cintura con una cuerda que asoma por la cadera derecha, dejando este costado al descubierto. Por el frente, el tejido se recoge en sentido diagonal, provocando la airosa ondulación del borde inferior, mientras que por la diestra, la apertura del sudario facilita que su caída flamee con impetuoso vuelo hacia detrás.

 

Concluye en que...

 

Este Crucificado guarda una plena correspondencia estética con el arte más personal de Duque Cornejo, en el que convergen convincentemente la realidad física y psicológica del sujeto representado. El sentimiento de lo trágico y la perturbadora violencia quedan relegados en esta interpretación de la muerte de Cristo, donde predomina un alto grado de lirismo y sosegada emotividad, a pesar de aceptarse a nivel epidérmico cierto dramatismo plasmado en la encarnadura que conviene a una escultura de tono devocional e insoslayable función procesional.

 

El Cristo de Umbrete debe ser anterior al de Ronda (1737) en dos o tres años. Considera José Roda que “ofrece en su resolución formal incuestionables paralelismos con el de la Sangre de Ronda” ...

 

En efecto, el tratamiento anatómico de ambos resulta bastante similar en cuanto al canon estilizado de sus proporciones y a la blandura que exhiben sus respectivos modelados. En cambio, el cuerpo de este Crucificado de Umbrete se presenta más desplomado en la cruz, pues sus manos están clavadas algo más cerca del travesaño vertical. Aunque su rostro resulta más inexpresivo que el rondeño, las dos cabezas reproducen patrones fisonómicos y compositivos extraordinariamente parejos, salvo en pequeños detalles como la extensión del mechón de cabello que cae por la diestra, algo más largo en el caso que nos ocupa.

 

Teniendo en cuenta la importancia que tiene para Pedro Duque Cornejo el movimiento de las vestimentas, ha de reparar también en los paralelismos del paño de pureza. Percibe, sin embargo, menor dramatismo: “su pálida encarnadura se muestra más limpia de heridas y regueros de sangre” .

En Chucena hemos tenido sin autor conocido al Cristo de Burgos. Sin el más mínimo sentido se ha dicho que su talla es gótica. Esperemos que nadie lo vuelva a escribir. García de Guzmán y García Reyes (2003) nos dicen que, según su Hermandad, es "de finales del siglo XVI de estilo roldanesco atribuido al escultor Juan Bautista “el Viejo"”. Pero en esto hay contradicción interna, ya que Juan Bautista “el Viejo”, que murió en 1589, no pudo tallar con estilo de quien todavía no había nacido (Pedro Roldán vivió entre 1624 y 1699). Más acertadamente, González Gómez y Carrasco Terriza (1999) lo han visto como del círculo de Pedro Roldán, el abuelo materno de Pedro Duque Cornejo y verdadero patriarca de una familia que ha destacado en las Bellas Artes. Con ello el Cristo de Burgos no sería del siglo XVI, sino del XVII. Pero, siendo de Pedro Duque Cornejo, que vivió entre 1678 y 1757, hemos de fecharlo en la primera mitad o en los años centrales del siglo XVIII.

Lo de talla gótica puede haberlo pensado alguien por el original de esta advocación. Pudiera ser también el Cristo venerado en la catedral burgalesa el origen de la pretendida denominación popular chucenera de “Cristo de las Enagüillas”, que se dice de Burgos (Morilla, 2003), pero que nunca he oído en mi pueblo y que, en sentido inverso, parece que se pretende imponer como popular. Si alguna vez ha sido popular, ha debido de ser en la época de la infancia del P. Jacinto, que nació en 1883 y que la dice en sus Apuntes Históricos de la Villa de Chucena (1958), llenos de las tradiciones populares de su tiempo y de imaginación. Sorprende, sin embargo, que no haya recogido tradiciones históricas como las hermandades de Chucena hasta unos cuarenta años antes de su nacimiento, de los tiempos de sus padres o de sus abuelos. Ni siquiera se hizo eco de la Cofradía de Ntra. Sra. Santa María de la Estrella, de la que no hemos sabido hasta 1980, cuando llegó a tener aprobación definitiva la actual Hermandad Sacramental de Ntra. Sra. de la Estrella, Patrona de Chucena, que fundamos en 1973-1977.

La advocación del Santísimo Cristo de Burgos tiene, a mi entender, mucho de enigmática. Una explicación es que burgaleses hubieran sido repobladores de Chucena. El privilegio real al respecto fue de 1374. Pero tampoco me sorprende que haya tradiciones creadas a posteriori. Primero sucede el hecho y después se explica con el convencimiento general de que ha sido producto de una larga tradición de devoción.

El hecho es que a mediados del siglo XVIII llega a Chucena un Crucificado muerto de Pedro Duque Cornejo. Su rostro...

 

y en general la configuración de su propia cabeza, remiten en todo al Crucificado rondeño -en grado superior incluso a lo comentado en el caso de Umbrete-, aunque lamentablemente los repintes que presenta han disminuido sus valores expresivos y plásticos. Lo mismo, en cuanto a similitudes formales con respecto al Cristo de la Sangre, cabe decir a propósito de su elegante torso, de gran suavidad en su modelado y de escasa laceración en su policromía original, según se comprueba por los antiguos testimonios fotográficos conservados. La disposición y morfología de los brazos y de las piernas, así como la cuidada talla de los pies resultan prácticamente idénticas en las dos esculturas, como también el modo en que los dedos de las manos se flexionan sobre los clavos.

 

Para que Pedro Duque Cornejo llegara a tallar un Cristo para la Parroquia de Chucena hemos de tener en cuenta que este templo era capilla de la Santa Iglesia Catedral de Sevilla, correspondiendo al cabildo catedralicio toda la parte eclesiástica de sus diezmos. Dado que Pedro Duque Cornejo fue preferido por el arzobispo y probablemente también por el cabildo, pudiera éste haberle encargado el Crucificado.

Característica de Pedro Duque Cornejo es la plasmación de “aspectos expresivos de hondo dramatismo, formas que vuelan, que revolotean en guiños arcuados muy expresivos” (Hernandez Díaz, 1983: 25). Le gustaba expresar dinamismo en las posturas corpóreas y en los ropajes. Se inspiraba en Bernini, cuyo Éxtasis de Santa Teresa puede ser el modelo de la mayor expresión del movimiento en la escultura. José Roda se fija en los paños de pureza del Cristo de Ronda (“el escueto paño de pureza es el elemento que aporta mayor dinamicidad a la escultura ”) y de Umbrete (“el paño de pureza es también reducido y de tipología cordífera, e incluso su caída y vuelo por la derecha resultan prácticamente idénticos al de Ronda ”), porque con sus características de dinamicidad y de vuelo señalan la autoría de Pedro Duque Cornejo. En todo caso, el ancho encaje encolado que ha tenido el Cristo de Burgos hasta la década de 1970 no se nos presenta como elemento extraño a su autor.

¿Qué determina que el Cristo de Chucena, en lugar de paño de pureza, tengaun faldellín con menor expresión de movimiento? Probablemente la advocación del Cristo de Burgos condicionó el trabajo de Duque Cornejo. Pero en las memorias de misas y de otros cultos fundados en la Parroquia de Chucena en 1775, de cuyo cumplimiento se hace seguimiento hasta 1860, sólo hemos encontrado mencionadas a la antigua Cofradía de la Sangre, redenominada de la Soledad, que, como las demás, tenía un altar propio; a la Cofradía de Ntra. Sra. Santa María de la Estrella; a la Cofradía del Rosario, y a la Hermandad de Santísimo Sacramento. De la Cofradía de la Sangre o de la Soledad sólo sabemos que tenía fundación de una Misa cantada y de procesión el día de la Santísima Cruz. Otros cultos que tuviera los desconocemos.

Respecto a la advocación de Cristo de Burgos hemos de tener en cuenta que se extiende por el Cristo de San Agustín que, procedente del convento agustino de esa ciudad castellana, donde se veneraba desde principios del siglo XIV, tras la expulsión de los frailes en 1835 con la Desamortización, se lleva a la catedral de la misma. Más original habría de ser la advocación de Cristo de San Agustín. Pero también hemos de considerar que, con la misma iconografía, en otros lugares se le llama, según García de Guzmán y García Reyes (2003), Cristo de la Sangre.

En la Desamortización del periodo 1836-1844 (Capelo, 1980) nos aparecen otras Hermandades: De Ánimas, del Salvador, además de la del Santísimo. Se mencionan también propiedades desamortizadas a la Virgen de la Estrella y a Santa Ana. ¿Es la decimonónica Hermandad del Salvador la continuación de la de la Sangre o de la Soledad?

¿Ha podido ser el Cristo de Burgos el anterior Cristo de la Sangre? ¿Pudiera haber llevado paño de pureza, más propio del estilo de Pedro Duque Cornejo que el faldellín, y, por su deterioro, haber sido sustituido posteriormente? ¿Pudiera haber tomado la advocación de Cristo de Burgos por este cambio iconográfico, o, por el contrario, ya se talló con su faldellín, aun cuando inicialmente se le llamara de la Sangre?


BIBLIOGRAFÍA

RODA PEÑA, José (2006): “A propósito de los Crucificados de Pedro Duque Cornejo: dos nuevas versiones en Umbrete y Chucena”. En Laboratorio de Arte 19 , 215-229. También: http://www.institucional.us.es/revistas/revistas/arte/pdf/numeros/19/012%20roda.pdf . Consultada por última vez el 22 de febrero de 2008.

ARCHIVO PARROQUIAL DE NTRA. SRA. DE LA ESTRELLA DE CHUCENA.

CAPELO GARCÍA, MARÍA LUZ (1980): Contribución a la problemática de la desamortización eclesiástica en la provincia de Huelva (1836-1844) . Diputación Provincial de Huelva.

GARCÍA DE GUZMÁN, Miguel y GARCÍA REYES, Miguel Ramón (2003): “Iconografía del Santo Cristo de Burgos o de San Agustín” en Archivo Agustiniano. T. LXXXVII, nº 205. Valladolid, pp. 261-306. Citado por José Roda. También en http://www.cristodesanagustin.com/articonografiactoagustin.htm. Consultada el 26 de febrero de 2008.

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HERRERA GARCÍA, Francisco J. (2000): “Retablos colaterales (Calvario y Virgen del Rosario)” en El retablo barroco sevillano. Sevilla, Universidad de Sevilla y Fundación El Monte, 2000, p. 367. Citado por José Roda.

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MORETI, Juan José (1867): Historia de L.M.N.Y.M.L. Ciudad de Ronda. Ronda, (Málaga, Unicaja, 1993), pp. 777-778. Citado por José Roda.

MORILLA SÁNCHEZ, Inmaculada (2003): “La Devoción al Cristo de San Agustín en Andalucía e Hispanoamérica”. En El Muñidor Digital, Boletín Electrónico de Noticias nº. 72 (20-02-2003) de la Hermandad Sacramental del Santísimo Cristo de San Agustín : http://www.cristodesanagustin.com/noti072.htm (Consultada el 22 de febrero de 2008).

P. JACINTO DE CHUCENA (1958): Apuntes históricos de la villa de Chucena . Córdoba.

SÁNCHEZ FRANCO, Martín (1975): Estudio histórico del Marquesado de Alcalá de la Alameda . Diputación Provincial de Huelva.

 

 

Fotografía de Chucena de Agustín Cobos Sánchez
Fotografía de Umbrete del Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla
Fotografías de Ronda de la Cofradía del Cristo de la Sangre

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