EL NAZARENO DE NIEBLA, UNA OBRA INÉDITA
DE JUAN MARTÍNEZ CERRILLO
Jesús Abades
Gracias a una feliz restauración efectuada por el sevillano Víctor Manuel Pérez en el año 2000, se pudo conocer la fecha y paternidad de tan devota imagen, cuyos rasgos intuían una procedencia ajena a las fórmulas de la escuela sevillana, predominante en el territorio onubense. Además de descubrir la autoría, el restaurador recuperó la policromía original de la obra, reforzó las articulaciones de los brazos y la sujeción de la figura a su base, y realizó nuevas cogidas para las potencias y la corona de espinas, que es sobrepuesta.
El artífice de la imagen, Juan Martínez Cerrillo, nació en Bujalance (1910/1991) y es toda una celebridad en la capital cordobesa, para cuya Semana Santa ejecutó numerosas efigies que reemplazaron, en buena parte, a las desaparecidas con motivo de la Guerra Civil. Tras una formación netamente granadina, compaginó la actividad escultórica con la pictórica, realizando imágenes tan populares como los titulares de las Cofradías del Gitano y Paz y Humildad. Su prolífica producción se extendió a otras provincias como Málaga o Jaén, para cuyos desfiles procesionales realizó el Cristo de la Entrada en Jerusalén (1943) y la Virgen de las Lágrimas (1938), respectivamente. En la provincia de Huelva se documentan la Divina Pastora (1960), de Alcalá de la Alameda, y una restauración efectuada a la Virgen de los Dolores (Chucena), en la misma fecha.
El Nazareno iliplense muestra los caracteres propios de las creaciones de Martínez Cerrillo. Presenta una cabellera larga, con raya al medio, tallada mediante delicados bucles que caen sobre la espalda y dejan visibles los pabellones auditivos. El bigote y la barba, bífida y angulosa, se encuentran también minuciosamente trabajados. El rostro, de idealizada belleza y ademán expresivo, muestra unos vivaces ojos de iris color de miel, tallados y policromados en la madera. Las suaves y serenas facciones se plasman en la afilada y recta nariz, los delicados pómulos y la boca, de finos labios, que deja ver tallada la dentadura superior. Las carnaciones de la obra, de candelero para vestir, son suaves, mostrando unos delgados pero abundantes surcos de sangre que parten de la frente, atraviesan mejillas y párpados, y se extienden hasta el cuello. La composición denota una marcada frontalidad. El varón, de amanerado encanto pero viril apostura, se muestra muy erguido portando la cruz, de formas arbóreas, sobre su hombro izquierdo. La inclinación de la cabeza hacia la derecha es muy leve, al igual que el avance de la pierna izquierda, lo que refleja una pausada sensación de movimiento.
Es titular de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santo Entierro de Jesucristo y María Santísima de los Dolores, reorganizada en el año 2000, motivo por el cual se restauró la efigie. Efectúa estación de penitencia el Viernes de Dolores junto a la Virgen, bella obra del imaginero sevillano Antonio Castillo Lastrucci (1939). Recibe culto en una de las capillas laterales de la iglesia, en la cual existió una cabeza de Jesús Nazareno, atribuida a Alonso Cano (siglo XVII) que, desgraciadamente, se perdió en 1936.
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