LA VIRGEN DE LA CONCEPCIÓN DEL RISCO (BREÑA ALTA - LA PALMA)

Texto y fotografías de José Guillermo Rodríguez Escudero


 

 

 

La Ermita de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción de Breña Alta, erigida sobre el risco de su nombre, es antiquísima. Aunque la tradición nos dice que aquí estuvo la primera parroquia de Breña Alta -según palabras del alcalde constitucional Lorenzo Rodríguez- “no hemos visto documento alguno que lo justifique, sino por el contrario”. El mismo cronista informaba que en 1558 era una simple ermita aneja a la parroquia de San Pedro, “cuyo cura venía a decir misa en ella; y en la visita del Sr. Don Juan Pinto de Guisla en el año 1672 se mandó edificar, porque estaba amenazando ruina y su techo apuntalado”. Termina su breve reseña a este oratorio confirmando que “el cuarto inmediato a la sacristía fue fabricado posteriormente para los romeros, por mandato de la autoridad eclesiástica, a causa de un lamentable suceso que, por decoro, nos abstenemos de consignar aquí”.

El aumento del número de vecinos, dispersos por alquerías y pomares, exigió la construcción de espacios apropiados para el culto religioso. El cronista lusitano Gaspar Fructuoso (1567-1568) afirma que Breña Alta, "tiene una iglesia de Nuestra Señora de la Concepción a la vista de la ciudad, por lo que la llamaron Buenavista". Siguiendo con la tradición de consagrar a la Virgen antiguas montañas (los llamados Sacro Monte), la ermita fue construida en lo alto del risco homónimo. Su fundación se remonta a principios del XVI, según consta en algunos legados testamentarios de esta fecha. Los clérigos que atendían la jurisdicción de Las Breñas se titularon, hasta finales de aquella centuria, curas de las iglesias de San Pedro y Nuestra Señora de la Concepción de Buenavista.

He aquí otra anécdota: el 8 de Febrero del año 1561, el Cabildo dispuso cierta cantidad de trigo de Los Llanos para venderlo a un precio justo por la hambruna que se padecía. Como éste pertenecía a la parroquia y a varios particulares, algunos clérigos y ciudadanos asaltaron la comitiva en el camino de Buenavista y el grano fue arrebatado a mano armada y lo depositaron en la Ermita de la Concepción. Desde entonces, esta venerada Virgen (de tamaño y cabello natural), a cuya fiesta del 15 de Agosto se acude en alegre romería, también se le ofrendan novenas para que intermedie en cualquier mal que aflija al campo y los ganados.

 

 

 

El dogma de la Inmaculada Concepción, defendido por los españoles como una cuestión nacional, había sido instaurado en el año 1621 por el papa Gregorio XV. Más tarde, un pontífice español, Alejandro VII, a instancias del monarca Felipe IV, había dado el paso definitivo para incrementar este culto mariano. El breve pontificio fue emitido el 8 de Diciembre de 1661. Esta publicación fue festejada con alegría y esplendor. En esta antigua ermita se celebró el año siguiente grandes y solemnes fiestas en agradecimiento a este nuevo culto, como dejó constancia su mayordomo, el regidor decano del cabildo de La Palma, Matías de Escobar Pereyra: “item cien reales del gasto de la fiesta de nuestra señora que se hizo quando llegó e breve de la santidad de Alexandro septimo”.

Según Quesada Acosta, este pequeño santuario mariano habría sido erigido antes de 1558 y se conformaba por una sola nave. Tenía sacristía y cuarto de hospedería independiente. Así se acreditaba en la visita de José Tovar a La Palma entre 1717-1718. Se encontraba entonces en perfecto estado de conservación.

Juan Nepomuceno Massieu, propietario de la Casa Massieu Sotomayor en la antigua Calle Real de la Placeta de Borrero -donde actualmente se alberga el Casino de la ciudad- se casó con María de la Concepción Salazar y Benítez, hermana del sexto Conde del Valle de Salazar. Don Juan había costeado de su peculio, por su particular devoción, la función de Nuestra Señora de la Concepción en su ermita del risco, en Buenavista; en su testamento mandó fuera en lo sucesivo la obligación de su esposa tal celebración con igual decencia a como él la había hecho, poniendo la imagen en el trono, y si por lluvias o cualquier otro impedimento no pudiera hacerse el día 8 de diciembre, se trasladara al domingo inmediato u otro día de su octava (A.P.N. 1846).

En el Libro de cuentas, Inventario de 9 de Agosto del año 1672, se dice que en la ermita hay “primeramente vna Ymagen de nuestra Señora de la Consepsion de bulto questa en el altar maior… Vn cerco de Rayos dorados en forma de sol que tiene la Ymagen de nuestra Señora… Yten vna media luna de plata a los pies de nuestra Señora”. Datos recogidos por el profesor palmero Pérez Morera en su obra sobre la saga de los Silva.

 

 

 

Otro dato que recoge este prestigioso investigador, es un extracto de una “practica a la Purissima Concepción, día 8 a la noche” que el cura de Breña Alta, Manuel de Párraga y Baute ofreció a la feligresía a la entrada de la procesión de la Virgen en su recoleto santuario de Buenavista, con claras alusiones a imágenes simbólicas referidas a la luna, la rosa y al sol, atributos también de la Inmaculada:

 

“¡Qué hermoso globo de luzes el sol, presidente del día!
¡Qué Vistosa la luna, substituta de su luz!
¡Qué alegre la aurora, anuncio feliz de la mañana!
¡Qué fragante la rosa, hermosura de la tierra!
¡Qué presiosa la perla, candido fruto del agua! […]
Es Maria Santissima en su Concepcion dichosa perla, rossa, luna, Sol y aurora”.

 

Al igual que sucede en el templo del extinto Convento Real y Grande de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora en Santa Cruz de La Palma, o en la Virgen de misma advocación de la Parroquia de San José de Breña Baja -obras atribuidas al imaginero palmero Bernardo Manuel de Silva-, nos encontramos en escultura con un tipo de representación de influencia flamenca (menos presente en la pieza que nos ocupa). En estas imágenes titulares -de candelero-, se nos presenta María bajo la forma de Mujer del Apocalipsis “vestida de sol y con la luna bajo sus pies” (Ap 12, 1). Según vimos antes, la mandorla o sol que envuelve a la efigie y la luna de plata colocada a sus plantas son atributos simbólicos siempre presentes. Se trata, junto con la de la ermita homónima de Breña Alta, de un modelo iconográfico con el que se pretendía plasmar el dogma de la Inmaculada: talla de vestir, largo pelo postizo y natural, postura hierática y majestuosa, flor entre sus manos unidas a la altura de la cintura.

Los escultores palmeros cultivaron este tipo de representación, de candelero para vestir y de pelo postizo, que tuvo una gran aceptación entre el pueblo que las veneró desde el primer momento de su exhibición al culto. Algunas de las características que comparte con las otras dos tallas mencionadas -a veces relacionadas con talleres flamencos- son: carnación marfileña, cuello cilíndrico, nariz recta, cejas arqueadas, rígida frontalidad, rostro ovalado, mirada ausente, etcétera. El historiador palmero Pérez Morera, indica que “la concentración espiritual que emana de su actitud hierática y ausente, sin duda captó la devoción del pueblo, que las arropó con joyas y tejidos, de manera que estas imágenes de la Virgen o santas llegaron a convertirse en auténticas mujeres de siglo, vestidas a la moda de las damas de su tiempo, que les obsequiaron sus mejores trajes”.

La Ermita de Nuestra Señora de La Concepción posee un buen conjunto de pintura canaria perteneciente a los siglos XVII y XVIII: los Arcángeles Uriel y Miguel, Nuestro Señor de la Caída, retrato de la escultura procesional del mismo tema que se venera en la Iglesia de San Francisco de Asís, en Santa Cruz de La Palma, capital de la Isla de La Palma, obra del escultor e imaginero sevillano Benito de Hita y Castillo; San Francisco y San Ildefonso, que imitan santos-estatuas, y San Francisco Javier y San Estanislao de Koska, adscritos al pincel del artista palmero Juan Manuel de Silva (1687-1751). La platería americana se halla representada por un cáliz de plata realizado en La Habana en el año 1659, donado por el capitán Manuel de Almeida, piloto de Indias.


BIBLIOGRAFÍA

Archivos de Protocolos Notariales de Santa Cruz de La Palma (A.P.N.), Pedro López Monteverde, 1846.

LORENZO RODRÍGUEZ, Juan-Bautista, Noticias para la Historia de La Palma, La Laguna-Santa Cruz de La Palma, 1975.

PÉREZ GARCÍA, Jaime. Casas y Familias de una Ciudad Histórica. La Calle Real de Santa Cruz de La Palma, Madrid, 1995.

PÉREZ MORERA, Jesús. Silva. Bernardo Manuel de Silva. Biblioteca de Artistas Canarios, 1994.

QUESADA ACOSTA, Ana María. «La Visita de Don José Tovar a La Palma (1717-1718). Aspectos Artísticos», en I Encuentro de Geografía, Historia y Arte de la Ciudad de Santa Cruz de La Palma, 1993.

 

 

 

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